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En las calles
de la ciudad
española de
Huelva,
donde tiene
una planta
celulósica la
misma
ENCE que
quiere
instalar una
en Fray
Bentos,
frente a
Gualeguaychú,
los
vecinos
cuentan con
datos hora
tras hora
sobre
niveles de
contaminación.
Las pruebas del nuevo aire más limpio en Huelva, después de haber establecido los mecanismos de control, es que las aves han retornado a los dos reservorios que Huelva tiene sobre la costa, como las Marismas de Oriel, lo que, por otra parte, trajo una nueva preocupación: gracias a eso, es la zona más expuesta de España a la gripe aviaria por recibir bandadas de aves provenientes de Africa. De todas formas, el famoso olor que temen los habitantes de Gualeguaychú -la planta de ENCE está a 34 kilómetros de esa ciudad y en Huelva a menos de seis- no es el principal problema contaminante, ya que se trata sólo de la emisión de mercaptano, un gas que en la Argentina se conoce de sobra por ser inocuo y utilizarse para dar olor al gas domiciliario para detectar una posible fuga, ya que éste es inodoro.
Más complicado, en este caso, es el manejo de los efluentes. El gobierno de Huelva y el Autónomo de Andalucía tienen incorporadas a su presupuesto partidas para mantener el control de emisiones en tiempo real de cada empresa.
Existen cuotas de efluentes que pueden volcarse a la ría -lo hacen en realidad en cañerías que corren por debajo del agua y salen cerca de la boca con el océano- y sensores colocados en cada fuente de emisión que transmiten continuamente la cantidad de cada gas que se libera a la atmósfera. Toda esa información se procesa en una central del gobierno que controla las 24 horas, y los resultados son emitidos continuamente en cuatro pantallas colocadas en esquinas céntricas de la ciudad.
• Perfil
Es obvio que las empresas publicitan esas acciones ambientales para levantar su perfil ante los ciudadanos y, en ese marco, incluso, promueven tecnología para aprovechamiento de energía, como la obligación progresiva a cada planta de generar la propia energía que consume utilizando biomasa -derivados, restos y subproductos vegetales- o combustibles «limpios».
Tan publicitado como que ése es el sistema que utilizará ENCE en Fray Bentos para producir electricidad que venderá al mercado uruguayo, otra fuente de ingresos prevista. La regla parecería ser, de acuerdo con el gobierno andaluz, que contaminar tiene que resultar más caro que tomar las medidas precautorias: «Hoy en día, la tecnología industrial permite casi todo», asegura Mañas.
El caso de Pontevedra parecedistinto. Hoy ENCE abrirá su planta en esta ciudad a periodistas argentinos de todos los medios. Es la planta que utiliza, para blanquear la pasta de celulosa, el sistema más recomendado por la Unión Europea -el TCF y no el ECF, como sí lo hacen en Huelva y lo harán en Fray Bentos-, aunque el problema parece mezclarse en una guerra ambientalista que tiene también mucho de inmobiliaria.
El alcalde local, Miguel Anxo Fernández Lores, mantiene una guerra con ENCE bien conocida en la Argentina para que la planta se traslade de la costa de la ría de Pontevedra, algo que la legislación nacional de España obligará a hacer a todas las empresas ubicadas sobre el agua en 2018. Pero el lugar de reubicación posible de ENCE es en las afueras de Pontevedra. El lugar que hoy ocupa quedó rodeado por barrios de Pontevedra, y el alcalde quiere tener a la empresa lo suficientemente lejos como para que sus emanaciones de olor no lleguen al centro de la ciudad y los suficientemente cerca como para mantener el cobro de impuestos y la fuente de trabajo. En su lugar -un terreno fiscal cedido a la planta cuando se construyó-, se espera desarrollar una de las nuevas urbanizaciones que están surgiendo al ritmo de construcción desenfrenado que puede verse en el norte de España.




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