La oposición va a la Justicia para frenar "decretos" y superpoderes
Pondrá a prueba esta semana el gobierno su polémico proyecto de reglamentación del control de los decretos de necesidad y urgencia en la Cámara de Diputados. Con el apuro que impuso Cristina Kirchner en el Senado -donde se votó el jueves pasado-, comenzará a debatirse en comisiones. También avanzará la idea de ampliarle poderes al jefe de Gabinete para manejar fondos, aunque recién inicia su camino en la Cámara alta. No alcanzó la iracundia de la primera dama para convencer a la oposición, que ratificó la decisión de ir a la Justicia para pedir la declaración de inconstitucionalidad de esos proyectos. Preocuparon, además, sus desbordados ataques a la prensa. El gobierno no pudo convencer aún en dos puntos claves: la necesidad de semejante delegación al Ejecutivo en el manejo de fondos -en momentos que no pueden considerarse de emergencia- y la virtual ausencia de controles en el proyecto sobre los DNU.
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El Gobierno intenta (otra vez) dejar atrás los escándalos y retomar la agenda
Cristina de Kirchner,
también con superpoderes:
cuando defendió los
superpoderes y la reglamentación
de decretos de
necesidad y urgencia,
ocupó dos bancas del
Senado para desplegar los
papeles. Un detalle: Alberto
Fernández se llevó un
pequeño televisor para
mirarla mejor.
Cuando Sanz concurrió a la reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales de hace 20 días para discutir sobre los dos proyectos de reglamentación del control de los DNU -el suyo y el de Miguel Pichetto, que habían quedado en carrera de una quincena de iniciativas que se habían presentado- no sabía que Cristina aparecería con una versión propia, «superadora» como gusta decir en el Congreso, sobre esa reglamentación.
Lo que sucedió esa tarde terminó marcando la posición del radicalismo, primero en relacióncon el tema DNU y despuésalcanzando también a la cuestión de «superpoderes».
Cuando la senadora anunció la existencia de su « proyecto» intermedio y comenzó explicando que no podía aplicarse la «sanción ficta» para la ratificación de los decretos de necesidad y urgencia, todas las caras cambiaron en el Salón Illia del Senado. Se pensó, inmediatamente, que Cristina se mantendría coherente con su posición de 2000 y 2002 en torno al férreo control parlamentario de los DNU -es decir, que pasados 30 días de su notificación por el Ejecutivo si éstos no son aprobados por ambas cámaras quedan automáticamente rechazados-, pero unos minutos después la senadora explicó que no podría ponerse un plazo para el tratamiento en el Congreso, algo que inicialmentejustificó en que, por esa vía, deberían someterse nuevamente a supervisión del Congreso todos los DNU vigentes (por lo menos desde 1994), con el consiguiente caos legal.
Sanz, obviamente, no distinguió inmediatamente la diferencia de lo que planteaba Cristina y no tuvo más que palabras de elogio para el proyecto, aunque con la tibia salvedad de que la UCR votaría en disidencia el artículo donde el plazo obligatorio brillaba por su ausencia. Inclusive, comprometió en el mismo momento el apoyo para la votación en general. Buena parte del bloque UCR luego se lo recriminó y se vio el cambio de postura en la votación en el recinto.
Para mala suerte de Sanz, a ese apurón en la comisión le sobrevino la presentación del proyecto oficial de « superpoderes», que aunque el gobierno lo niegue, actúa como todo un sistema en consonancia con la reglamentación de decretos para otorgar un Poder Legislativo inusitado al Presidente.
Por eso en el recinto de sesiones se pudo oír, al menos en una ocasión, a Cristina razonando sobre el cambio de opinión de Sanz respecto de los decretos, lo que sonaba casi como una amenaza de revelar, de hecho existía una carpeta relativa al tema sobre la banca de la senadora, lo que había sucedido en esa reunión de comisión. Sabía la primera dama que con la UCR casi controlaba la situación. De todas formas, no bastó para que los radicales ratificaran, a pesar de la presión, que recurrirán a la Justicia contra los «superpoderes», acusados ahora por el kirchnerismo hasta de actitudes casi golpistas.



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