14 de septiembre 2005 - 00:00

Kirchner: según De Vido "cree en capitalismo"

El ministro de Planificación, Julio De Vido, debió atender ayer a banqueros de Estados Unidos que no pudieron lograr una entrevista con el atareado presidente Néstor Kirchner. Como notó en el lugar dudas sobre la inclinación a la libre empresa, la iniciativa privada y la rentabilidad necesaria en toda inversión por parte del Presidente, terminó con la citada afirmación.

Cristina Fernández de Kirchner ayer en Nueva York conRafael Bielsa. Participaron del seminario al que, finalmente,no asistió el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz.
Cristina Fernández de Kirchner ayer en Nueva York con Rafael Bielsa. Participaron del seminario al que, finalmente, no asistió el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz.
Nueva York - Julio De Vido debió emplearse todo ayer para convencer a un grupo de potenciales inversores en la Argentina, con quienes almorzó en el Council of the Americas, de que la administración de Néstor Kirchner está inspirada, textualmente, en una «filosofía capitalista». Para dar alguna prueba de que eso puede ser cierto negó, ante las preguntas del auditorio que le reunió Susan Segal, directora ejecutiva de ese grupo de influencias que busca un lugar bajo el sol en la era antiglobal, que en la Argentina el gobierno busque volver a ser empresario.

«El Estado está para facilitar y dar herramientas, no para ser empresario»,
dijo el ministro de Infraestructura. Reivindicó, eso sí, que el Estado deba invertir en obras de infraestructura y describió así lo que cree es el modelo Kirchner para las inversiones: promover la asociación entre empresarios argentinos y extranjeros para nuevos negocios. «De esa manera -explicó-, si la gente de la Argentina que tiene dinero afuera ven que ustedes invierten allí, van a seguir el ejemplo.» Le preguntaron si eso no significaba una discriminación del capital extranjero y respondió no entenderlo así: «Que haya capitales argentinos en las nuevas inversiones es la única manera de darle continuidad al proceso de crecimiento». El grupo que le armó de urgencia el Council a De Vido -quien reemplazó a Kirchner, que prefirió otras fotografías en este viaje a Nueva York- estaba integrado por los directivos de banca Fernando Losada (ABN Amro), Ricardo Amorim (West), Javier Timerman, Jorge Usandivaras (Bearn & Sterns), Josef Rebalski (Corp Banca de Nueva York), Darío Lizzano (grupo Santander), Pablo Goldberg (Merrill Lynch), Rodolfo Molina (UNS Investment Bank), Donna Hrinak (Steel, Hector & Davis). También se sentaron Ula Polsky (Duke Energy) Eduardo Pupo (de Pricewaterhouse Coopers), Matthew Winokur (de Philip Morris), los abogados Liliana Arauz ( Alfaro), Roger Thomas y Carmen Corrales (Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton, abogados de la Argentina ante la banca acreedora desde 1985).

Por el Council estuvieron la citada Segal y Michele Levy; y por la parte argentina, además de De Vido, el embajador José Bordón y Gustavo Gastaud (Banco Nación). Representándose a sí mismo estaba Saúl Rothsztein, un lobbista de empresas ligado a entidades judías, con negocios en la Argentina, y que está en el inventario de estos eventos desde hace años; refulgió con la Alianza (amigo de Chacho Alvarez), tuvo cargos con Carlos Ruckauf (fue el polémico encargado de relaciones con la comunidad judía en la Cancillería) y repuntó algo con el primer kirchnerismo. Llegó a animar una visita de Cristina de Kirchner a Nueva York, pero se ha replegado a sus viejas relaciones, el Council y el mítico abogado y millonario demócrata Melvin Weiss, a quien representa en emprendimientos inmobiliarios en Buenos Aires. La primera cuestión que inquietaba a la mesa era el panorama electoral. «Bueno -arrancó De Vido-, tenemos seis o siete encuestas...» «Nosotros también», le respondió uno riendo sobre la escasa credibilidad de esas mediciones. « Todos dicen que la elección se gana bien.» «¿Por qué se mete el Presidente en la elección si no es candidato?» «Porque cree que para poder darle continuidad a lo que estamos haciendo es imprescindible un mayor apoyo electoral que el que tuvimos en el origen.»

Caliente la crisis con Suez por Aguas Argentina, intentó ponerlo como modelo: «Querían que el país pagase un crédito BID del que se comprometieron a hacerse cargo y querían una rentabilidad sobre la inversión total de 9% y nosotros hablábamos del 6%». «No fue por las tarifas», se empeñó en argumentar. «Queremos el modelo de Electricité de Francia con Transener, que ellos vinieron con el nuevo socioque les compraba las acciones. Queremos que los franceses hagan lo mismo. Nosotros no vamos a dar el servicio nacionalizando la empresa.», dijo repitiendo lo que ya se sabe.

• Proteccionismo

La inquietud sobre el sesgo proteccionista de la economía en este ciclo y las perspectivas de una crisis energética se llevaron el resto de la conversación. De Vido negó insistentemente que el Estado quiera invertir, pero justificó el uso de los polémicos fideicomisos, el decreto de reglamentación de la iniciativa privada, la de asociación entre sector privado y público como prueba de esa voluntad. «¿No es lo contrario?», insistían algunos. «No, la iniciativa privada es sin intervención del Estado y en la asociación privada-pública el particular desafía una idea que lanza el Estado; si pone más dinero se queda con la mayor parte, y con eso gana más. El Estado sólo promueve y, si se quiere quedar con todo el proyecto, tiene la posibilidad de presentarse por iniciativa privada y se queda con todo.»

Pese a las explicaciones, la idea que quedó en la mesa es que este modelo de inversión tutelada no se rige por la «filosofía capitalista».

Más densa se puso la conversación cuando le presentaron a De Vido la situación de emergencia energética que puede enfrentar el país a mediano plazo. «Eso no va a pasar, vamos a hacer todo lo que sea necesario.» Eso que están haciendo lo enumeró así: una ley de promoción a quien explore en nuevos recursos energéticos (la celebró la representante del grupo Duke, con intereses en Neuquén y en Chubut, quien dijo que ellos se anotan en ésa), la negociación con Bolivia para el gasoducto del NEA. «Eso sale, pese a lo que escuchen por ahí. El jueves -confirmó De Vido-, Kirchner se ve con el presidente de Bolivia; y yo, el 6 de octubre con el ministro de Energía de ese país para firmar un preacuerdo que comprometa al nuevo gobierno que va salir de las elecciones de fin de año en ese país.»

«¿Creen que lo van a lograr?»,
le preguntaron. De Vido frunció el ceño, como cuando quiere concentrarse, y recitó: «La Argentina necesita el gas de Bolivia y Bolivia tiene necesidad de venderlo, eso se entiende en los dos países y en todos los partidos. ¿Está claro». El gasoducto, recordó, lo pagan el Estado, Techint y Repsol. «Se va a licitar?», preguntóun abogado que ve el filón. «No, se pensó hacerlo, pero se hace por la ley del gas, que faculta a un gran usuario a pagar su propia conducto.» ¿Fechas? «Ay, usted me compromete...», pero se jugó: «Piensen en abril de 2006 para el comienzo de la obra».

También, en tren de previsible autoelogio, explicó la creación del Foninven, un fondo para promover la construcción de nuevas centrales, que también festejó Ula Polsky, de Duke, que parecía la más enterada de la mesa. Tras esta confesión de fe, le preguntaron si con eso bastaba: «No, porque estamos ya en los 700 kilómetros de nuevo gasoducto. Vamos al desarrollo nuclear terminando Atucha II y, además, vamos a promover el biodiésel y las otras energías alternativas». «Como en los Estados Unidos», agregó uno, que quería quedar bien. «Sí, como en todo el mundo, que crece con energías alternativas.»

El final, como siempre, de apuro. Esperaban en los propios salones del Council y en el hotel Four Seasons algunos interesados en hablar con el ministro, pero a solas. ¿Quiénes? Los socios foráneos de Edelap, AES, que tienen que renegociar algo a más plazo y no con sanción ficta del Congreso, el empresario Jack Rosen y un nombre que mueve montañas cada vez que se lo nombra y que viene entrevistándose con todos los presidentes argentinos que pasan por acá tratando de saber si, de tanto poner, llega ya la hora de sacar, George Soros.

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