Es posible que Carlos Ruckauf tenga un pacto con Eduardo Duhalde para que lo promueva en las elecciones de 2003. Pero ese acuerdo deberá sobreponerse a otro, ya consagrado y seguramente más inquebrantable: el que el presidente designado tiene con su esposa Hilda González, también para esa fecha. Hay varios indicios del plan de Duhalde. Por ejemplo, la frase «yo soy de transición pero Chiche no» que se le escuchó en Olivos noches atrás, en medio de humoradas. Más consistente, el Presidente ha encargado mediciones especiales para determinar el grado de adhesión que cosecha su esposa en distintas provincias (dicho sea de paso, en todos los casos la primera dama exhibe mejores performances que Ruckauf). Pero el instrumento de la candidatura de la señora de Duhalde sería presentado en público dentro de poco: se trata de un tren sanitario en el que recorrerá el país asistiendo a desamparados y, sobre todo, niños. Una ventaja para Chiche, que podrá moverse sin inconvenientes en ese vehículo. Otro desafío para el canciller, que ya no puede subir a los aviones.
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