23 de marzo 2006 - 00:00

La meditada euforia de comitiva chilena

Carteles comunes durante décadas enparedes de ciudades de Bolivia sin resultados.En cambio la estrategia hoysería «gas por mar».
Carteles comunes durante décadas en paredes de ciudades de Bolivia sin resultados. En cambio la estrategia hoy sería «gas por mar».
«Bolivia pasó a ser un país de primer nivel en importancia para Chile. Fíjense que tiene gas para 100 años», decían los diplomáticos chilenos en la cena del edificio de la cancillería la noche del martes. Mencionaban como «hecho histórico, sin precedentes en décadas» la visita del recordado ex presidente Ricardo Lagos a Bolivia al asumir la primera magistratura allí Evo Morales y la visita de éste a Chile cuando hizo lo propio, hace unos días, la actual mandataria Michelle Bachelet. Eso sí, no aclaraban si la referencia «sin precedentes» cuántas «décadas» alcanzaba. Si fueran dos, es seguro que consideran la nueva relación con Evo Morales más importante que el acuerdo de hecho, sin ratificación del Congreso argentino, entre los ex presidentes Patricio Aylwin y Carlos Menem por el cual la Argentina pasó a suministrarle gas abundante a Chile con demasiada osadía, de este lado de la Cordillera, de asumir una cuantiosa exportación de gas sin ser país gasífero. Carlos Menem, cuando le preguntaban, siempre decía que en sus 10 años de reinado el presidente que más le sirvió a su gestión fue George Bush (padre) pero el que íntimamente más lo impresionó y hasta admiró fue, precisamente, el chileno Aylwin. Y eso que, en tan prolongado lapso de gobierno, vio muchas cabezas de gobierno en el mundo.

Los vecinos trasandinos reconocen aquel logro de Aylwin pero saben que tras su uso por años y haber peleado duramente por mantenerlo, aun con Néstor Kirchner, su fin está más o menos cercano con una Argentina que en reservas de gas conocidas no tiene para más de 11 años, cuando explorar ese fluido en el mar argentino es más costoso que buscar petróleo.

• Habilidad

Si en «décadas» se incluye el acuerdo del Canal de Beagle, en época de Raúl Alfonsín, que inició el final concatenado y hasta rápido de las disputas territoriales fronterizas, no lo mencionan. Los diplomáticos chilenos tienen reconocida habilidad en política exterior -en definitiva tienen tal política- y no azuzan con temas que consideran superados.

Su destacable visión de futuro -mucho basado en un país hoy asentado y sin grandes problemas cotidianos- fundamentalmente se centra en Evo Morales. Parecieran conocer bien -aunque no se expanden en detalles- que este hombre es la clave del desarrollo que vendrá en su nación.

Morales no anda bien hoy en su país, quizá por los tropiezos iniciales de todo gobernante y, en su caso, además comprometido con sanciones, aumentos salariales masivos y nacionalizaciones lejos del modo de pensar actual de los chilenos, con la fuerza que les da el consenso de principios entre quienes gobiernan y su oposición liberal.

No obstante,
Evo Morales hizo algo muy importante en su gobierno y lo encaminó antes de asumir, lo cual es más original: se dio cuenta de que 102 años de resentimiento con Chile porque en 1904 le tomó, tras la Guerra del Pacífico (1879-1884), las tierras de su salida al mar, limitándose a declaraciones de repudio, desplantes y períodos sin mantener relaciones diplomáticas, no le sirvieron un ápice a Bolivia en su sueño de dejar de ser país mediterráneo y volver a ese ansiado mar. Menos le sirvió que el venezolano Hugo Chávez dijera, para ofender a los chilenos, que «algún día me bañaré en las playas bolivianas en el Pacífico».

Morales
y/o quienes lo asesoran ven que la necesidad de Chile de gas -fundamentalmente descubierta al quedar en evidencia la fragilidad de la Argentina para suministrárselo- puede ser el mejor camino reivindicatorio. Por supuesto, no será fácil ya que Chile hizo en su historia una epopeya de la necesidad de expandir su territorio, afrontando disputas inclusive al borde de la guerra como sucedió a fines de los '70 con la Argentina por islas del Beagle.

«Confiamos en Michelle
-dicen los chilenos de su comitiva-. Nunca habla de lo que no va a hacer, al revés de los políticos latinoamericanos que se comprometen en lo que luego no pueden cumplir. Por eso limitó su discurso en la campaña electoral. En cambio, fíjese que habla del tren trasandino con túneles en la cordillera porque será una realidad dentro de poco con financiamiento de China y gran desarrollo de nuestros puertos sobre el Pacífico, abiertos a toda Asia y la costa oeste norteamericana.»

Desde el carbón de Sierra Grande a centenares de productos más que importa China del cono sur de América, ella los quiere encaminar por ese ferrocarril con salida final en el Pacífico.

Hoy esta presidenta chilena privilegió en su primera visita al exterior a la Argentina porque le es vital para Chile el gas de este país por varios años más mientras elaboran su complicada estrategia geoeconómica y política con
Bolivia y sus «100 años de reservas de gas». Un eventual triunfo del nacionalista Ollanta Humala en las elecciones de Perú (hoy está primero en las encuestas para ganar la vuelta inicial de los comicios presidenciales del 9 de abril próximo) podría complicarle más la estrategia con Bolivia. No olvidemos que Perú estuvo junto al país del altiplano contra Chile en aquella Guerra del Pacífico a fines del siglo XIX. De cualquier manera, en otro momento de la visita de Bachelet se insinuó un «compromiso latinoamericano» para el problema de Bolivia que aliviaría el impacto interno en Chile.

Los chilenos, entonces, no van a desairar al
gobierno argentino desechando de plano la invitación para sumarse al proyecto aún vidrioso del gasoducto Caracas-Buenos Aires, pasando por Brasil. Pero no ven que por allí pase la solución de su futuro energético. Lo dicen: «El BTU nos costaría digamos 8 y lo podemos tener por 4...». Claro, son limítrofes con Bolivia y Perú, que también tiene gas.

Pero ahora necesitan a la Argentina para que ese valioso gas fluya este invierno, varios inviernos más y a sus plantas productoras todo el año en los inmediatos que vienen. Hacia 2010, cuando cese el suministro argentino, no se sabe qué importancia tendrá nuestro país para los trasandinos, que ya hoy se diferencian notablemente en las ideas para gobernar un país.

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