4 de septiembre 2001 - 00:00

Epílogo previsible: Chacho y esposa se pasan con la Carrió

A Elisa Carrió sólo le faltaba este apoyo: Carlos Chacho Alvarez, el desertor de la Vicepresidencia, y a quien ella atacara repetida y prolijamente por esa actitud. Vacío de poder, inclusive en su propia agrupación, Alvarez primero intentó acercar a su mujer, Liliana Chiernajowsky -no pudo inscribirla en ninguna lista del partido de la Carrió- y, por último, se aproximó él mismo. Todo un desafío tentador para el profesor de Quilmes, teledirigir a la diputada denunciante, desde la mínima actividad de la cátedra, el café Varela-Varelita, el Club de Amigos o desde la sede del Frepaso donde no pagan el teléfono. Ni siquiera piensa en los agravios que le deparó la Carrió, tampoco ella atiende ciertas respuestas ofensivas que en su momento le asestó el ex vice. Ahora van de la mano otra vez, al igual que en la consagración de la Alianza -aunque ella siempre supuso que el cargo de Chacho le correspondía-, la Carrió en lugar de Fernando de la Rúa y él como expectante heredero de los beneficios ajenos. Tal vez Alvarez no sume ahora demasiados respaldos para el novel partido -su caída en las encuestas ha sido estrepitosa-, pero eso es lo que menos le interesa a la Carrió: ella busca adhesiones, si son famosas mejor, una forma de hacer más conocida a una agrupación cuyas iniciales nadie distingue ni sabe su significación salvo por la insistencia de que el rostro de la legisladora presida las boletas. Nadie debe imaginar que es un ejercicio de narcisismo, sino una metodología -al mejor estilo del peronismo-para perpetuarse como una estampita en el corazón de sus votantes.

Parecía algo natural que, desaparecido Carlos Chacho Alvarez de la tarima política, el protagónico de denunciador -el mismo que lo llevó a la cumbrelo ocupara ahora Elisa Carrió. Daba rédito ese rol y la falta del papel de Chacho era un síntoma de abstinencia entre los frepasistas desencantados.

Parecía inclusive obligado el pase del ausente a la otra fila, después de que el socialismo democrático, socio menor del Frepaso, inaugurara el libro de deserciones. Pero lo que no se esperaba era que el mismo día en que Aníbal Ibarra y los caciques de la Alianza terminaban de pasar en limpio la lista de candidatos porteños para el cuarto oscuro de octubre, Chacho sellara una alianza -otra más en su vida-con la chaqueña y pasara en limpio los nombres de los candidatos.

Mientras Alvarez ensaya recitar el réquiem del Frepaso, Carrió le facilitó ayer el camino, al anunciar que el ex vicepresidente de la Nación «está ayudando al ARI», una confirmación que se convierte para el chachismo en el epílogo del Modejuso, Frejuso y todas las conversiones del ex diputado tras su abandono del PJ en 1989. O, para los más optimistas, en una nueva metamorfosis política y personal.

La colaboración se concretó persona a persona entre Carrió y el ex vicepresidente el sábado 25 de agosto pasado, día de presentación de las nóminas de candidatos ante la Justicia Electoral. Chacho, quien de vez en cuando toma café con poquísimos amigos y sale los miércoles para dar clases en la Universidad de Quilmes, habló con la chaqueña de política y fundamentalmente de los postulantes del ARI. Allí hubo un renglón reservado para Liliana Chiernajowsky, esposa del frepasista. Esa candidatura, de la vicejefa de Gabinete de Ibarra, se frustró por el veto de Alfredo Bravo, quien persiste en su resentimiento hacia Chacho. Pero con rabia no llegará a tanto: habrá una silla en la mesa nacional del ARI para la mujer del Chacho, igual que otra para la diputada Graciela Ocaña, esa «hormiguita» que también se anotó en el pase.

Después de todo, hace meses desde el living de su casa -donde mira «Gran hermano» acariciando a Teo (¿una inspiración para el voto a Soledad Silveyra?)-, Alvarez había hecho una reflexión que trascendió a través de este diario. Se refería a la crisis que piloteaba Ibarra en el Frente Grande de la Capital y dijo en su reclusión: «No importa, después nosotros cerramos con Carrió». Esa frase recorrió el chachismo, que también miraba cómo al jefe de la Ciudad se le dispersaba la tropa y se le rebelaba la esposa de su inventor, la que terminó retirando a su gente del FG en protesta por la suma de ibarristas a esa conducción y al desplazamiento de la vicepresidencia de Darío Alessandro.

Reconciliación

Con lápiz y meditación, Chacho y Carrió terminaron de reconciliarse, luego de que la diputada hubiera dicho que el país no se podía gobernar desde el Varela-Varelita, el bar que albergó a Alvarez en la transición desde su renuncia a la Casa Rosada hasta su alejamiento en mayo pasado del Frente Grande.

Esa retirada, inclusive, la hizo advirtiéndoles a los suyos que había que mirar el papel de Carrió, en el que ven los chachistas a la heredera más fidedigna de Alvarez y rechazan que esa suplencia recaiga en el porteño Ibarra. Quitar para recibir.

Esa división entre uno y otro se agudiza al mismo tiempo que la dispersión de frepasistas se agranda. El jefe de la Capital juega a encontrar la pata peronista o integrarse seguramente junto a
Néstor Kirchner, mientras arrastra Chacho su porción hacia Carrió.

Por eso, junto al santacruceño en un acto de La Corriente, su línea interna, que se hizo en la provincia de Buenos Aires, se sumaron el titular del bloque de diputados de la Alianza bonaerense,
Aldo San Pedro y más imbuido del pase el titular de senadores, el ex comunista Eduardo Sigal, quienes estarían en sintonía con Ibarra al igual que los legisladores porteños filo-aliancistas Juliana Marino, Alberto Fernández (concentrado en regresar a los frepasistas al PJ y no a sumarse a la coalición) y el belicista Enrique Rodríguez.

Del otro lado de la soga tira
Alvarez hacia el ARI, ya no solamente con su esposa, sino que sumaría más adelante al tucumano José Vitar, aunque asegura éste que no va a saltar « del Frente Grande a otro partido», sino que tomará la decisión en el marco de ese grupo, pero acepta que « Carrió desempeña aquel rol que tuvo el Frepaso».

Ayer
Carrió consideró que Alvarez es «un hombre absolutamente honesto» que la está « ayudando» (ya no es un traidor) y que Chiernajowsky es «muy amiga» de ella. Indultó inclusive a Chacho para que quedara más clara la nueva alianza diciendo que «se ha equivocado y yo he sido una de sus más duras críticas, pero es un hombre absolutamente honesto, que ha pensado un país en serio y que se ha arrepentido de sus actos».

Ibarra todavía no entiende cómo el hombre que lo llevó de la fiscalía hacia la primera banca del Frente Grande en el Concejo Deliberante, le entorpece el camino desde el mismo día en que asumió la jefatura porteña, cuando Chacho comenzó a denunciar las supuestas coimas en el Senado. Pero si algo no pierde Ibarra es la versatilidad, que lo lleva a decir «estamos todos en el mismo espacio» para referirse a los éxodos de sus funcionarios, como el caso de Chiernajowsky, a otras fuerzas. En verdad, debe de tener razón: son gente de unirse, separarse y volverse a juntar, casi como mucha gente de la clase media porteña.

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