Elisa Carrió rechazó anoche la iniciativa de firmar junto con Carlos Menem y el resto de los candidatos presidenciales un compromiso para respetar el resultado electoral por entender que el ex presidente «nunca cumplió con lo que prometió». Llamó la atención la negativa, una iniciativa de la Mesa del Diálogo Argentino donde cohabitan católicos, judíos y musulmanes. Más aún, tratándose de la candidata más pía y practicante de su fe religiosa. «Nosotros queremos saber de dónde viene el dinero para las campañas electorales para saber para quién se va a gobernar», se escuchó anoche en el salón del coro de la iglesia porteña de San Juan Bautista. Como si estuviera sentada en su banca de diputada, Carrió empleó todo su repertorio de barricada ante la cuarentena de integrantes del Diálogo Argentino, algunos de los cuales se los vio asentir en silencio.
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Curiosamente, el obispo de Lomas de Zamora, Agustín Radrizzani, que el martes no concurrió a similar audiencia con Adolfo Rodríguez Saá, ayer se sentó a la diestra de la candidata de Afirmación para una República Igualitaria. La candidata sostuvo que «el verdadero problema de gobernabilidad del país es la Corte Suprema de Justicia»; se defendió de quienes la acusan de autoritaria y advirtió que en los próximos comicios «no sólo se discutirá poder, sino también muchos negocios».
Carrió asistió invitada por la Mesa del Diálogo Argentino, integrada por las distintas iglesias y organizaciones civiles públicas y privadas. Frente a unos 40 representantes de éstas, la postulante del ARI -haciendo gala de su fama de católica de misa diaria-, aprovechó el ámbito eclesiástico de la iglesia San Juan Bautista y dijo: «Si no hubiera sido por la fe, me hubiera quebrado, me hubiera ido, pero la fe me permitió sostenerme en este lugar». Lo dijo recordando su provincia, Chaco, claro, que no la reeligió al termino de su primer mandato.
Luego de la bienvenida de Radrizzani, la candidata se dedicó a hacer un diagnóstico de la situación argentina y del «nuevo contrato moral». Aseveró que «el problema central de la Argentina es moral», criticó el «doble discurso cínico, divorciado de la acción» y señaló que «algunos candidatos no pueden presentar sus declaraciones juradas, pero sí pueden ser candidatos a presidente». En su exposición, aseguró que «el verdadero problema de gobernabilidad del país es la Corte Suprema de Justicia» y, por eso, propuso «ir hacia el juicio político o la reforma constitucional con el cese de la Corte».
Postuló también «sacarle al Presidente la posibilidad de designar jueces, acotar las facultadesdel jefe de Estado en ese sentido» y explicó: «Le tiene que llegar una terna porque el Presidente puede tener la mejor vocación, pero tiene debilidades personales». Algunos no entendieron qué función cumple el Consejo de la Magistratura.
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