Epílogo previsible: Chacho y esposa se pasan con la Carrió
A Elisa Carrió sólo le faltaba este apoyo: Carlos Chacho Alvarez, el desertor de la Vicepresidencia, y a quien ella atacara repetida y prolijamente por esa actitud. Vacío de poder, inclusive en su propia agrupación, Alvarez primero intentó acercar a su mujer, Liliana Chiernajowsky -no pudo inscribirla en ninguna lista del partido de la Carrió- y, por último, se aproximó él mismo. Todo un desafío tentador para el profesor de Quilmes, teledirigir a la diputada denunciante, desde la mínima actividad de la cátedra, el café Varela-Varelita, el Club de Amigos o desde la sede del Frepaso donde no pagan el teléfono. Ni siquiera piensa en los agravios que le deparó la Carrió, tampoco ella atiende ciertas respuestas ofensivas que en su momento le asestó el ex vice. Ahora van de la mano otra vez, al igual que en la consagración de la Alianza -aunque ella siempre supuso que el cargo de Chacho le correspondía-, la Carrió en lugar de Fernando de la Rúa y él como expectante heredero de los beneficios ajenos. Tal vez Alvarez no sume ahora demasiados respaldos para el novel partido -su caída en las encuestas ha sido estrepitosa-, pero eso es lo que menos le interesa a la Carrió: ella busca adhesiones, si son famosas mejor, una forma de hacer más conocida a una agrupación cuyas iniciales nadie distingue ni sabe su significación salvo por la insistencia de que el rostro de la legisladora presida las boletas. Nadie debe imaginar que es un ejercicio de narcisismo, sino una metodología -al mejor estilo del peronismo-para perpetuarse como una estampita en el corazón de sus votantes.
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Reconciliación
Esa retirada, inclusive, la hizo advirtiéndoles a los suyos que había que mirar el papel de Carrió, en el que ven los chachistas a la heredera más fidedigna de Alvarez y rechazan que esa suplencia recaiga en el porteño Ibarra. Quitar para recibir.
Esa división entre uno y otro se agudiza al mismo tiempo que la dispersión de frepasistas se agranda. El jefe de la Capital juega a encontrar la pata peronista o integrarse seguramente junto a Néstor Kirchner, mientras arrastra Chacho su porción hacia Carrió.
Por eso, junto al santacruceño en un acto de La Corriente, su línea interna, que se hizo en la provincia de Buenos Aires, se sumaron el titular del bloque de diputados de la Alianza bonaerense, Aldo San Pedro y más imbuido del pase el titular de senadores, el ex comunista Eduardo Sigal, quienes estarían en sintonía con Ibarra al igual que los legisladores porteños filo-aliancistas Juliana Marino, Alberto Fernández (concentrado en regresar a los frepasistas al PJ y no a sumarse a la coalición) y el belicista Enrique Rodríguez.
Del otro lado de la soga tira Alvarez hacia el ARI, ya no solamente con su esposa, sino que sumaría más adelante al tucumano José Vitar, aunque asegura éste que no va a saltar « del Frente Grande a otro partido», sino que tomará la decisión en el marco de ese grupo, pero acepta que « Carrió desempeña aquel rol que tuvo el Frepaso».
Ayer Carrió consideró que Alvarez es «un hombre absolutamente honesto» que la está « ayudando» (ya no es un traidor) y que Chiernajowsky es «muy amiga» de ella. Indultó inclusive a Chacho para que quedara más clara la nueva alianza diciendo que «se ha equivocado y yo he sido una de sus más duras críticas, pero es un hombre absolutamente honesto, que ha pensado un país en serio y que se ha arrepentido de sus actos».
Ibarra todavía no entiende cómo el hombre que lo llevó de la fiscalía hacia la primera banca del Frente Grande en el Concejo Deliberante, le entorpece el camino desde el mismo día en que asumió la jefatura porteña, cuando Chacho comenzó a denunciar las supuestas coimas en el Senado. Pero si algo no pierde Ibarra es la versatilidad, que lo lleva a decir «estamos todos en el mismo espacio» para referirse a los éxodos de sus funcionarios, como el caso de Chiernajowsky, a otras fuerzas. En verdad, debe de tener razón: son gente de unirse, separarse y volverse a juntar, casi como mucha gente de la clase media porteña.




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