5 de noviembre 2004 - 00:00

Kirchner avanzó con superpoderes pero sin apoyo del duhaldismo

El gobierno debió enfrentar ayer una rebelión duhaldista en Diputados para conseguir la aprobación de los superpoderes dentro del Presupuesto 2005. No tuvo problemas el peronismo para sancionar el proyecto en general por amplia mayoría y llegó al número para esos poderes especiales. Sin embargo, las principales figuras del PJ en esa Cámara desairaron al gobierno negándole las facultades y se sumaron al duhaldismo encabezado por Chiche González. Hasta participó del reclamo algún kirchnerista de los Talcahuano. Se plantea, desde ahora, una crisis legislativa para el gobierno. Lo cierto es que se armó dentro del propio PJ otro frente de oposición que no está dispuesto a votar cualquier pedido de la Casa Rosada. Los rebeldes juran no haberse organizado, ya que aceptan que, de esa manera, podrían haber bloqueado la aprobación. El problema ayer era cederles a Kirchner y a su gobierno el control sin limitaciones de $ 77.000 millones, más una recaudación «escondida», como denuncian los radicales, que proyectan de hasta $ 22.000 millones. Tampoco le fue fácil al gobierno explicar el destino de los fondos para obras públicas. Los santacruceños debieron aclarar acerca de montos extra asignados a su provincia. Para compensar privilegios y convencer a otros rebeldes de votar superpoderes, hubo reparto de obras a provincias, pero que podrán ser vetadas por Kirchner.

Kirchner avanzó con superpoderes pero sin apoyo del duhaldismo
Néstor Kirchner consiguió que le aprueben ayer el proyecto de Presupuesto nacional 2005 en Diputados, incluyendo el polémico artículo que le otorga superpoderes al jefe de Gabinete para modificar partidas y la ratificación por ley del Decreto 214 de pesificación firmado por Eduardo Duhalde, que hasta ahora el Congreso se negaba a avalar. Era el filtro más duro para el gobierno ya que el Senado, aunque la oposición haya adelantado también el voto negativo, es un terreno más propicio para sancionar temas complicados como la delegación de facultades y donde el PJ tiene mayoría más holgada. La votación del Presupuesto 2005, sin embargo, dejó heridas. El peronismo, que apoyó en su totalidad el proyecto de presupuesto en toda la votación, se quebró a la hora de sancionar el artículo 11 que delega las facultades especiales al gobierno para modificar la distribución de partidas sin sujetarse a los límites de la Ley de Administración Financiera y Control del Estado ni a la de Responsabilidad Fiscal.

Tanto nombre puede resumirse en una frase: el gobierno podrá disponer a discreción de los $ 77.000 millones de gasto previsto, modificar íntegramente el Presupuesto 2005 e, incluso, derivar con total libertad los excedentes de recaudación que seguramente se conseguirán el año próximo y que algunos diputados valuaron ayer en otros $ 20.000 millones.

Por eso no llama la atención que la mayoría de los discursos escuchados en casi dos días completos de sesión (entre el miércoles al mediodía y ayer a las 18) se centraran en los famosos superpoderes.

Pocos cambios hubo en el resto del articulado salvo por la incorporación de un artículo -a pedido del demócrata Alberto Natale y de la justicialista bonaerense Marina Cassese-que autoriza a la Nación a exigir a las provincias garantías de información, libre competencia, igualdad y transparencia en los procesos de licitación de obras públicas que fueran financiados por fondos nacionales.

• Pesificación

El justicialismo logró imponer su mayoría a la hora de votar el artículo 63 que ratificó el Decreto 214 de pesificación. Durante el debate en general toda la oposición le pidió eliminarlo del proyecto. Pero finalmente, después de dos años consecutivos en que primero Duhalde y luego Kirchner lo solicitaron, el Congreso aceptó ratificarlo. No fue casual que lo hicieran recién después de que la Corte Suprema emitiera un fallo a favor de la pesificación, pero la elevación de la disposición de Duhalde a la categoría de ley podría influir ahora en los considerandos de futuros fallos del máximo tribunal.

La defensa del proyecto fue formulada por el presidente del bloque PJ, José María Bancalari: «No contempla superpoderes, la oposición está distorsionando con una falacia la discusión sobre el Presupuesto que por segunda vez tendrá superávit», dijo.

Una protesta que se repitió con asiduidad en los discursos fue contra la distribución del programa de obras públicas. Diputados de todo el país, incluso algunos peronistas,
denunciaron favoritismo hacia Santa Cruz a la hora de financiar obras. Incluso se preguntaban por qué la lista de obras había pasado de las 189 previstas en el proyecto original a 338, como quedaron en la votación final. La respuesta es más que simple: fueron los agregados para equilibrar la distribución y el famoso «costo presupuestario». «Los superpoderes salen caros», explicaba un duhaldista bonaerense.

• Ayuda extra

El tucumano Roberto Lix Klett, de Fuerza Republicana, fue uno de los más gráficos: «Yo no entiendo los $ 250 millones de asistencia extra que se dan a Santa Cruz. Para qué les hacen falta si tienen más de u$s 500 millones depositados en el extranjero.

Por lo tanto, tienen sus recursos y no los traen».

Desde el radicalismo, Horacio Pernasetti protagonizó uno de los ataques más duros al Presupuesto 2005: «Es el de menor calidad institucional sancionado en los últimos años. Ni en tiempos de crisis se otorgaron todas las facultades que se dan ahora al Poder Ejecutivo».

Pero los superpoderes no fueron el único escándalo de la noche. Carlos Snopek, jefe de Presupuesto y Hacienda, debió retirar de tratamiento, en el último minuto del debate, un artículo nuevo enviado por el Ministerio de Economía, que ni el propio legislador pudo explicar coherentemente. Se trataba de una autorización para realizar obras en el sector eléctrico, con procedimientos similares al que se aplican en corredores viales por parte del Estado.

Y aunque se aprobó, quedó para un escándalo futuro el artículo que autoriza al cancelar deudas del desaparecido Instituto Nacional de Reaseguros con empresas aseguradoras, cuyo dudoso cálculo se cuestiona desde épocas de Domingo Cavallo. Alberto Fernández avanzará así ahora con un tema que el Congreso rechazó por años.

Dejá tu comentario

Te puede interesar