Misiones y los miedos
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Desmerece también a la democracia argentina la aparición de activistas como el dirigente de Chacarita Juniors Sergio «LaTuta» Muhamad. Participó de incidentes públicos en la toma del Hospital Francés junto a la Policía, luego de haberse fotografiado con Néstor Kirchner, quien seguramente no podía prever las consecuencias de esa instantánea, una de las tantas a las que se presta un presidente cotidianamente.
El modo de ser nuestro, de los argentinos, nos hace temer la derivación de abrir los tiempos del poder. Procuramos, entonces, prescindir de una eventual eficiencia gubernativa con la continuidad de mando por riesgo al autoritarismo. Y no está mal que lo piense así mucha gente y la Iglesia, aunque se dan circunloquios sobre la real preocupación de fondo. No es realista pensar que Néstor Kirchner necesite la «experiencia misionera» si planea su propia hegemonía. Cuanto más le sirve para identificar las oposiciones. Importa en Misiones despejar la duda porque se dieron antes contradicciones acerca de que con fondos públicos repartidos desde la Casa Rosada se puede implantar hoy lo que se quiere en las provincias. Demasiados justifican el acatamiento a Casa Rosada en la necesidad de no privarles fondos a sus gobernados en comparación con otros que cedieron primero. Tan penoso como cierto, aunque haya detestables que se cuelguen del argumento.
Pasó al mundo de los humoristas un hecho de esta época que, sin embargo, nos ha rebajado la autoestima a los argentinos y nos revuelve adentro: conocíamos bastante nuestros males, presumíamos otros pero no teníamos la certeza, como ahora, de que con dinero abundante en el gobierno del momento haya tantas voluntades comprables: piqueteros, prensa, políticos opositores, barras bravas, traspaso de legisladores, adhesión de banqueros, empresarios, gobernadores, intendentes y, desde ya, logro de votos. Hay excepciones, pero tan pocas que hiere. Podremos algún día el resto de los argentinos perdonarles muchas cosas a los santacruceños menos habernos descarnado tanto.
Hombres tan dispares como Néstor Kirchner y el economista Roberto Alemann creen que el régimen presidencial de 6 años es mejor para la Argentina que dos períodos de 4. Nadie dudaría que en Alemann es, equivocada o no, una buena intención. En Kirchner siempre se pensará mal. Lo mismo deriva ahora al misionero Rovira.
Es lamentable, una ironía, que un momento de prosperidad excepcional para la Argentina por una coyuntura externa tan favorable sirva para dividir y no para suavizar pasiones. Le debemos al consumo chino la bonanza -como no se daba en el país desde 1875 cuando el primer barco histórico con cámaras frigoríficas inició que inundáramos el mundo con carne de nuestras pampas durante 50 años. Hoy no sirve la abundancia para reencuentro sino para jibarizar la democracia. Se la utiliza para tentar hombres débiles y provocar una diáspora en partidos políticos opositores. Para sofisticaciones tecnológicas de espionaje interno. Para comprar prensa. Para ganar elecciones.
Tenemos una coparticipación de impuestos de las provincias con notorias injusticias, sin posibilidad de solución técnica por la tormenta política que levantaría. Junto a eso tenemos un mecanismo discutible de un dólar artificialmente alto que permite al gobierno acumular fondos, por retenciones, sin herir en general el ingreso de los productores según le hubiera correspondido en una paridad cambiaria normal. En definitiva, éste es el único plan visible del gobierno, mucho más con visión de política que económica, que le da cuantiosos fondos acrecentados con impuestos distorsionantes como el «del cheque». Esa enorme masa de dinero no es coparticipable automáticamente con las provincias, como el resto de los impuestos nacionales, por lo cual le brinda a quien desempeña el Poder Ejecutivo Nacional un enorme mando discrecional de uso que prácticamente hace imposible una democracia clásica, seria, como en los países desarrollados. Ese es el problema en Misiones o en cualquier elección, inclusive la presidencial del año próximo.
Una reunión anual de gobernadores, con poder de veto presidencial si se quiere, para repartir los montos no coparticipables automáticamente, aunque saltaran chispas en los diálogos, desarrollaría mejor el país, no afectaría la democracia y la provincia que se sintiera sin justicia un año acumularía argumentos para la reunión del próximo. Néstor Kirchner no cree que ser estadista asegure más el poder que la manipulación.
La consecuencia es un país con miedos, con espionajes, «carpetazos», silencios cómplices, prensa autoamordazada, políticos doblegados pero resentidos, continuas diatribas públicas, ¿Cuántos se mostrarían hoy públicamente junto al periodista Joaquín Morales Solá, salvo los que quieren una impregnación para victimizarse, tras una estigmatización sin sentido del Presidente? ¿Cuántos solicitan para actos que no inviten a funcionarios porque al no poder concurrir temen quedar en las listas negras de la SIDE? ¿Cuántos amigos le piden a este diario que festeje como quiera sus 30 años dentro de dos meses pero sin fiesta pública -no se hará- porque no podrían arriesgarse a una foto? Haber generalizado el miedo en la abundancia es imperdonable en nuestro país.




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