1 de septiembre 2005 - 00:00

Nuevo giro: ahora Kirchner no quiere achicar la Corte

Eduardo Camaño
Eduardo Camaño
La promesa de Rafael Bielsa sobre la aparición de nuevas pruebas y protagonistas del complot de desestabilización del gobierno que fue denunciado por Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner comenzó a cumplirse esta semana. Ayer se confirmó un dato clave: el Congreso es parte de ese complot. Por lo menos fue lo que analizó el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a la luz del dictamen que emitió la Comisión de Justicia de Diputados para reducir a siete el número de miembros de la Corte Suprema, impulsado por la oposición. ¿Cuál fue el pecado desestabilizador, entonces? Dictaminar los opositores que no vale la pena continuar con esta Corte de nueve miembros, cuando el gobierno insiste con mantenerla en nueve como si quisiera con estos dos jueces faltantes recuperar una influencia en el máximo tribunal que los que nombró hasta ahora parecen no querer concederle.

De todas formas, un hecho no puede negarse: aunque el gobierno rechace reducir la Corte, la movida de la Comisión de Justicia aportó un argumento que, vía saturación mediática, puede convertirse en la primera prueba concreta del famoso plan de desestabilización. Que después haya que ver cómo se hace para seguir viviendo con un Congreso que conspira contra el presidente de la Nación, es otro tema.

Hubo otro problema que quedó claro con esta crisis: toda la movida del duhaldismo y la oposición se dio en la Comisión de Justicia sin la intervención, control o permiso del cuarteto kirchnerista que comanda el bloque PJ.

Y quizás ésa sea una de las piedras del zapato presidencial.Una pregunta corre hoy por lo pasillos del Congreso, para solaz del duhaldismo: ¿de qué le sirvió a Kirchner el derrocamiento de José María Díaz Bancalari? Ahora el bonaerense está fuera de la conducción, lo que le da libertad para hablar y no frena más conatos de rebeldía, que le valieron el apodo del mejor hombre K en el Congreso, cargo que ahora dejó en manos de Miguel Pichetto. Además, sin un bloque peronista comandado por duhaldistas, Eduardo Camaño también puso su lengua al servicio de la campaña, cuando hasta hace poco era el garante de la votación de las leyes que pedía el gobierno. Por eso el jefe de Gabinete tuvo palabras especiales para él: «Camaño dijo: 'No van a saber cómo gobernar, porque tendrán a todos en contra'. Cuando hablamos de la necesidad de construir un proyecto que nos permita terminar dos años de gestión con un sistema de gobernabilidad apto, esto es lo que estamos anticipándole a la gente: miren estos candidatos, dicen primero que nos van a acompañar y después miren lo que hacen», sentenció el ministro.

No se refirió el jefe de Gabinete a ese terrible problema que está teniendo hoy el gobierno en el Congreso al haber ganado una conducción de la bancada PJ que no le sirve para frenar leyes incómodas o que, como en la sesión de ayer, consigue reunir a los diputados, pero a costa de aguantar una andanada de pedidos de informe, cuestionesde privilegio y discursos antioficialistas sin mencionar la imagen de Hilda Chiche Duhalde sentada durante hora y media en el recinto esperando sesionar y diciendo: «Acá estoy, ¿y ustedes?».

• Definiciones

El nuevo episodio que sirvió de disparador al tercer capítulo de la conspiración desestabilizadora tuvo ayer definiciones claras:

«Cuando hablamos de una vocación desestabilizadora, de lo que estamos hablando es de esto, de una máquina que se quiere poner en marcha para impedir gobernar -dijo el jefe de Gabinete-. Lo que han hecho ayer en la comisión con el tema del número de jueces en la Corte, en realidad, es una jugada perversa.»

«Desestabilizar es poner piedras en el camino de la gobernabilidad, y la realidad es que ahora están quedando al descubierto», fue otra de sus definiciones para enmarcar el dictamen de los diputados en la confabulación.

Elisa Carrió tuvo también una explicación clara del episodio. Ayer, durante un almuerzo con la Cámara de Industria y Comercio Franco Argentina, dijo ante un centenar de empresarios galos: «Lo que le pasa al gobierno es que quiere arreglar el error que cometió en la Corte. Esta Corte anda bien, hay que dejarla caminar». Es decir, los miembros nombrados, para la candidata, no responden a la línea que soñaron los arquitectos del nuevo tribunal y ahora le quedan dos miembros por nombrar para solucionar el problema. En esa línea, reducirla a siete miembros es un ataque contra la patria.

• No se puede olvidar que uno de esos nuevos integrantes,
Horacio Lorenzetti, visitó varias veces el Congreso para explicar la conveniencia técnicojurídica de reducir el número de jueces de la Corte a siete, lo que lo colocaría también en la lista de desestabilizadores.

Néstor Kirchner no buscó otro análisis de la cuestión y siguió ayer en la misma línea que Alberto Fernández: «Les dije que no aceptaba extorsión alguna, que la Argentina tenía que recuperar una Justicia independiente y que iba a hacer todo lo que había que hacer para tener una Corte que se merecían los argentinos», explicó en un acto en Azul. Esa fue la justificación central de no permitir una reducción de la Corte: seguir adelante con la reforma.

• Los conspiradores ayer se defendieron. El duhaldista
Carlos Martínez, presidente de la Comisión de Justicia, alegó: «Todos los proyectos sobre la cantidad de miembros de la Corte tienen más de un año de tratamiento; los diputados de todas las bancadas han presentado proyectos para reducir los miembros de la Corte. Ayer, en la Comisión de Justicia, se votó un proyecto donde los miembros de la Corte Suprema se reducirían a siete y se votó por unanimidad».

El resto de los miembros pidió pronta sanción del proyecto, como la arista Marcela Rodríguez, que firmó una iniciativa similar.

La calma, esta vez, la quiso poner uno de los integrantes del cuarteto y a la vez presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales,
Juan Manuel Urtubey: «La comisión va a rechazar esta propuesta de la Comisión de Justicia de reducir de 9 a 7 la composición del tribunal», dijo. Urtubey fue hace un mes y medio el miembro de la conducción que los hombres K habían propuesto como representante de la voz de la oposición en la bancada.

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