Odisea de ocho occidentales rehenes de los talibanes
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Desde su rancho en Crawford, el presidente estadounidense, George W. Bush, contó que habló «por teléfono con dos mujeres del centro de Texas, Heather Mercer, que vivía en Crawford, y Dayna Curry». «Ambas dijeron que querían darle las gracias a todos aquellos por sus oraciones. Se dieron cuenta que hay un Dios bueno y caritativo. Estaban de buen ánimo y aman a Estados Unidos», agregó.
Una vez fuera de la cárcel, los ocho extranjeros quemaron sus ropas en medio del desierto, incluidos los burkas que vestían las mujeres del grupo, para guiar a tres helicópteros norteamericanos que se encontraban sobrevolando la región, y que no podían verlos porque poseían una muy pequeña linterna.
Aparentemente, los mismos aparatos llevaron a los miembros de Shelter Now International a una base aérea militar cerca de Islamabad, según contó Tilden Curry, padre de una de las cooperantes liberadas, tras hablar por teléfono con su hija. En la capital paquistaní fueron recibidos por la embajadora estadounidense Wendy Chamberlin, y trasladados a sus legaciones diplomáticas respectivas para descansar.
El grupo, que era acusado de propagar el cristianismo, comenzó su proceso en las cortes afganas en setiembre, pero fue suspendido a causa de los bombardeos estadounidenses contra Afganistán, iniciados el 7 de octubre en respuesta a los atentados del 11 de setiembre. Bajo el régimen talibán, el delito del que se los acusaba podía pagarse con la horca.




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