5 de noviembre 2004 - 00:00

Kirchner pagó un alto costo por la delegación

La votación del artículo 11 del Presupuesto Nacional 2005 -que consagra los llamados superpoderes al jefe de Gabinete-demostró que el gobierno podría tener problemas en el futuro en el Congreso cuando necesite aprobar leyes clave. Si bien el oficialismo consiguió un triunfo relativamente cómodo, no fue un dato aislado que las figuras del PJ que controlaron la Cámara de Diputados hasta la llegada de Néstor Kirchner al gobierno y las cabezas del duhaldismo optaran por votar en contra, abstenerse o, en el mejor de los casos, retirarse del recinto, sumándose a radicales, aristas, la izquierda y la derecha del Congreso. Una peligrosa reaparición, además. de la pelea Kirchner-Duhalde. Así el resultado de 118 votos afirmativos, 96 en contra y 11 abstenciones marcó, mas que un triunfo, una señal de alerta.

El rechazo más firme a los superpoderes provino del peronista santafesino Oscar Lamberto: el hombre que en otro momento fue presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda y que comandó las votaciones más complejas de los gobiernos peronistas desde la convertibilidad hasta las privatizaciones, para luego ser secretario de Hacienda de Duhalde. El santafesino no sólo presentó disidencia por escrito, sino que también justificó su negativa, y a la hora de votar exigió que fuera en forma nominal para poder rechazar el artículo 11 y aprobar el resto del proyecto: «En mi primer mandato como diputado lo tenía a Italo Luder como compañero de banca. Un día le pregunté: '¿Por qué nunca pide la palabra?', y él me contestó: 'No hablo porque es inútil, no se puede cambiar nada'. Pero opté por pedir la palabra porque sigo también el ejemplo de Cristina Kirchner, compañera de banca en el Senado. Ella me dijo que 'uno tiene que hacerse cargo de lo que hace' y en su momento la senadora votó en contra de la delegación de facultades al gobierno», comentó.

Se refería a la posición de la primera dama incluso en contra del otorgamiento de facultades especiales a su propio esposo cuando se debatió la prórroga de la emergencia económica, por haber sostenido siempre ese principio en el recinto frente a otros gobiernos. Ayer se especulaba en Diputados que, cuando el Presupuesto 2005 llegue al Senado, C.
Kirchner, al menos, se abstendrá de votar el polémico artículo.

«Este presupuesto tiene muchas disposiciones buenas, se habla de nuevo de obra pública, discutimos el arreglo de la deuda y es absolutamente superavitario. Probablemente no cambiará nada si se vota a favor de los superpoderes, pero tampoco pasará nada si se rechazan. Las reestructuraciones presupuestarias pueden y deben hacerse en el Congreso. A George W. Bush se le dieron poderes hasta para detener a gente en la calle por tener cara de árabe, pero cuando necesitó fondos extra para la guerra de Irak tuvo que ir de rodillas a pedirlos al Capitolio», sentenció.

Lamberto
provocó en el recinto un sentimiento de vergüenza entre muchos de los presentes que no se animaron a rechazarle en público a Kirchner esas facultades que en privado aborrecen. Esa sensación se incrementó cuando, al final de su discurso, la oposición, en el caso del radical Horacio Pernasetti de pie, lo aplaudieron.

Por si faltara poco lo acompañaron en el voto en contra a los superpoderes el cordobés Humberto Roggero -por años jefe de la bancada peronista-, el bonaerense Juan José Alvarez, ex ministro múltiple de Justicia y Seguridad de Duhalde, entre un total de siete peronistas. Otros, como Hilda González de Duhalde, Alfredo Atanasof, Graciela Camaño, Carlos Ruckauf o Silvia Martínez, es decir la flor del duhaldismo, pidieron abstenerse.

Incluso Gerardo Conte Grand, muy cercano al gobierno, también optó por rechazar las facultades.

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