Cristina de Kirchner avanzó ayer hasta la tapa de la revista «Gente», que le dedicó anoche 9 páginas de reportaje y fotos que muestran a una desinhibida primera dama en plan de estreno del look capilar con extensiones y sin jopo, creación de Alberto Sanders, el coiffeur de Araceli González.
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La esposa de Néstor Kirchner se abstiene de hablar de su cambio estético, pero no se priva de hacer declaraciones que servirían de destacado para cualquier revista del corazón. «El otro día fui por primera vez a mi departamento de la Capital. Estaba tal cual lo había dejado. Mis cuadros, mis libros, mis rincones, y se me cayeron las lágrimas», confiesa. Esto explica por qué desplazó de la portada a Ingrid Grüdke o a las bellezas que adornan esta edición de «Gente», en particular apenas se inicia la temporada de verano.
Trata de concentrarse en cuestiones políticas y, en ese tren, la emprende contra Eduardo e Hilda Chiche Duhalde. «Me llama la atención que los Duhalde digan que el gobierno tiene manos de seda con los piqueteros.A ellos, les pasó lo de las muertes de Kosteki y Santillán», afirma en la revista que le atribuyó en algún momaento cierta afición menemista.
«Cuando esto pase -dice en alusión al gobierno-, quisiera ser profesora universitaria y cuidar mis rosas.» La confesión, en parte, explica cómo hizo para codearse en la misma edición de «Gente» con polistas, modelos y un reportaje a Mariano Martínez, la estrella de la tira de «Canal 13», «Son amores».
Para completar la cobertura sobre la intimidad presidencial, sigue una nota a Mirtha Legrand de 3 páginas acerca del almuerzo que compartió con el matrimonio presidencial en El Calafate, Santa Cruz, el viernes pasado. Este segundo envío completa el retrato «de Estado». El cronista, antes de concluir la nota con la señora de Kirchner, no puede reprimir cierta condescendencia: «Usted y Kirchner tienen un índice de popularidad de más de 80%, ¿le importan las encuestas?».
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