Moyano resquebraja más la alianza con el Presidente
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La cumbre con Daer y la presunta preferencia de Kirchner por los «gordos» incomodaron a Moyano, que, sin chocar, embistió ayer contra el gobierno. De hecho, al sugerirle -con ironía, obvio- repatriar a Emilio Cantarero, sospechado por las coimas en el Senado, le imputa intenciones poco claras.
Periodista: ¿Le molestó que Kirchner diga que prefiere a la CGT oficial?, le preguntó este diario.
Hugo Moyano: Mire, a mí me pondría mal si me deja mi mujer, pero no si le caigo más o menos simpático a alguien. Además un ministro, que no es el de Trabajo, me llamó para decirme que eso era un operativo de prensa.
P.: ¿No le importa?
H.M.: Mire. Yo no creo que el Presidente esté pendiente de si Moyano o los «gordos» dicen algo, o no dicen nada; él tiene cosas más importantes que hacer.
P.: Pero parece que es un clásico con todos los presidentes: al principio cuestionan a la CGT oficial, pero después se terminan acercando a ellos.
H.M.: Yo no puedo estar en la cabeza del Presidente. Pienso que él elige a sus interlocutores en función de su necesidad y de las cosas que tiene que hacer como presidente.
P.: Entonces, sigue siendo el interlocutor privilegiado del gobierno en el tema de la reforma.
H.M.: No, yo no digo eso. Tomada me dijo que quieren consensuar la reforma con nosotros porque fuimos los que nos opusimos a esta ley, que los de la CGT oficial negociaron y otros se hacían los distraídos.
Como argumento adicional, Moyano expuso que Héctor Recalde, emisario de la CGT disidente, se reunirá con el ministro de Trabajo para arrimarle una propuesta sobre los artículos que, una vez derogados, deberán ser reemplazados en la denominada ley Flamarique.
Además de Tomada en Trabajo, Moyano cuenta con otra oreja amiga en el Congreso: se trata de José María Díaz Bancalari, jefe del bloque de diputados del PJ, y con extenso currículum en materia gremial, que opera los retoques a la ley que está programado votar en febrero.
El camionero ya acercó su postura: derogar los artículos «más conflictivos». Sobre todo, los referidos a la ultraactividad, la extensión de los períodos de prueba y, especialmente, el que permite negociar por empresa condiciones distintas de las que pactó el gremio en general.
Ahí arranca la otra discusión, que hoy apurarán durante el encuentro Tomada y Recalde: definir qué textos reemplazarán a los artículos derogados.
P.: ¿Qué propuesta le van a hacer al gobierno sobre la nueva ley?
H.M.: Estamos trabajando en eso. Sí, le digo algo: yo soy bastante exigente, pero no soy loco como para pedir que se aplique una ley del año '50 en estos tiempos.



