El gabinete de Néstor Kirchner se está convirtiendo en un inesperado campo minado por internas. A pesar del rigor con que su titular, el propio Kirchner, ejerce un comando centralizado. Ayer hubo una prueba de ese nivel de conflictividad. Fue cuando Guillermo Moreno, el secretario de Comunicaciones, concurrió al bloque del Frente para la Victoria para defender el proyecto de creación de la empresa mixta Arsat, operadora de satélites.
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Moreno, acaso uno de los colaboradores más estrechos del ministro de Infraestructura, Julio De Vido, lamentó la lentitud en la sanción de la ley: «Ya fue aprobada por el Senado, esperábamos que se tratara en las sesiones extraordinarias pero todavía no lo conseguimos». Llenó los oídos de los diputados con argumentos el secretario Moreno. Pero no convenció a uno de ellos: otro Moreno, Carlos, llamado «Cuto». Se trata de un diputado bonaerense del corazón de Carlos Zannini, a quien secundó como subsecretario legal y técnico antes de convertirse en legislador.
Este Moreno, diputado, cruzó al otro, secretario, diciendo: «A mí me consta que el Presidente no está tan convencido de este proyecto como usted dice». El jefe de las Comunicaciones no llegó a esbozar su razonamiento, bastante correcto: el que firmó el proyecto fue el Presidente. Antes de que lo hiciera, Agustín Rossi, el presidente de bloque, le sugirió seguir la discusión otro día. Hoy no se votará la ley.
Es curioso repasar el dictamen: tampoco Dante Dovena, otro «zanninista» bonaerense, avala el proyecto de Guillermo Moreno. Como se ve, el choque entre Zannini y De Vido, que ya provocó magullones en Santa Cruz, se amplió ahora a escala nacional y, tal vez, a la estratósfera, llevado por satélites.
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