Piqueteros con más caja acompañarán el regreso de Alicia
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Alicia Kirchner y Ginés G. García (arriba) Juan C. Nadalich y Luis D’Elía (abajo)
Hasta ayer, Berni y Ceballos estaban al frentede direcciones que en las próximas horas se convertirán en subsecretarías con lo que incrementarán su rango, sus estructuras y, naturalmente, su presupuesto. Es un doble avance: político y, además, económico.
El crecimiento de esos delegados piqueteros se produjo en el marco de un reacomodo global en el Ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Juan Carlos Nadalich -que anunció la reestructuración el miércoles, en una reunión en Planificación- incluye otros dos ítem:
Hay otro actor que, una vez enterado de los enroques, suspiró: el ministro de Salud, Ginés González García, desde hace meses número puesto para dejar el gabinete nacional, preanunció que se concretaría recién cuando se fusionen su cartera y Desarrollo Social.
Este diario informó el 30 de marzo pasado sobre el plan oficial que consiste en integrar las carteras de Salud a Desarrollo Social convirtiendo al área que hoy ocupa González García en una secretaría del megaministerio de Políticas Sociales al que volvería Alicia Kirchner.
En ese esquema, el médico sanitarista Nadalich se convertiría en secretario de Salud. El ensamble quedó suspendido hasta setiembre u octubre de este año. Se especula, a partir de ahí, que podría anunciarse en paralelo a un cambio de figuras en el gabinete de Kirchner. En ese reparto se vuelve a hablar de un destino de diplomático para el ministro Ginés González.
El fortalecimiento de los piqueteros supone, además, un refuerzo a la estrategia de despliege político que comenzó a desarrollar Alicia con el foco puesto en el conurbano, adonde irá a promover a sus propios candidatos.
Ocurre con el mencionado Cascallares en Almirante Brown, el secretario de Comunicaciones de Desarrollo Social Fernando Gray en Esteban Echeverría, el secretario de Administración Carlos Castagnetto en La Plata y en el concejal Luis Vivonna en Malvinas Argentinas.
Alicia y sus «margaritos» -estos un poco menos- corren con una ventaja: el veto dictado por Kirchner a los que se apuraron a armar para las elecciones de 2007 no alcanza a la senadora de Santa Cruz quien, todo lo reconocen, «no junta para sí, sino para Kirchner».
Pocos pueden decir eso.



