5 de marzo 2008 - 00:00

Gobierno Moyano-dependiente, un final no deseado de los Kirchner

• Ni ellos dos, los Kirchner, tan estoicos ahora, supusieron en algún momento que resignarían su gobierno a la voluntad del sindicalista Hugo Moyano (con quien mal inició Néstor su gestión). No era su sueño político. • Pero hay ilusiones que se quedan en la escalinata de la Casa Rosada o en la cancha del Deportivo Español, adonde el matrimonio oficial -con medio gabinete y un centenar de influyentes partidarios- asistió al festejo por las primeras dos décadas de Moyano al frente de los Camioneros. Nunca él, niño pobre de Mar del Plata, pudo imaginar que algún día le celebrarían de ese modo el cumpleaños gremial. • Gesto de los Kirchner, quienes ayer desnudaron lo que siempre omiten: el terror a la inflación creciente, a que se repita el desenlace de la híper de los años 70, cuando otra pareja (Perón-Isabelita) espiralizó al infinito la suba de precios. • La propia Cristina Presidente invocó ese recuerdo nefasto, pidió que no se cometan los errores de antaño. Le hablaba a Moyano, al resto de los sindicalistas, como si ellos -en aquellos tiempos de la Chabela- hubieran sido los responsables de la debacle. Mala lectura de la historia por parte de los Kirchner: en todo caso, el movimiento obrero de aquel entonces fue el disparador de una insensata política económica fundada en los controles y las restricciones, en la falta de inversión, en la persecución al sector privado y en la falsa creencia de que el Estado resolvía los problemas argentinos. Allí hay semejanzas, no entre Moyano, Lorenzo Miguel y Casildo Herreras. • Por lo tanto, si hoy no se desean repetir errores del pasado, en lugar de halagar con tan poco decoro a un gremialista cuestionable -misión que nadie votó para que ejercite este gobierno-, convendría revisar el modelo económico que el matrimonio Kirchner instaló. Por allí pasa el secreto, no por las concesiones a un Moyano que puede prometer -y no cumplir- determinado tipo de aumentos o evitar algunas huelgas. Castillos de arena son esos entendimientos.

Nervioso, Moyano habló poco y mal. Cristina de Kirchner usó 10 minutos dereloj, y su esposo se limitó a saludar. Todo en el marco provisto por el camionero:unos 25.000 trabajadores recolectados para la ocasión. “Me salióbarato: sólo un palo”, dijo el jefe de la CGT, acompañado por dirigentes aliados,el gobernador Scioli y los ministros Tomada y De Vido. No faltó GuillermoMoreno, al que Moyano defendió anteayer. Himno sí, marcha no.
Nervioso, Moyano habló poco y mal. Cristina de Kirchner usó 10 minutos de reloj, y su esposo se limitó a saludar. Todo en el marco provisto por el camionero: unos 25.000 trabajadores recolectados para la ocasión. “Me salió barato: sólo un palo”, dijo el jefe de la CGT, acompañado por dirigentes aliados, el gobernador Scioli y los ministros Tomada y De Vido. No faltó Guillermo Moreno, al que Moyano defendió anteayer. Himno sí, marcha no.
Una ronquera oportuna hacía sonar la voz de Cristina de Kirchner llamativamente parecida a la que, en las viejas grabaciones, resopla en los discursos de la última Eva Perón. Con ese timbre rasposo, la Presidente manoteó el recurso del temor para reclamar calma gremial.

«Todos, como dirigentes sindicales o políticos, vivimos aquellos años 70» y «vimos cómo el país se desmoronó» cuando, tras el pulseo entre gremios y empresarios, se «instaló un proyecto de decadencia, atraso y genocidio» con el golpe de marzo de 1976.

Sin precisarlo, Cristina de Kirchner recordó la disputa por la suba de salarios que desató una escalada inflacionaria en 1975 y contribuyó a agudizar la crisis que marcó el fin del gobierno de Isabel Perón, gestión que venía escorada y, jaqueada, padeció el tumbo definitivo.

La Presidente eligió el acto por los 20 años de ascenso de Hugo Moyano a la cúpula de Camioneros para disparar el alerta. Desde ese escenario, escoltada por su esposo, Néstor Kirchner, y el jefe de la CGT, pidió « racionalidad» y «responsabilidad» en el debate salarial.

«Cuando se tensiona la sociedad, y no se articulan los intereses entre el capital y el trabajo, los que siempre especulan son los que terminan ganando», dijo y, tras una pausa, tituló: «Eso pasó en 1976». Detectar aquellos errores fue un «aprendizaje histórico».

«Quiero agradecer el esfuerzo que los dirigentes sindicales están haciendo para darle sustentabilidad al modelo económico», saludó. Sin nombrarlo, se trató de un agradecimiento a Moyano por firmar un acuerdo salarial de 19,5% que fue seguido por otros sindicatos.

«No hay unos más vivos que otros», agregó en lo que se decodificó como un reproche a los gremios que plantean reclamos por más de 30%. En ese club están SMATA, Bancarios, el barrionuevismo y algunos moyanistas, como Abel Frutos, de Panaderos.

Así y todo, deslizó una observación sobre los pactistas: «No lo hacen de buenos», dijo, y volvió sobre la malograda experiencia setentistacuando, admitió, «desde lugares diferentes, participábamos activamente en la vida del país y vimos cómo se desmoronó».

Hizo un aporte más: pidió que los empresarios entiendan que se debe «mejorar la distribución del ingreso» y que los jefes sindicales colaboren para «la inversión, el crecimiento y la producción». Citó, luego, el principio neokeynesiano «más empleo/ mejores salarios».

  • Tumultos

    Repleta, la cancha de Deportivo Español, en el Bajo Flores, estalló con 25 mil personas que soportaron la llovizna. Bajo techo, Moyano, los Kirchner y Daniel Scioli se fascinaron frente a esa multitud uniformada de verde estridente, el color de Camioneros.

    El volumen del acto, inusual para un solo gremio -Moyano prohibió que vayan de otros sindicatos-, mereció un saludo de la Pesidente. El show fue breve: una zamba sobre el 17 de octubre, traicionada por el mal sonido, y los discursos del jefe gremial y de la Presidenta.

    El camionero optó por los panegíricos: los típicos vítores a Juan Domingo y Eva Perón y, luego, los elogios a «ese sureño que no conocíamos» y a la «compañera Cristina» que como legisladora, por entonces por Santa Cruz, se opuso a la «ley Banelco».

    Los halagos al matrimonio Kirchner, como contraprestación por la presencia de la Presidente y el ex en el festejo moyanista, se traducen como la consolidación del pacto entre el gobierno y el jefe de la CGT. La próxima escala será junio, cuando Moyano sea reelecto en ese cargo.

    La logística quedó en familia: la hizo Pablo Moyano, que hasta se encargó de definir, en consulta con Oscar Parrilli, qué silla ocuparía cada invitado top: el festejado escoltado por De Kirchner y Scioli, más allá Kirchner y Carlos Tomada. En las puntas, Julio De Vido y el riojano Luis Beder Herrera. En las filas de atrás se asomaban los bonaerenses Hugo Curto, Alberto Balestrini, Fernando Espinosa y Luis Acuña, y una reducida corte de caciques sindicales: Omar Viviani (taxis), José Luis Lingieri (Aguas), Julio Piumato (Judiciales), Juan Manuel Palacios (UTA) y Frutos.

    A modo de agradecimiento por la defensa pública que le ofrendó anteayer el camionero, también apareció Guillermo Moreno junto a Ricardo Jaime. «Pepe» Scioli y Alberto Pérez fueron los edecanes del gobernador a quien Moyano presentó con «compañero y amigo».
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