28 de noviembre 2005 - 00:00

Mirada bolivariana en ejercicio militar

José Pampuro
José Pampuro
Operativo Ceibo 2005 que se realizó en Mendoza, y que reunió a las Fuerzas Aéreas del Mercosur ampliado, confirmó la existencia del eje Buenos Aires-Caracas, ya que por primera vez, en su cuarta edición, se incorporó en calidad de observador a la Fuerza Aérea de Venezuela. Estaba prevista la visita del ministro de Defensa, José Pampuro, que debió cancelarla por problemas de agenda, precisó su vocero, viajando en lugar de él los secretarios de Asuntos Militares y de Planeamiento.

Los únicos países que participaron con sus aviones de combate -terminó el sábado, después de una semana de maniobras- fueron Brasil, Chile, Uruguay y la Argentina.

Bolivia y Paraguay también lo hacen, pero sin incorporar material aéreo. Desde Venezuela, a la que nadie mencionó como República Bolivariana, que emplea con insistencia el presidente Hugo Chávez, llegó el comandante del arma aérea acompañado de tres pilotos militares, como observadores.

Las sedes de estas maniobras aéreas, que Chile denomina «Salitre» y Brasil «Crusex», fueron las Brigadas IV (en Mendoza, donde se forman los pilotos de caza, en los entrenadores avanzados IA-63 Pampa) y V (en Villa Reynolds, San Luis, base que alberga a los Skyhawk A4-AR).

Al explicar la operación, el comandante de Operaciones Aéreas y jefe de las maniobras, brigadier José Luis Gavari Zoco, aclaró que no se hace tiro de guerra y que cada país se hace cargo de sus gastos, referido al traslado hasta el lugar, mantenimiento y operación de sus aviones de combate. Esto explica por qué el gobierno, con la firma de Néstor Kirchner y del ministro Pampuro, aprobaron gastos tan reducidos para la Fuerza Aérea en maniobras, respecto de los mucho más altos del Ejército y la Armada.

• Reacciones

La IV Brigada se ocupó del alojamiento y la alimentación de los alrededor de 800 participantes, ocupando así un hotel céntrico de la capital mendocina y otro de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).

El desarrollo hipotético del operativo dio lugar a curiosas reacciones en el periodismo llegado desde Chile. La explicación de Gavari Zoco dio cuenta de que
un país agresor, «Canopus», había invadido a «Orión», obligando a una coalición de cuatro países con apoyo de «Alfa Centauro». Como hipótesis de conflicto se señalaron tres, clásicas: viejas cues tiones limítrofes, necesidad de recursos naturales y participación de terceros países.

Parecía un ejercicio hecho a medida para el enfrentamiento entre la Argentina y Chile en 1978.
Fue cuando ambos países disputaban los tres islotes en el Beagle, que una mediación papal posterior y un plebiscito en tiempos de Raúl Alfonsín, dejaron la Picton, Lennox y Nueva en manos de Chile. «¿La diagramación del proyecto tuvo en cuenta algún antecedente real?», fue la pregunta que de inmediato se escuchó. La respuesta negativa de Gavari Zoco los dejó satisfechos a medias. Fue un general brasileñode ascendencia italiana, Anibaldinho Rosatto, quien tuvo a su cargo señalarle a este diario que la reiteración de estos ejercicios, así como los realizados por Brasil y la Argentina, había permitido un conocimiento y una cercanía que en otros tiempos hubieran resultado impensables.

El comodoro santafesino
Guillermo Martínez, ahora a cargo de un grupo de combate en la base de Villa Reynolds (San Luis), que participó en la guerra por Malvinas en 1982 con un Douglas A-4C, afirmó: «Nosotros elegimos esta profesión para defender desde el aire el territorio nacional y es nuestro deber hacerlo lo mejor posible».

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