Impiden que un barco inglés venga al país en maniobras

Política

Confiabilidad jurídica y estabilidad en las decisiones políticas son categorías que hoy se discuten en la relación con Gran Bretaña. El gobierno nacional canceló la entrada y visita de un buque de guerra inglés a la Base Naval de Puerto Belgrano, asiento de la Armada Argentina. La medida viene a sumar antecedentes al perfil confrontador que ganó
Néstor Kirchner en otros escenarios de la gestión de gobierno. Del lado británico, las cosas no son mejores. El embajador Robin Christopher, a punto de dejar la comodidad de la residencia Madero Unzué por una jubilación del servicio exterior, no llegará a inaugurar el monumento a los 649 argentinos caídos en las islas, como era su deseo. Los kelpers demoran el corte de cintas del cenotafio en Darwin, a pesar de que se trataba de un acto humanitario amparado en el acuerdo de 1999 por el que la Argentina y Gran Bretaña abrieron la puerta al contacto con las islas.

Se sabe que las medidas de impacto en relaciones exteriores no son originales de Malvinas, sino que responden a la más estricta indicación del Foreign Office (cancillería inglesa). Sukey Cameron, representante del gobierno kelper en Londres, habló el 14 de junio pasado, en el aniversario de la rendición, de « provocaciones del gobierno argentino» ante un público en el que se destacaban el ministro de las fuerzas armadas de Gran Bretaña y el comandante de la Región Militar 1 (Londres) y los cónsules de Chile y Uruguay.

• Agresividad

Roger Edwards, un ex militar, ahora consejero malvinense, dijo en el Comité de Descolonización de la ONU: «... una defensa poderosa es importante pues vivimos cerca de un vecino cuya actitud agresiva ha sido demostrada a lo largo de muchos años...».

¿Es posible que el desgaste del gobierno de Tony Blair por la invasión a Irak haya animado a los halcones que ven en el Atlántico Sur la salvación a sus errores? Mike Beardall, capitán de fragata, comandante del destructor HMS Cardiff, jugador y aficionado al cricket y al fútbol, no pudo confraternizar con los marinos criollos. La inexperiencia o la obediencia extrema al presidente que profesa Rafael Bielsa en el manejo de la relación con el Reino Unido borraron la agenda de cooperación minuciosamente preparada por el ministerio de Defensa inglés para la visita del Cardiff a Puerto Belgrano. Partidos de fútbol con marinos argentinos, visitas a escuelas locales y el embarco de seis oficiales navales que harían un tramo de navegación hasta Punta Arenas, Chile. Las tratativas fueron encaminadas por el agregado de Defensa británico en dos direcciones: la Cancillería y la Armada, a instancias de un ofrecimiento del primer lord del mar, almirante Alan West.

• Certificado

El argumento técnico de la cancelación lo aportó el embajador Santos Goñi, director de Malvinas, que pidió que Gran Bretaña certifique por nota que el navío no provendría de Malvinas ni tendría las islas como destino final. Los diplomáticos cumplen a rajatabla con el precepto de impedir a Gran Bretaña la reunión de antecedentes de «país ribereño», que se configuraría si se permite el arribo al continente de naves en tránsito hacia o desde el archipiélago. Claro que existe «el paraguas» de la soberaníapero al parecer hace tiempo se cerró. Otras explicaciones menos diplomáticas de la anulación apuntaron que: el HMS Cardiff, un destructor clase 42 del mismo tipo que el Sheffield hundido en el conflicto, estuvo en el despliegue naval que ordenó Margaret Thatcher en 1982 y también participó en la Guerra del Golfo. Justo dos elementos que en el orden táctico no cosechan apoyo popular según la cosmovisión de Kirchner. El destructor inglés está cumpliendouna patrulla de rutina en el Atlántico que se inicia en el Caribe, continúa por la costa oeste de Africa y Malvinas. Pero en este caso se había planificado desembarcar a los oficiales argentinos en Punta Arenas, Chile; de esa manera, el Cardiff se dirigía a Malvinas «desde un tercer país», salvando el rigor diplomático. Esta solución ya fue aplicada: marinos argentinos han embarcado en el rompehielos británico Endurance (que iba a Malvinas) en Uruguay.


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