Kirchner avanzó con superpoderes pero sin apoyo del duhaldismo
El gobierno debió enfrentar ayer una rebelión duhaldista en Diputados para conseguir la aprobación de los superpoderes dentro del Presupuesto 2005. No tuvo problemas el peronismo para sancionar el proyecto en general por amplia mayoría y llegó al número para esos poderes especiales. Sin embargo, las principales figuras del PJ en esa Cámara desairaron al gobierno negándole las facultades y se sumaron al duhaldismo encabezado por Chiche González. Hasta participó del reclamo algún kirchnerista de los Talcahuano. Se plantea, desde ahora, una crisis legislativa para el gobierno. Lo cierto es que se armó dentro del propio PJ otro frente de oposición que no está dispuesto a votar cualquier pedido de la Casa Rosada. Los rebeldes juran no haberse organizado, ya que aceptan que, de esa manera, podrían haber bloqueado la aprobación. El problema ayer era cederles a Kirchner y a su gobierno el control sin limitaciones de $ 77.000 millones, más una recaudación «escondida», como denuncian los radicales, que proyectan de hasta $ 22.000 millones. Tampoco le fue fácil al gobierno explicar el destino de los fondos para obras públicas. Los santacruceños debieron aclarar acerca de montos extra asignados a su provincia. Para compensar privilegios y convencer a otros rebeldes de votar superpoderes, hubo reparto de obras a provincias, pero que podrán ser vetadas por Kirchner.
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• Pesificación
Una protesta que se repitió con asiduidad en los discursos fue contra la distribución del programa de obras públicas. Diputados de todo el país, incluso algunos peronistas, denunciaron favoritismo hacia Santa Cruz a la hora de financiar obras. Incluso se preguntaban por qué la lista de obras había pasado de las 189 previstas en el proyecto original a 338, como quedaron en la votación final. La respuesta es más que simple: fueron los agregados para equilibrar la distribución y el famoso «costo presupuestario». «Los superpoderes salen caros», explicaba un duhaldista bonaerense.
• Ayuda extra
El tucumano Roberto Lix Klett, de Fuerza Republicana, fue uno de los más gráficos: «Yo no entiendo los $ 250 millones de asistencia extra que se dan a Santa Cruz. Para qué les hacen falta si tienen más de u$s 500 millones depositados en el extranjero.
Por lo tanto, tienen sus recursos y no los traen».
Desde el radicalismo, Horacio Pernasetti protagonizó uno de los ataques más duros al Presupuesto 2005: «Es el de menor calidad institucional sancionado en los últimos años. Ni en tiempos de crisis se otorgaron todas las facultades que se dan ahora al Poder Ejecutivo».
Pero los superpoderes no fueron el único escándalo de la noche. Carlos Snopek, jefe de Presupuesto y Hacienda, debió retirar de tratamiento, en el último minuto del debate, un artículo nuevo enviado por el Ministerio de Economía, que ni el propio legislador pudo explicar coherentemente. Se trataba de una autorización para realizar obras en el sector eléctrico, con procedimientos similares al que se aplican en corredores viales por parte del Estado.
Y aunque se aprobó, quedó para un escándalo futuro el artículo que autoriza al cancelar deudas del desaparecido Instituto Nacional de Reaseguros con empresas aseguradoras, cuyo dudoso cálculo se cuestiona desde épocas de Domingo Cavallo. Alberto Fernández avanzará así ahora con un tema que el Congreso rechazó por años.




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