La puja entre Policía Federal, Side y tan invocada Bonaerense (última parte)

Política

Si la seguridad en la Capital Federal está a cargo de un ministro tan intrigante como agresivo y desconocedor del tema y en la provincia se encuentra, con fuerte apoyo de Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, León Arslanian -aun con pronóstico reservado o sea no juzgable hasta que avance- nadie descarta que puedan volver a repetirse estos enfrentamientos. Más aún si en la SIDE los hombres fuertes pasaron a ser Stiuso y Larcher, con línea directa y acatamiento a Cristina Kirchner. La revista mencionada resumió bien esta situación que es necesario conocer porque en el medio de tanta puja está nada menos que la seguridad, es decir la vida de los ciudadanos. Lo sucedido en el caso Blumberg puede ser la parte final de una puja lamentable o, quizá, sólo una etapa más. Esto último es alarmante.

El periodista Facundo Pastor, de «América TV», fue quien obtuvo antes que nadie el contenido de la grabación de una conversación telefónica de Palacios y otras dos personas, ocurrida tres años antes.

En verdad, son tres conversiones: una, entre el traficante de automóviles robados Jorge Sagorsky y Palacios; y dos, entre Sagorsky y el comisario retirado Carlos Gallone, ex jefe de Palacios.

Por algún motivo, el ministro Béliz tomó conocimiento de que en el noticiero «Informe central», que conduce Rolando Graña, Pastor difundiría la grabación. Béliz envió a «América TV» a su jefe de Gabinete de asesores y cuñado, Francisco Meritello, a hablar con su gerente general, Juan Cruz Avila.

Meritello logró convencer al hijo de Carlos Avila de que se trataba de una escucha telefónica no reciente que apuntaba a provocar el relevo del superintendente de Investigaciones.

Béliz no pudo impedir que la revista «Noticias de la Semana» publicara el episodio como un ejemplo de presión gubernamental sobre los medios de comunicación, y así también tomaron conocimiento en la Casa Rosada de lo que ocurría.

Béliz había protegido y ascendido a Palacios, y era, aparentemente, su candidato a jefe de la fuerza de seguridad. Béliz conocía los problemas surgidos entre la Federal con la SIDE y la Bonaerense, que trabajaban en acuerdo, y así le birlaron a la Federal la liberación de Ernesto Rodríguez, padre de Jorge «Corcho» Rodríguez, una investigación de la gente de Palacios.

Había quedado muy atrás aquella felicitación de René Jesús Derecho, por la Federal, por un lado, a la SIDE cuando detuvieron a Héctor Conzi, en la ciudad de Mar del Plata.

El comisario Derecho, provisoriamente, reemplazó a Palacios, pero es muy cuestionado por los organismos defensores de derechos humanos como el autor de la represión en la Plaza de Mayo el 19 y 20 de diciembre de 2001. Desplazar a Derecho es un objetivo de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional.

La escucha telefónica a Palacios fue difundida, en febrero de 2004, por el periodista Martín Pitón, conductor de un programa por AM «Radio El Mundo». El jefe de Redacción del diario «Página/12», Martín Granovsky, la reprodujo en abril, y provocó la caída de Palacios. ¿Por qué no ocurrió la caída en febrero, si Sagorsky se encontraba identificado desde diciembre por la fiscal Rita Molina como contacto probable de una banda delictiva? ¿Por qué a «Página/12» no le interesó esa conversación en febrero, presunta demostración de la corrupción policial, y sí en abril?

En febrero sí ya había ocurrido (sucedió el 4 de diciembre de 2003) la declaración de Cristina Kirchner ante el Tribunal Oral Federal Nº 3 que juzga la causa AMIA, oportunidad en la que cuestionó la investigación del juez Juan Galeano, en la que trabajó el comisario Palacios.

Luego, concurrió al tribunal Stiuso a ratificar dichos de la senadora nacional PJ-Santa Cruz; a la vez que «orientaba» las nuevas declaraciones del llamado Testigo C, de manera tal que desvinculara a Irán del atentado y se relacionara a Siria, una tontería, cuando Hizbollah es un grupo político-terrorista del Líbano vinculado tanto a Irán como a Siria. Pero todo conducía a presionar sobre el Tribunal que terminó apartando a Galeano de la investigación, luego a los dos fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia -quienes han apelado ante la Cámara de Casación-, y ahora la cuestión es si corresponde declarar nulo lo actuado y desprocesar al personal detenido de la Policía Bonaerense. El costo políticodiplomático para el gobierno de Kirchner puede resultar elevadísimo, ante la colectividad judía local e internacional con quien el presidente Kirchner se comprometió a concluir el juicio. ¿Qué otro beneficio obtendría Kirchner, por lo que aceptaría pagar tal costo? Es un enigma.

Lo cierto es que Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner no iba a permitir que el comisario Palacios accediera a la conducción de la Federal. Y tenía aliados para la conspiración. La purga Nº 3 de la Federal se concretó cuando la senadora nacional PJ-Santa Cruz, con su marido Néstor saliendo de terapia intensiva y sometido a fuertes transfusiones de sangre, presionó por la remoción del comisario Palacios, superintendente de Investigaciones.

El comisario mayor Miguel Angel Colella, director de Asuntos Internos, sería el candidato de Cristina a jefe de la fuerza. El comisario mayor Colella fue quien desde Asuntos Internos impulsó el sumario que investigó la vinculación entre Palacios y Sagorsky, reducidor de autos robados involucrado en el caso Blumberg. Colella logró quitarse de encima a Palacios, que había sobrevivido a Giacomino.

¿Colella tiene algún nexo con Giacomino y otros sectores de la Federal desplazados como el ex superintendente metropolitano Capuchetti?

Se dice que el comisario mayor ya se comporta como el jefe policial de los Kirchner, y cabe preguntarse cómo seguirá Béliz, aun cuando haya superado, por ahora, las versiones acerca de su remoción.

Cristina conocía a Palacios desde fines de los '90, cuando ella integró la Comisión de Seguimiento de la investigación del atentado contra la sede de la AMIA y él se ocupaba del trabajo policial del caso.

Para Cristina Kirchner, Palacios, al igual que el juez Galeano, integró la «gran mentira» de la investigación AMIA, como ella la llamó cuando declaró ante el TOF Nº 3, en diciembre.

Con su participación en el derrumbe de Palacios, Cristina desautorizó a Béliz, quien debió soportar que no fue él, sino Alberto Fernández, jefe de Gabinete, quien recibió la orden presidencial de despedirlo. Y el gesto también lastimó al secretario de Seguridad, Norberto Quantín. Palacios cree haber sido víctima de la SIDE, por no mencionar a Stiuso, pero tiene una visión parcial de los acontecimientos. Stiuso reporta a Larcher e Icazuriaga, sobre quienes se encuentra Cristina; y lo que está ocurriendo es una disputa por el control de áreas de la Federal, impulsada por el poder político, la SIDE y la Bonaerense, sobre la que ya avanzó la Casa Rosada, y la demostración de esto sería la designación de León Arslanian como ministro de Seguridad provincial.

El ministro Béliz detectó el peligro para su área y la Federal en la figura del fiscal Sica, un aliado de la SIDE y el más amigo de la Bonaerense de los fiscales federales del conurbano. Por eso es que Béliz apuntó contra Sica y lo denunció penalmente, aprovechando las denuncias públicas de Juan Carlos Blumberg.

Lo dramático es cómo el asesinato de Axel Blumberg y sus derivaciones se utilizan en una puja interna entre funcionarios políticos, policías, jueces y espías, más interesados en asegurar sus espacios de poder que en resolver los hechos delictivos.

Hay quienes afirman que, en algún tiempo más, toda o gran parte de las actuaciones judiciales del caso Blumberg pueden caerse por errores de forma ocurridos durante los procedimientos. Por caso, la difusión por TV de los diálogos entre J.C.

Blumberg y los secuestradores de su hijo Axel, previo a su muerte.

Antes, el fiscal Sica contraatacó a la Federal y a Béliz ordenando las detenciones del subcomisario Daniel Gravinia, como presunto protector de Sagorsky; y luego del jefe de la División Antisecuestros de la Policía Federal, Juan José Schettino.

La tormenta provocaira e incertidumbre en la Policía Federal, y Béliz se queda sin jefes en forma creciente, aun cuando, por ejemplo, el subcomisario Daniel Gravinia recuperase su libertad, luego de que el juez federal de San Isidro, Conrado Bergesio, le dictó la falta de mérito en el caso Blumberg.

Gravinia sostuvo que el reducidor de autos Sagorsky era un informante de la Federal. Pero lo interesantefue que Marcelo Rocchetti,abogado de Gravinia, dijo que la detención de su cliente fue un «abuso gravísimo. Fue preso por el solo hecho de ser policía. Fue el resultado de una interna».

Así quedó en evidencia lo que era motivo de especulaciones.

El juez Bergesio sí detuvo a Sagorsky por encubrimiento y participación en una asociación ilícita. Aunque no habría participado de los secuestros de la banda, ocultó rastros, hizo desaparecer elementos y ayudó a los secuestradores y asesinos de Blumberg a evadir la Justicia. «Una Policía Bonaerense diezmada y una Policía Federal golpeada sólo provocarán que la inseguridad se transforme en un mal folclórico cotidiano», afirmó un ex jefe policial.

«Más allá de las detenciones y de los relevos, espero que estos cambios sean en beneficio de la gente que, con razón, necesita más seguridad. Si no, se convertirán en gestos políticos que sólo beneficiarán a los propios políticos-», comentó un comisario del área de Investigaciones.

En verdad, ése es el temor: que los cambios apunten a convertir las fuerzas de seguridad más importantes del país en brazos ejecutores de las decisiones del Ejecutivo nacional.

¿Es posible que algún funcionario muy allegado al Presidente crea que para «defender el régimen» hace falta controlar la seguridad pública, tal como ocurre, por ejemplo, en Venezuela?

Juan Carlos Blumberg convocó una movilización frente a Tribunales y participó de un acto contra la inseguridad en Moreno y de otros en Morón y en el Chaco. Es curioso que Daniel Bogani haya firmado el petitorio de Blumberg, que ya ha superado el objetivo de 3,7 millones de adhesiones, antes de que lo asesinara un malandra en Morón, por intentar rescatar a su hija.

Más allá de su valentía y su enorme esfuerzo, Blumberg puede quedar atrapado en una historia de conspiraciones e intrigas policiales y judiciales.

Hace varios meses los agentes de la Federal expresaron que no querían trabajar junto con los integrantes de la DDI ( Delegación Departamental de San Isidro), al señalar que estos uniformados «les brindaban datos a los delincuentes que efectuaban raptos, para frustrar los operativos que se concretaban en las villas bonaerenses para desarticular las bandas de secuestradores».

La DDI de San Isidro tenía vinculaciones con la SIDE, de acuerdo con el caso Conzi; sufrió desplazamientos de sus jefes, como ocurrió con Aníbal Degastaldi; y parece necesitar una reorganización profunda.

También hace tiempo que los agentes de la Federal han deslizado que hay una suerte de « manejo» de los secuestros extorsivos. «Es como si alguien dijera: 'Ahora secuestren' y luego: 'Ahora no secuestren', muy raro», confesó un oficial.

Las investigaciones por el secuestro de Blumberg fueron cumplidas por la DDI de San Isidro, con órdenes directas del fiscal Sica, quien trabajó con los datos aportados por dos de los detenidos, escuchas telefónicas y la declaración de un testigo de identidad reservada.

Pero el comisario Schettino había montado una investigación paralela del caso Blumberg, que por algún motivo demoró siete días en identificar a Martín Peralta, alias «el Oso», como el jefe de la banda que secuestró a Axel. ¿Schettino creía que había alguien más arriba de Peralta y estaba presionando para identificarlo? No hay que ir tan lejos.

En la Federal sostienen que Schettino recibió datos de policías que, a su vez, los consiguieron a través de informantes, lo que en la jerga se llaman «soplones» o « buchones». Los datos deben ser confirmados, porque a veces son equivocados. Schettino, jefe de Antisecuestros, presionó a Gravinia para que contactara a Sagorsky y llegar a Peralta.

«Si nosotros le trasladamos a un fiscal toda la información que recibimos de los buchones, el fiscal nos mata, porque la mayor parte de los datos es equivocada. Entonces el fiscal nos dirá que aprendamos a trabajar. Nuestra misión es confirmar lo que nos dijeron los buchones y después le contamos al fiscal», se defienden en la Federal.

Según la Federal, «en el caso, el desarmador de autos Sagorsky le prometió a Gravinia llevarlo al aguantadero de 'el Oso'. Pero en ese momento fue detenido por Sica. Eso nos hace sospechar que el fiscal, en su feroz interna en contra nuestra, detuvo a Sagorsky para que no nos pasara el dato a nosotros, y se lo pasó a la Bonaerense y a la SIDE».

La Federal actuó en el caso del secuestro de Nordmann, la esposa del presidente de la Asociación Colectividad Helénica de Buenos Aires, Eduardo Karavias. Por Nordmann, secuestrada entre el 8 y el 15 de noviembre de 2003, se pagaron $ 60.000. Según el detenido-arrepentido Gerardo Justino Carmona, fueron a cobrarlos él, Peralta, uno de los hermanos Díaz apodado «el Negro» y José Napoli, detenido antes del caso Blumberg en San Miguel.

Pero ese día, el del pago, sólo Carmona fue detenido. La Federal no pudo recuperar el dinero y, según el arrepentido, eso no fue una casualidad, sino que estuvo arreglado con los policías. ¿Cómo trabaja la Bonaerense? Bueno..., desde los días anteriores de Arslanian, la Bonaerense no trabaja, sino el fiscal de la causa. Según Sica, él llevó a Carmona a la Fiscalía de San Isidro y lo hizo escuchar las grabaciones del caso Blumberg, y así identificó a la banda. En la Federal agregan: «En el caso del secuestro de Ana María Nordmann, detuvimos a un hombre de apellido Carmona. Declaró ante la fiscal Rita Molina y de ninguna manera dijo que la Federal se había quedado con el rescate. Ahora, de golpe, ante el fiscal Sica, revela que nosotros nos quedamos con el botín. ¿No es llamativo?». Y hay otra denuncia de la Federal: «Aun así, fuimos nosotros, desde la Unidad Antisecuestros, los que les dimos el dato a los cordobeses de que 'el Oso' podía estar en La Falda. Lo reconoció el jefe de la Policía cordobesa.

Nosotros no les dimos cobertura ni a Sagorsky ni a 'el Oso', proporcionamos el dato para que lo detuvieran». Sica no está de acuerdo: «En diciembre, hombres de la Federal viajaron a La Falda, Córdoba, a capturar a 'el Oso' y volvieron diciendo que no lo encontraron. Los vecinos sostienen que 'el Oso' siempre andaba por ahí».

La Federal: «Es mentira. Fuimos y no lo encontramos. Parece que 'el Oso' iba sólo después de haber dado algún golpe. Además, aportamos ese dato y fue gracias a nosotros que se lo detuvo».

El Ejecutivo nacional apunta a realizar en la Federal una depuración como la que ejecutará el ministro Arslanian en la Bonaerense.

Horacio Verbitsky apuntó por dónde deberían seguir las remociones: por el jefe de Schettino, el comisario Carlos Alberto Sablich, «procesado a raíz de su desempeño en el caso del secuestro del hombre de negocios Maurizio Macri» (la z es parte de la ironía de Verbitsky). También apuntó a Quantín.

¿Qué hicieron en San Luis, durante dos meses previo al secuestro de Blumberg, la banda de Peralta y agentes de la SIDE? Peralta estuvo en San Luis de acuerdo con el relato a la Policía de Córdoba de vecinos del domicilio alquilado por integrantes de la banda. La SIDE estuvo en San Luis de acuerdo con denuncias públicas de Adolfo Rodríguez Saá y a una queja formal del gobernador Alberto Rodríguez Saá a Alberto Fernández, jefe de Gabinete de la Nación, de acuerdo con el matutino «El Diario de la República», de la familia Rodríguez Saá.

¿La Federal aceptará el revés o iniciará una pelea entre fuerzas de inteligencia y seguridad por el control de la Agencia Federal de Investigaciones?

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