30 de diciembre 2005 - 00:00

Magistratura: espejo de las disidencias del duhaldismo

José María Díaz Bancalari
José María Díaz Bancalari
«Esto es un River-Boca, y yo soy de Racing», bromeó, sin despertar más que alguna mueca, Carlos Ruckauf para explicar por qué, contra todos los pronósticos, terminaría avalando -en general- el proyecto del gobierno para reducir el Consejo de la Magistratura.

La pirueta del ex canciller y efímero gobernador bonaerense generó una convulsión dentro del PJ y sembró la teoría, todavía no probada, de que Ruckauf encontró una palabra de aliento en la Casa Rosada y que su firma a favor del dictamen de Cristina fue la compensación.

¿Quién prometió cobijar al ex vicepresidente? La primera lectura conduce a Aníbal Fernández, que fue ministro suyo en Buenos Aires y con quien, a pesar de las mansalvas contra «Rucu» pronunciadas desde el gobierno, nunca dejó de atenderle el teléfono.

Pero otros conspiradores imaginan que Ruckauf habría encontrado un sponsor secreto de mayor relevancia, con quien en el pasado también estuvo vinculado y que en la actualidad es uno de los hombres más poderosos del gobierno de Kirchner: Alberto Fernández.

Nada de eso, claro, puede demostrarse y probablemente esas interpretaciones sean sólo visiones febriles de los ex duhaldistas que todavía sienten los efectos colaterales de ver cómo, en apenas cuatro meses, se les licuó el poder que ostentaron durante una década y media.

Como dato relevante, la discusión por el proyecto para achicar el Consejo de la Magistratura puso en escena al duhaldismo residual y sirvió como espejo para comprender las conductas de unos y los deseos de otros. Una anécdota, en el fragor de la discusión, sirve para ilustrar.

En un alto de la reunión de la Comisión de Acuerdos,
Ruckauf, Cristian Ritondo, Jorge Landau y Juan José Alvarez se reunieron para acordar cómo votarían ante el proyecto oficial.

J.J.Alvarez:
Votemos en disidencia.

C. Ruckauf:
No. Yo voy a votar en disidencia parcial (lo que implicaba avalar, con reservas, el proyecto).

J.J.A.:
Unifiquemos una postura, no podemos ser cuatro y tener dos votos diferentes.

C.R.:
Está bien. Yo pongo en disidencia.

C. Ritondo:
Pero yo quiero votar en disidencia total.

J.J.A.:
Bueno, terminemos. Pongamos disidencia y listo. Un rato después, como prueba de la dispersión que sufre el duhaldismo, hubo tres posturas diferentes: Landau, que juega en sintonía con José María Díaz Bancalari, votó en «disidencia» a secas; Ruckauf en disidencia «parcial» mientras que Alvarez y Ritondo lo hicieron en «disidencia total».

Es decir: finalmente, hubo tres posturas diferentes entre cuatro integrantes de un mismo bloque.

Lo que parece una sutileza revela, en realidad, los pliegues en que se va descascarando el duhaldismo y que responden a necesidades y tácticas de supervivencia y al trato que cada uno recibe -o espera recibir- del gobierno.

• Antes que nada, hay que recordar que
Kirchner intentó, sin éxito, voltear a Ruckauf de la lista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires que compitió en las legislativas de 2003. Pero por entonces Duhalde manejaba la lapicera y su pequeña libretita negra para digitar las boletas del PJ: el canciller sobrevivió y llegó al Congreso. Por eso, y por su cercanía al ex presidente, Ruckauf formaba parte hasta hace 72 horas de los «marcados» que jamás serían reciclados por el gobierno. Pero algo cambió: ¿fue un gesto gratuito del ex canciller para ver si se encendía una luz al final del camino o, en realidad, le tiraron una soga desde la Casa Rosada? Por lo pronto, Ruckauf se reconoció racinguista como el Presidente.

• Alvarez, en tanto, juega a la dureza y eso tiene dos explicaciones: a) que considera que así se levanta el precio para que lo convoquen desde la Rosada; b) que está furioso y dolido porque
Hugo Curto, su eterno rival seccional, convenció a Luis Acuña, intendente de Hurlingham (partido que gobernó J.J.A.) de acercarse a Kirchner por sus propios medios. Traducción: Alvarez se quedó sin territorio, lo que disparó el apodo, voraz, de un vecino de bloque que lo bautizó por eso «Juan, sin tierra».

Landau, a su vez, encarna la visión acuerdista que lleva adelante Bancalari con sus recurrentes visitas a la Casa Rosada, donde promete que de a poco irá convirtiendo a los duhaldistas potables en kirchneristas críticos y más tarde, cuando los diarios del 23 de octubre estén amarillentos, serán kirchneristas feroces.

Ritondo, a su vez, perduró en el bloque PJ para desde adentro captar duhaldistas para arrimar al fuego de Macri. Es opositor y, por tanto, actúa como tal. Se encuentra, en ese carril, con Eduardo Camaño, a quien atribuyen haber alimentado la reacción de Chiche Duhalde contra Díaz Bancalari en los últimos días y el haberse opuesto fieramente al proyecto de Cristina Fernández sobre la reforma del Consejo de la Magistratura.

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