Otra vez a Luján
Néstor Kirchner visitará por segunda vez en 40 días la Basílica de Luján, uno de los santuarios más venerados por la grey católica. El mismo presidente que peleó con la Iglesia por una frase del vicario castrense y que se negó a ir al entierro de Juan Pablo II parece ahora descubrir la necesidad de apelar al voto moderado, identificado en buena parte con la fe católica. Los movimientos de los candidatos y dirigentes a veces señalan también un pronóstico electoral y este acto al que va Kirchner junto con su esposa Cristina, candidata a senadora por Buenos Aires, parece marcar dónde cree el gobierno que puede mejorar el resultado.
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Néstor Kirchner visitó ayer, junto a su esposa Cristina Fernández, la localidad de Mar de Ajó, en el Partido de la Costa, donde el intendente Juan De Jesús -aplaudiendo- dictó feriado por la llegada del Presidente.
Al margen, con otros $ 5 millones del Estado nacional y del gobierno bonaerense, se empezó a remodelar el entorno de la Basílica y la plaza Belgrano. Allí no se apilaba un ladrillo desde 1938, cuando el entonces gobernador Manuel Fresco envió un puñado de pesos fuertes.
En Luján, hasta el intendente Miguel Prince se tienta a coquetear con el milagro. «Casualidad o providencia, hace dos meses que los hoteles están a pleno», se emociona el jefe comunal, al graficar las cadenas de bendiciones que desató la inversión oficial.
A Di Monte, en el tablero eclesiástico, lo ubican en el ala conservadora, espacio de bordes difusos donde se suele colocar al arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, y al vicario castrense Antonio Baseotto. Pero Di Monte tributa, sin intermediarios, al cardenal Jorge Bergoglio.
Hombre de Dios, el obispo de Luján-Mercedes tejió otras simpatías. Por caso, la que lo une a Baldomero «Cacho» Alvarez, a quien conoció cuando misionaba en Avellaneda. De aquellos días data, también, su vínculo con el ministro del Interior, Aníbal Fernández.
El 26 de julio de 2001, incluso, abrió la Basílica para que Eduardo Duhalde y los intendentes del PJ lloraran en el templo la muerte de Eva Perón. Fue de tal magnitud la concurrencia, que Di Monte le pidió a Duhalde, por entonces candidato a senador, que pronunciase unas palabras.
Seis meses después, el bonaerense juró como presidente. Un agradecido, Duhalde montó su despedida del gobierno en la Basílica de Luján, la mañana del 25 de mayo, desde donde partió hacia al Congreso Nacional para traspasarle mando y bastón a Kirchner.
El patagónico también tendrá un trato preferencial. Di Monte cederá hoy el púlpito para que Kirchner -luego de que se turnen Prince, Felipe Solá y el propio obispo- se regodee con uno de sus últimos discursos de campaña antes de la elección del 23 de octubre.
Pero para no mixturar lo mundano con lo divino, Di Monte no oficiará misa.
Repartirá agradecimientos y bendiciones junto al obispo auxiliar Oscar Sarlinga, purpurado que habla siete idiomas, sobre quien llueven augurios de un futuro floreciente en el mundo eclesiástico.
Por tratarse de un acto « institucional» -eufemismo que usa el gobierno para referirse al proselitismo del Presidente-, Cristina Fernández se replegará a un segundo plano. Tuvo ya su almuerzo de campaña con empresarios, con Di Monte sentado a su lado.
Tampoco es cuestión de mezclar los tantos: una cosa es el cristianismo y otra, muy distinta, el cristinismo.




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