26 de agosto 2005 - 00:00

Más contra Duhalde ayer por "impunidad"

Cristina Kirchner ayer en el sindicato de los bancarios puso el gesto serio y la palma sobre el corazón -en el estilo americano que le enseñó Rafael Bielsa- para entonar tres estrofas de la marcha peronista.
Cristina Kirchner ayer en el sindicato de los bancarios puso el gesto serio y la palma sobre el corazón -en el estilo americano que le enseñó Rafael Bielsa- para entonar tres estrofas de la marcha peronista.
En el «planeta Kirchner» todo, tarde o temprano, deriva en Eduardo Duhalde. En el último mes y medio, cada registro del matrimonio presidencial drenó, con más o menos virulencia, en el ex presidente y -hasta hace apenas 50 días- su principal aliado en el peronismo.

Con esa lógica, Cristina Fernández se colgó de la memoria reciente de Duhalde para facturarle, con retroactivo, que en 2002 -por pedido expreso del FMI- impulsó la derogación de la Ley de Subversión Económica. «Se dio impunidad a los ladrones», zapateó sobre el ex socio.

Eligió el lugar indicado para zamarrear al ex presidente: la sede de La Bancaria, el gremio de los empleados de bancos, que en su momento también se opuso a la anulación de la norma que penaba delitos económicos por parte de bancos y holding financieros.

La ley se derogó en mayo de 2002 y los Kirchner, Néstor como gobernador de Santa Cruz y Cristina como senadora, operaron contra la sanción. Hasta usaron el avión sanitario para trasladar desde Corrientes al senador Lázaro Chiappe para que vote contra la derogación.

• Repaso

Ayer, revisionista, Cristina rememoró las críticas por el flete a Chiappe y repasó aquellos días para flagelar a Duhalde. «Nosotros nos opusimos a aquella derogación que instauró la impunidad para los responsables del mayor latrocinio de la historia argentina», dijo.

Fue, en rigor, un sablazo más sobre el lomense luego de que la primera dama denuncie desde Rosario un plan de «desestabilización» al que, ayer, desde Bahía Blanca. Kirchner puso nombre y apellido: Carlos Menem, Eduardo Duhalde y Luis Patti (ver nota aparte).

Cristina apareció por la sede de La Bancaria, sobre la calle Sarmiento, para recibir, formalmente, el apoyo de ese gremio a su candidatura a senadora en la provincia de Buenos Aires. Sólo
Juan Perón y Héctor Cámpora habían logrado un respaldo explícito similar.

«Para mí este apoyo es una condecoración»,
endulzó Cristina los oídos de Juan José Zanola que, antes, había lanzádole un buscapié al duhaldismo respecto de la derogación de la Ley de Subversión Económica que luego abrazó la primera dama para continuar el castigo.

Junto a
Cristina, además de Zanola, se sentaron el ministro Julio De Vido y la economista Mercedes Marcó del Pont, candidata a diputada nacional por Capital Federal. Desde la FIDE, Marcó del Pont construyó una relación con los bancarios que ayer la saludaron como «una gremialista».

Los vínculos de Zanola con funcionarios y dirigentes se midieron, también, en otro plano: Héctor Recalde, abogado de la CGT moyanista; Sergio Massa, de la ANSeS; Carlos Kunkel; el judicial Julio Piumato, y Francisco «Barba»

Gutiérrez
se acomodaron detrás de la candidata «top».

En el vip, mientras tanto,
Luis Corsiglia se codeaba con los caciques de la CGT José Luis Lingeri y Juan Manuel Palacios, el dirigente Juan Carlos Dante Gullo y el «casco blanco» Gabriel Fucks, candidato «testimonial» a diputado nacional por la Capital.

• Opción

Sobre el final, Cristina volvió a su guión preferido. «Hay algunos que se dicen dueños del sello y los atributos del peronismo. Que se queden con el escudo, yo me quedo con la defensa de los derechos de los trabajadores», dijo pensando en los Duhalde.

Por ese camino salió a buscar votos extra-PJ:
«Si son radicales, socialistas, lo que sean, pero tienen como primer objetivo la patria, vengan con nosotros», tiró el anzuelo electoral. Antes, al abrir el acto, había cantado tres estrofas de la « marcha peronista».

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