Moderado Iglesias es nuevo jefe de la UCR
El ex gobernador Roberto Iglesias sucede al chaqueño Angel Rozas, que capitaneó el partido durante el peor momento de su crisis. Consiguió el mendocino finalmente la unanimidad de todos los delegados radicales después de haber peleado contra el rionegrino Pablo Verani, que contaba con el apoyo del más ortodoxo alfonsinismo. Un avance alentador.
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El mendocino Roberto Iglesias, nuevo presidente de la Unión Cívica Radical, ayer junto al
chaqueño Angel Rozas, jefe saliente, en el plenario de delegados partidarios que lo eligió.
Iglesias, apoyado por Angel Rozas y Margarita Stolbizer, se había instalado por la tarde en el hotel Savoy. Allí se dedicaron a armar las listas de la nueva conducción en la que lo acompañarían.
Verani llegó al Comité Nacional acompañado por sus delegados a las 19.30, una vez empezado el encuentro, y se abrazó con Iglesias.
El hermetismo que mantenían los dirigentes que negociaban votos hacía pensar que se trataba de la interna de un partido de gobierno. Afuera tronaban los bombos de la Juventud Radical y Franja Morada -brazo universitario del radicalismo-, mientras en el salón de reuniones campeaba un aburrimiento general entre los presentes por la demora en tomar una decisión que hacía 48 horas ya estaba cantada: desde el martes Iglesias había conseguido 59 votos de delegados, lo que le permitía ganar la elección e incluso reunir el cuerpo con quórum propio.
Pero como de negociación se trata, a último momento los delegados decidieron pasar a un cuarto intermedio para otro intento de unificar una conducción.
Para entonces, entre el ruido de los redoblantes que se trasladaron al interior del salón y el calor, la mayoría de los dirigentes estaba en la calle.
Como quien sabe que poco queda por definir, se veía caminar por la vereda al mendocino Raúl Baglini, a Juan Manuel Casella y hasta a Enrique «Coti» Nosiglia, al que algunos presentes le facturaronel haberse pronunciadoa favor de la candidatura de Iglesias hace días y después amagar una jugada a favor de Verani. No se comprobó, de todas formas, ese pase momentáneo que tanto hubiera gustado a Raúl Alfonsín, que, después de haberse retirado de la carrera por la presidencia de la UCR, siempre mantuvo su simpatía por el rionegrino.
Cuando hay poco poder para repartir, como le sucede ahora al radicalismo entre la merma electoral y los peligros de la seducción de Néstor Kirchner sobre los gobernadores del partido, la euforia disminuye. Por eso el plenario terminó en algunos momentos convirtiéndose en una tediosa espera más que en puja política.
«La verdad es que estos bombos que aturden no cumplen ninguna función después del '83. Hace rato que nos deberíamos haber despegado de estos símbolos que no son nuestros», protestaba un alfonsinista en la puerta, cansado de no poderoír el discurso de despedidadel cargo que adentro pronunciaba el chaqueño Angel Rozas.
• Autocrítica
Este proclamó en su discurso: «Fuimos el único partido que asumió sus responsabilidades por nuestros errores en el gobierno, haciendo la autocrítica pública más enérgica que se haya conocido, mientras siguen actuando de salvadores de la patria los mayores responsables de la decadencia argentina», repartiendo palos hacia el peronismo y también hacia adentro: «Tenemos que decir con toda nuestra fuerza que no formamos parte de la pretensión hegemónica del gobierno y de su partido, que estamos dispuestos a luchar en todos los frentes para defender nuestros valores y nuestras ideas en forma intransigente y que trabajamos para competir políticamente y lograr el poder. Pero esto no se consigue si sólo lo decidimos en la intimidad del partido. Tampoco se consigue si tenemos actitudes contemplativas que confirmen las sospechas de la gente».
Afuera, muchos radicales sin poder oírlo esperaban desilusionados lo que creyeron iba a ser un debate doctrinario para aggiornar la imagen del partido: «No hubo ningún debate, es más de lo mismo: sólo juntar los votos», era la queja.




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