Con la elección del domingo se viene verificando un curioso fenómeno: si bien el voto en blanco creció levemente respecto de anteriores comicios creció la cantidad de ciudadanos que le dan la espalda a la elección. Directamente no van a votar.
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Sobre un padrón de 9.811.286 ciudadanos inscriptos, el domingo pasado en la provincia de Buenos Aires casi 4 millones le dijeron que «no» al sistema político vigente (3.942.742, entre los ausentes a la hora de votar y el voto en blanco). Para mensurarlo en cifras comprensibles, hubo el domingo la friolera de 3.139.937 ciudadanos bonaerenses que optaron por quedarse en la casa. De votar, ni hablar. Además 892.864 (13,38%) fueron a votar, pero éstos sí en blanco o impugnando su registro. Un porcentaje mayor incluso al obtenido al del Frente Acción Federalista por Buenos Aires, de Luis Patti. Con 98,16 por ciento de las mesas escrutadas se registró un porcentaje de 12,3 de votos en blanco (802.805) contra 12,19 por ciento de Patti (704.553).
Este no fue un síntoma registrado sólo en territorio bonaerense; ocurrió en Santa Cruz, terruño del presidente Néstor Kirchner, opacando el rechazo bonaerense. En esa provincia patagónica el domingo sopló fuerte el viento y casi 50 por ciento de los argentinos empadronados les dio la espalda al Presidente y a su delfín, Sergio Acevedo. El 25,15% decidió no votar a nadie, quedándose en casa, en tanto que un significativo 22,10% votó en blanco.
Estas son luces rojas que advierten que no se debería festejar con tanta alegría cuando el soberano sigue manifestando su desprecio por la clase política y el sistema que la sostiene. El espontáneo cacerolazo y el que «se vayan todos» de aquel 19 de diciembre de 2001 está lejos de haber sido superado en la Capital Federal, uno de los distritos más politizados e independientes en sus decisiones, que no obstante levantó levemente el número de quienes asistieron a votar respecto del 24 de agosto (ese domingo faltó 31,5% a votar).
•Expectativas
El domingo los comicios porteños eran, de lejos, los que provocaban mayores expectativas, por el antagonismo de ideas y procedimientos que mostraron los contendores, con largas tres semanas de intensa campaña hasta llegar a la segunda vuelta. Sin embargo casi 30% miró las urnas desde sus domicilios (29,6%); fueron 769.129, quienes optaron por no votar a Macri ni a Ibarra. Que deben ser sumados a los 96.320 ciudadanos (5,26%) que sí concurrieron, pero a votar en blanco, un porcentaje superior a la media.
Un fenómeno, éste de la abstención y el voto en blanco, que no respetó latitudes, porque también alcanzó en el norte al Chaco y a Jujuy, los otros dos distritos donde se eligió gobernador por cuatro años. En Jujuy, donde Eduardo Fellner celebró su discutida reelección, sólo votó poco más de 50 por ciento en forma válida. El 37,77% directamente no fue a votar.Y entre los blancos y nulos sumó 10,47% más, al rechazo a un sistema político que hace tiempo ha dejado de contener a los argentinos.
En el Chaco, donde la alicaída UCR revalidó títulos, el daño fue menor, pero igual se ignoró el compromiso. Del total del padrón, se ausentó 30,72%, un porcentaje al que debe sumarse, como en el resto, 4,95% de votos anulados o en un blanco que en todos los casos sonó desafiante.
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