7 de abril 2004 - 00:00

No ataquen a los policías (obispos)

Casi tres horas duró el encuentro entre Felipe Solá y los obispos bonaerenses, con el tema de la crisis en materia de seguridad como eje de la convocatoria gubernamental. El mandatario provincial, el mismo día que el Senado platense encaró la reforma del Código Procesal Penal, buscó ampliar la base de sustentación de su gestión de gobierno. Los 18 obispos presentes insistieron ante el mandatario en la necesidad de una acción conjunta entre la Nación y la provincia -«pónganse de acuerdo», se escuchó-, sin entrar en temas puntuales y, mucho menos, en la propuesta de soluciones, que todos coinciden en señalar que son resortes propios del gobierno. En este sentido le señalaron a Solá que un eventual plan no tendría sentido si no hay decisión política -«medidas de fondo», dijeron-de atacar la pobreza, la marginación, más trabajo, más educación y también una profunda reforma política. Esta última, aclararon, para asegurar una mayor representatividad de quienes resulten electos. Sobre la propuesta de endurecimiento de las penas, fueron cautos y le manifestaron a Solá que es un tema que debe ser abordado con sentido común y equilibrio, sin entrar en excesos.

No fue ésta la única reunión mantenida por el gobernador con jefes religiosos, en su estrategia de participación sectorial. Por la tarde volvió a hacerlo, en la ronda de consultas, con dignatarios judíos (AMIA La Plata), protestantes, ortodoxos griegos y armenios, e imanes musulmanes (Centro Islámico de la República Argentina). En ambos casos, el mandatario provincial fue acompañado por la vicegobernadora a cargo interinamente de la cartera de Seguridad, Graciela Giannettasio; el director provincial de Culto, Gerardo Di Fazio; los ministros de Justicia, Eduardo Di Rocco; de Educación, Mario Oporto, y el jefe de Gabinete, Florencio Randazzo.

• Ausente

En la reunión con el grupo de 18 prelados -sólo faltó Justo Oscar Laguna (Morón), se contaron los arzobispos Guillermo Garlatti (Bahía Blanca), Rubén Di Monte (Mercedes-Luján) y Héctor Aguer (La Plata), y los obispos Agustín Radrizzani (Lomas de Zamora), Juan Alberto Puígari (Mar del Plata), Rubén Frassia (Avellaneda-Lanús), Emilio Bianchi Di Cárcano (Azul), Jorge Casaretto (San Isidro), Baldomero Martini (San Justo), Carlos Malfa ( Chascomús), Fernando Bargalló (Merlo-Moreno), José Luis Mollaghan (San Miguel), Héctor Cardelli (San Nicolás), Martín Elizalde (9 de Julio), Luis Teodorico Stöckler (Quilmes), Guillermo Rodríguez Melgarejo (San Martín), Rafael Rey (Zárate-Campana) y Juan Horacio Suárez (Laferrère), obispo de la última diócesis creada -en La Matanza-, que llegó retrasado, cuando ya se había iniciado el cónclave.

• Inquietudes

Puígari, reciente en su designación como diocesano marplatense, al ser consultado explicó que las inquietudes expresadas por los prelados «van más allá de los temas puntuales de seguridad y son más amplios: educativos, sociales, económicos, la falta de trabajo». Según Puígari, esos factores son los «que motivan la inseguridad» y así se lo hicieron saber al gobernador, que los recibió ayer pocos minutos después de las 10.30 en el Salón Francés de la residencia aledaña a la Casa de Gobierno en La Plata.

A su turno, monseñor
Frassia planteó «la necesidad de que la gente sea idónea, capaz y honesta, y ocupe los cargos que tenga que ocupar, pero que sea fiel a esa realidad», relató el obispo de Avellaneda-Lanús. Señaló que «hay que salvaguardar el valor de la institución» policial, más allá de que haya «personas malas o dehonestas». Expresó que el diagnóstico que la Iglesia Católica hace de la inseguridad «es crítico», y afirmó que «es un problema que compete tanto a la provincia como a la Nación». E insistió en que «en los últimos días, uno ha leído en los medios, que hay entre Nación y provincia como un doble lenguaje y, ante eso, la Iglesia dice `por favor, pónganse de acuerdo'», afirmó.

Por su parte
Garlatti, arzobispo de Bahía Blanca, con respecto a los sectores que reclaman el endurecimiento de las penas, señaló la importancia de manejarse «con sentido común en base a la Justicia y a la equidad sin entrar en excesos».

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