Néstor Kirchner desembarcó ayer formalmente en el debate desencadenado por la aparición de esa suerte de arrepentido de Estado que viene a ser Mario Pontaquarto. Al participar de un acto de reapertura de una planta de la empresa Pirelli en la Capital Federal, el Presidente aprovechó una tribuna levantada para honrar el trabajo y el esfuerzo para pronunciarse contra ladrones, corruptos y demás candidatos al azote.
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Empleó tanto énfasis como si alguna persona, sector o partido patrocinase la defensa del mal y las peores costumbres; pero el Presidente se cuidó como en anteriores sermones de esta índole de mencionar a quién se refería.
«Tenemos que terminar con la corrupción y los ladrones. Es hora de que se termine esto de que todo vale, ustedes lo sufrieron cuando tuvieron que soportar sobre sus espaldas la vergonzosa sanción de la llamada ley laboral o 'ley Banelco'», aseveró sobre la polémica norma que, cuando se votó en el año 2000, tuvo el apoyo de los sectores empresarios, sindicales y del propio PJ. Más allá de que hombres de este partido y del entonces oficialismo hayan hecho fama de corruptos por los dichos del arrepentido de Estado.
El santacruceño transmitió cierta tranquilidad al prometer que la práctica del pago de coimas «se va a desterrar de la Argentina», para lo que va a necesitar que lo « ayuden».»Les pido a ustedes que me ayuden porque la verdad es que uno a veces se encuentra con corrupción en los lugares que menos piensa. Yo no meto las manos en el fuego por nadie, quiero que el pueblo me diga, me acompañe y marquemos a fuego a aquellos que se quedan con el esfuerzo de todos los argentinos», dijo.
Naturalmente, fue aplaudido por todos los presentes.
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