23 de julio 2001 - 00:00

PJ votó contra ajuste pero ayudó a la UCR

El voto peronista fue decisivo el sábado a la madrugada para que la Alianza consiguiera sancionar el paquete de ajuste que incluye desde rebajas salariales y a jubilados hasta una marcha atrás para las bajas en Ganancias y en naftas y una suba en aportes patronales para privatizadas, bancos y supermercados.

La oposición del Frepaso, el ARI y el peronismo pusieron al borde del naufragio las intenciones del gobierno en varias ocasiones. Pero para esos casos funcionó a la perfección el «plan canje» que la Alianza había negociado con los peronistas de la provincia de Buenos Aires: la sanción del ajuste provincial a cambio del ajuste nacional. Sin eso y una fuerte disciplina radical que puso en el recinto a casi todos sus legisladores, hoy el Ejecutivo no tendría esa preciada media sanción.

Para que todo funcionara a la perfección, y por si quedaba alguna duda, Eduardo Duhalde le dijo a Eduardo Camaño en una de las múltiples comunicaciones que mantuvo el viernes pasado: «Saquen del recinto la cantidad de diputados que haga falta para que gane el radicalismo y si con eso no alcanza que alguno de los nuestros vote a favor, pero sin que se note». Esa maniobra se conoce en el Congreso como «la gran Jaroslavsky», esta vez en versión doble, en recuerdo de las ayudas disimuladas que dio el ex jefe del bloque radical a las leyes de reforma de Estado y privatizaciones que el PJ debió votar en el gobierno de Carlos Menem. El cumplimiento de ese acuerdo incluye, por ejemplo, el fervor con el que el radical Leopoldo Moreau llamó a los senadores a convertir el proyecto en ley cuanto antes como una forma, según sus palabras, de garantizar que la poda salarial pase sólo por arriba de los $ 1.000.

De todas formas ya se sabe, y en esto abundaron los ministros durante el fin de semana, que por ahora habrá bajas en sueldos estatales y jubilaciones por encima de $ 500. Por lo menos hasta que el paquete de financiamiento extra incluido en Diputados comience a causar efecto en la recaudación. El plazo para llevar el recorte a un piso de $ 1.000 llevará al menos dos meses, si se atiende a los más optimistas en el gobierno.

En ese sentido fue muy mal tomada en el Congreso la declaración de Patricia Bullrich la noche de la votación, cuando refirmó el recorte en el piso de $ 500, mientras los diputados sesionaban en medio de un incomprensible boicot de los empleados del Congreso. «Lo único que nos falta es escuchar por televisión que el recorte a los sueldos no pasa por los $ 1.000 que estamos poniendo», decía un radical mientras le subían la calefacción del recinto a niveles de un horno, los ordenanzas no distribuían agua ni café en las bancas y el gremio liderado por Ricardo Sablich tomaba el Salón de los Pasos Perdidos.

Gracias a eso los diputados se vieron confinados al recinto y el pasillo que lo rodean, conocido como «la rotonda», pudiendo entrar y salir sólo por el acceso reservado que tiene el presidente de la Cámara. El frepasista Darío Alessandro que, mostrando la ruptura virtual de la Alianza se abstuvo en las votaciones, fue el único que intentó entrar al recinto por Pasos Perdido creyendo que los sindicalistas lo diferenciarían de los raciales, terminó con la boca rota a causa de un golpe que le dieron con un «elemento contundente» que un empleado de la Cámara tenía a mano.

Lo ajustado de los números de la votación es elocuente:
de los 164 diputados presentes, 83 votaron a favor, 64 en contra, 5 se abstuvieron y hubo 12 votos que no fueron computados por el sistema. Si se tiene en cuenta que el bloque peronista cuenta con 99 integrantes y con el Frepaso y el ARI en contra de la Alianza, se entiende que un mínimo esfuerzo del PJ podría haber eliminado la posibilidad de sancionar el proyecto.

Más claro aún fue el resultado de la votación en el artículo que establece el sistema de garantía para el recorte salarial en un piso de $ 1.000, algo con lo que muchos estaban en contra no por el monto sino por su contundencia frente a las intenciones del Ejecutivo:
la Alianza consiguió sólo 75 votos a favor contra 63 en contra.

Uno de los momentos más fuertes de la sesión fue cuando Baglini acusó a quienes alien-tan un default en la Argentina:
«¿Ustedes tienen una idea de quiénes son los dueños de los títulos argentinos? ¿Alguien revisó cuántos hay en cartera de bancos del país, cuánto de las jubilaciones futuras de los argentinos está invertido en esos bonos? Si dejamos de pagar la deuda, nos estamos dejando de pagar a nosotros mismos», dijo.

Para los diputados el paquete final le reportará al Tesoro una suba de $ 200 millones, por la suspensión de la baja en las naftas, $ 160 millones por postergar la reducción en Ganancias, $ 300 millones por la suba de 4 puntos en aportes patronales --que será permanente-y otros $ 200 millones al llevar por ley el IVA a los abonos de TV por cable a 21%.

El sábado al mediodía, con los diputados descansados y dormidos, comenzó la vuelta a la provincia natal de cada uno. Fue el momento que eligió
Fernando de la Rúa para felicitar a los radicales Raúl Baglini y Horacio Pernasetti, que habían capitaneado la operación ajuste en Diputados. Para el gobierno los diputados habían conseguido lo que muchos en el gabinete consideraban imposible: sancionar el proyecto casi en las mismas condiciones en que Domingo Cavallo lo había bendecido el jueves a la madrugada en una larga cena en la Casa Rosada con De la Rúa, Colombo y la conducción del bloque UCR.

Incluso hasta consiguieron sancionar una modificación a los Códigos de Procedimiento Civil y Comercial, Laboral y Penal, que impide a los jueces dictar medidas cautelares --llá-mense las conocidas «no innovar» ante recortes como sucedió con la poda salarial de
José Luis Machinea-si comprometen, obstaculizan o afectan los recursos presupuestarios del Estado. Es decir, la Justicia no podría suspender las medidas si esto implica dar marcha atrás al ajuste. Este «regalo» del Congreso nunca había sido recibido por ningún ministro de Economía en la historia reciente del país.

Anoche un diputado radical definió al Frepaso como la «Armada Brancaleone». En lenguaje llano eso significa que a partir de ahora no habrá políticas articuladas en Diputados dentro de la Alianza: «De ahora en más todo será un armado ocasional entre radicalismo y Frepaso». Más allá de la oposición, no perdonan los radicales, por ejemplo, las declaraciones contra el ajuste que el frepasista
José Vitar hizo esa noche en el programa de Jorge Lanata: «Eso fue sólo mensaje para la interna», dicen.

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