8 de febrero 2002 - 00:00

Lanza Duhalde reforma, pero UCR salvó ya tercer senador

Eduardo Duhalde concretará hoy (con una semana de atraso por las incidencias de la batalla que libra con los jueces de la Corte Suprema de Justicia) el lanzamiento de lo que quiere que la historia identifique en el futuro como la «segunda república». En una charla que dará, grabará para la cadena oficial de medios del Estado («Radio Nacional» y «Canal 7») para emitir al país a las 20.30, el presidente designado glosará el acta del Acuerdo Federal para la Reforma del Sistema Político que firmó el miércoles en Olivos con 23 gobernadores (la única gobernadora, Alicia Lemme, de San Luis, se enojó por la caída del régimen de promoción industrial que ayer se repuso en el proyecto de presupuesto 2002).

Ese acta incluye un resumen de intenciones de reforma para bajar el gasto, mejorar la representación y saciar la demanda del público que critica los usos y costumbres de los políticos. Entre ellas, figura la posibilidad de llamar antes de fin de año a una reforma constitucional para renovar la totalidad de los cargos nacionales, provinciales y municipales cada cuatro años. Esa modificación, sin embargo, no será convocada hasta que el gobierno no recoja en las encuestas que recopila diariamente el Designado algún cambio a favor del humor colectivo.

El acuerdo obliga, además, a acuerdos que en la semana última no terminó de cerrar con algunos de sus socios, por caso, los radicales.

Sentados a la mesa hace dos noches en la Casa de Gobierno, discutieron hasta la madrugada qué podía acordarse para satisfacer la demanda del público de una mejor performance de la política, pero el gobierno avanzó pocas casillas.

Por de pronto, los radicales lograron salvar el tercer senador, figura que estaba entre las primeras víctimas del proyecto. «No puede haber dos senadores elegidos, tiene que haber tres para respetar mayoría y minoría», sellaron los delegados de Raúl Alfonsín para estas faenas (Jesús Rodríguez, Leopoldo Moreau, Marcelo Stubrin).

• Sin respuestas

Del otro lado de la mesa, los peronistas no encontraron respuesta; después de todo, los herederos de Perón en estas artes de la representación (política) siempre terminan aceptando la ciencia de sus adversarios y hoy socios, como ocurrió en el pacto de Olivos. Entonces, como esta vez, Raúl Alfonsín logró lo que quería. Ahora, del proyecto original del peronismo, termina salvando al Consejo de la Magistratura (seguirá existiendo, aunque más chico y, se espera, ágil) y el tercer senador -lo de- más de aquel pacto ni se discutió (autonomía porteña, elección de intendente, etcétera).

Hasta cuando se debatió la modificación del sistema de elección de los diputados nacionales, los radicales torcieron la idea del peronismo para esta
«segunda república». La lista sábana, un método que es importante sólo en distritos que eligen muchos legisladores, como Buenos Aires y Capital Federal, se quería cambiar por el de «tachas», según el cual el votante puede vetar el ingreso de alguna personalidad que le produce rechazo por alguna circunstancia.

Los radicales adhirieron a alguna flexibilización de la sábana, pero lograron reemplazar las «tachas» por las «preferencias», que le da al votante la atribución nada más que para modificar el lugar de un candidato en la lista.
Una suerte de «sábana a la carta». ¿Cómo vencieron la idea peronista de la «tacha»? Los convencieron de que este sistema termina castigando al candidato conocido y protege al desconocido. El votante, prueban algunos estudios, tiende a castigar desde su anonimato al candidato que goza de alguna celebridad; al desconocido, directamente, no lo conoce. «¿Quiénes son más conocidos para el público, nosotros o ustedes?», bromeó un radical riendo de la celebridad de peronistas ricos y famosos.

Duhalde
desenterró para describir su idea el rótulo de «segunda república», una clásica consigna del nacionalismo vernáculo que alzó en la década de los años '60 un Sánchez Sorondo (fue el título de una de sus revistas) para combatir los excesos de lo que calificaba como la «partidocracia». Prefirió, sin embargo, la evocación gaullista y algo menos autoritario de la Va. República del general Charles de Gaulle, un refundador en el estilo del que quiere recubrirse Duhalde.

• Reducciones

La idea que lanzará hoy incluye también reducir las estructuras de gobierno en 25 por ciento, eliminar los gastos reservados, limitar el gasto de la función legislativa de las provincias y de los concejos deliberantes y hacer lo mismo a nivel nacional.

Además, aspira a reducir en 25 por ciento el número de miembros de la Cámara de Diputados de la Nación y, en una cifra a combinar, el de las Legislaturas provinciales, así como el número de concejales y hacer que los ediles de ciudades con menos de 10 mil habitantes no cobren sueldo.

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