Primera baja
Renunció el primer funcionario de Daniel Scioli, el viceministro de Seguridad Martín López Perrando. Demasiado vértigo en una de las áreas más delicadas del gobierno. Obvio: se enfrentó con su jefe, Carlos Stornelli, ambos ex fiscales, y no por razones personales. Lamentable el caso, la sordidez habitual entre Policía y política bonaerenses.
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Carlos Stornelli
El ministro, a su vez, le imputa a su ex segundo que descuidó aspectos clave de la gestión y que por eso estallaron los episodios de Tres Arroyos y de Junín. Brutal, Stornelli deslizó ante los suyos un argumento carnal: habló de una «traición personal».
¿Se postuló López Perrando para suceder, anticipadamente, a Stornelli? Versiones que circulan y que, en las cercanías del ministro, no se encargaban de negar con suficiente énfasis.
Mal momento para el fuego cruzado por sobre la cabeza del gobernador bonaerense. Y no hay, por ahora, posible tregua a la vista. Ayer, el jefe de Gabinete de Scioli, Alberto Pérez, ensayó una conciliaciónentre los dos funcionarios:no lo consiguió. Respuesta de rigor: «Scioliexplicaban ayer en gobernaciónno armó los equipos de los ministros. Tampoco va a cuestionar si luego quieren cambiarlos. Pide y reclama resultados».
Al remontar algunos meses se detecta un dato: López Perrando fue unos de los promotores del desembarco de Stornelli en el equipo de Scioli. Funcionó como enlace, con un escudero menos público, para que el fiscal se aproxime y se entienda con el gobernador.
Por eso su renuncia supone la fractura de una sociedad que golpea a Scioli en el centro de su gestión. Puede, incluso, que el propio gobernador no haya participado en el episodio. Ayer, por lo pronto, pasó fugazmente por la Casa Rosada para hablarlo con Alberto Fernández.
Como cada suceso que estalla en la provincia, Balcarce 50 se pone en alerta. El jefe de Gabinete siguió los pormenores del caso López Perrando, que en la Casa Rosada se conoció el martes. Con Cristina de Kirchner presidente desde Olivos, el caso lo trató Fernández. Ayer hubo consultas cruzadas y furia manifiesta por parte del gobierno. En rigor, Stornelli venía sospechado por los Kirchner. Su reacción -la pelea y la posterior renuncia- generó todo tipo de reproches por parte del gobierno nacional a la conducta del ministro.
Scioli, sin más recursos, tuvo que sumarse a la mansalva. El costo de la disputa entre Stornelli y López Perrando deteriora al ministro, pero, para el gran público, golpea al gobernador.
Cualquier sacudón en el tema seguridad, es sabido, resulta costoso.




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