Uno de los grupos piqueteros más revoltosos y organizados, el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD) que responde al barbudo Raúl Castells, se pondrá hoy en marcha a las 9 en Constitución, dispuesto a amargarles la vida a los que tengan que transitar por el centro de Buenos Aires, que se verá convertido en el caos habitual. Pero no es la única novedad de la activa agenda piquetera de verano que -a falta de líderes políticos-va convirtiéndose en la más rebelde oposición al gobierno.
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Ayer, los partidos del Polo Piquetero Nacional (Polo Obrero -PO-, Movimiento Territorial de Liberación -MTL-, Movimiento Teresa Rodríguez -MTR-, y el más nuevo, Coordinadora de Unidad Barrial que lidera Oscar Kuperman -CUBA-) se plantaron ante el Ministerio de Trabajo para exigir ser tenidos en cuenta a la hora de elaborar el proyecto de reforma laboral del gobierno. Llevaron reclamos que irán en contra de la apertura del mercado laboral y anticipando, además, que preparan para el 26 de enero, a las 16, una manifestación que irá del Congreso a Plaza de Mayo para reclamar por el esclarecimiento del atentado explosivo del 20 de diciembre pasado y, de paso, recordar el asesinato del cronista fotográfico José Luis Cabezas, de cuya muerte se cumplen 7 años.
Los objetivos del MIJD de Castells son varios: uno es reclamar en la estación Constitución del Ferrocarril Roca que le den pasajes gratis para viajar a Mar del Plata el 28 y 29 de febrero a un plenario nacional piquetero (tal cual adelantó ayer este diario). Previsiblemente, van a terminar permitiendo a la gente que viaje sin pagar boleto, como ya ha sucedido. El segundo es marchar desde allí hasta la plaza de Mayo para hacerle sentir al gobierno su disconformidad con las políticas sociales propuestas para ellos. Y, por último, trabando todo lo posible el tránsito a su paso -uniformados con sus pecheras amarillas-, llegar hasta el Ministerio de Trabajo para pedirle al ministro Carlos Tomada la entrega de 4.000 planes sociales que, juran, el gobierno les prometió y hasta ahora no ha cumplido.
Por su parte, el Polo Piquetero Nacional -ala más dura del movimiento de desocupados; todos de izquierda-llegó puntualmente ayer a las 14.30 al Ministerio de Trabajo. Allí fueron atendidos por Norberto Ciaravino, jefe de Gabinete de Tomada, ante el que exigieron la «anulación total de la bochornosa ley de reforma laboral»; amén de «algunos puntos importantes» para ser tenidos en cuenta para la norma que se dicte en su reemplazo y que el gobierno tiene en elaboración. Un proyecto, cuyo borrador se les hizo llegar a la CGT oficial, la disidente de Hugo Moyano y la CTA de Víctor De Gennaro y asociados. Y que ayer mismo, las tres al mismo tiempo, hicieron llegar al gobierno -en Trabajosus propuestas.
•Puntos importantes
En la cartera laboral, los del Polo expresaron que «la idea del Bloque Piquetero Nacional -además de reclamar la anulación de la ley-es proponer algunos puntos que consideramos muy importantes para la futura ley laboral», afirmó un improvisado vocero. Entre ellos, enumeraron iniciativas «para terminar con el trabajo en negro», así como para «fijar la jornada laboral de 8 horas, para crear nuevos puestos de trabajo y para establecer un salario mínimo igual a la canasta familiar».
Demandaron además, mientras eran escuchados pacientemente por Ciaravino, «la derogación de todas las normas especiales que flexibilizan el trabajo en las pymes y la convocatoria a paritarias libres con paritarios electos por las bases para imponer los reclamos de los trabajadores».
Lo paradójico es que la suma de estas exigencias, lejos de flexibilizar el mercado laboral, alentando el empleo y la plena ocupación, lo que hará será retraerlo. Estos activistas de izquierda no piensan como desocupados, con hambre de trabajo. En cambio, lo hacen como activistas políticos que, dentro de la fábrica o empresa, tratan de entorpecer la producción, ganando poder interno que justifique su encono y postura política. Pensar que estos grupos, alentados por sectores políticos, comenzaron quemando cubiertas en la Ruta 3 -en La Matanza-, bajo las órdenes del hiperflexible Luis D'Elía y del jefe de la CCC, Juan Carlos Alderete, y terminaron provocando la renuncia de Fernando de la Rúa. Reproducidos, van por más y exigen ahora ser tenidos en cuenta, aunque estén desocupados, también a la hora de legislar.
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