Intenta Kirchner ahora manejar también oposición
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En esa discusión, el Ejecutivo tiene dos objetivos: seducir a la mayor cantidad de duhaldistas y radicales posible para que colaboren en conseguir los 129 votos positivos necesarios para aprobar algunos de los artículos de la prórroga de impuestos. Esto es independiente de que el gobierno consiga votar esos proyectos antes o después del 10 de diciembre, cuando se renueve la Cámara. Pero un fallido pedido de prórroga de sesiones ordinarias el viernes pasado indica que el Ejecutivo se prepara para sesionar en el verano.
El viernes por la tarde, Roberto Lavagna, Alberto Fernández y el rionegrino Osvaldo Nemirovsci recibieron en la Casa de Gobierno a los representantes del duhaldismo en Diputados: José María Díaz Bancalari, Graciela Camaño y Jorge Sarghini.
Los tres fueron a discutir la forma de colaborar con el gobierno en la prórroga de los impuestos, pero compatibilizando los pedidos de reformas a esos tributos. Es decir, acordando que alguna modificación pedida fuera aceptada para guardar las formas.
El duhaldismo, junto con el radicalismo, viene exigiendo que antes de prorrogar Ganancias y Bienes Personales se eleve el mínimo no imponible de cada uno de ellos, pero ambos dejaron de lado en los últimos tiempos el pedido para que se modifique la coparticipación del impuesto al cheque. El duhaldismo, además, propuso que se ponga por escrito la intención del gobierno de avanzar en 2006 con una reforma tributaria.
De ese encuentro del viernes pasado, los duhaldistas se llevaron una promesa sobre este último punto. Lavagna quedó en analizar la posibilidad de derivar el superávit que alimentará el fondo anticíclico anunciado por el gobierno a fin de octubre, a un fondo de reforma tributaria que actuará como respaldo financiero para la transición de un sistema impositivo a otro. Con esto el duhaldismo se daría por calmado y colaboraría en la votación de las dos leyes de prórroga y el Presupuesto 2006, aunque en este último no hay mayores inconvenientes.
De ese encuentro, a los diputados presentes les quedó una sensación clara: el Ejecutivo no tiene una confianza absoluta en la forma en que actúan sus hombres en Diputados. Por eso, dicen, es que la Casa Rosada se ha demorado en una definición sobre el nuevo presidente del bloque PJ, lo que tiene paralizados a los legisladores.




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