18 de mayo 2001 - 00:00

R. Giavarini se atreve con cóctel de expertos

La intención de superficie es aséptica, casi académica. Y aun así la original iniciativa de Adalberto Rodríguez Giavarini promete generar alguna tensión. Con discreción pocas veces vista, el canciller convocó a un grupo de expertos en política exterior para constituir un equipo de análisis que alimente su gestión en el Palacio San Martín, sobre todo en temas de mediano y largo plazo. No es un grupo exclusivamente formado por diplomáticos y tampoco posee un solo color ideológico. Mejor repasar los nombres para verificarlo.

El primero en ser convocado fue Raúl Alconada Sempé, lo que demuestra en el canciller una amplitud de espíritu encomiable: se trata del experto en política exterior del alfonsinismo que más ha criticado a la gestión actual en su política en relación con Cuba, influyendo con sus posiciones en los berrinches de Raúl Alfonsín. Aunque ese antecedente de Alconada debe ser secundario frente a sus actuales batallas: se trata del escudero que acompañó a Alfonsín durante su último viaje a San Pablo, travesía que se recordará por los ataques a Domingo Cavallo y la encendida defensa del Mercosur que hizo el ex mandatario. En el mismo bloque estará Hipólito Solari Yrigoyen, quien debió ausentarse de la primera reunión.

Ortodoxo

En la otra punta de la mesa, un ortodoxo de la diplomacia como Carlos Ortiz de Rozas (dicho sea de paso, coprotagonista con Alconada de memorables episodios de otro constructor de las relaciones inter-nacionales del país, el finado Rubén «Buscapié» Cardoso) y Emilio Cárdenas, banquero y ex representante ante las Naciones Unidas. Ortiz de Rozas y Cárdenas inician la lista de ex embajadores de Carlos Menem a quienes la Cancillería pedirá ahora opinión para cuestiones relevantes. Entre ellos están también Juan Archibaldo Lanús (vicecanciller de la administración, embajador en Ginebra y en París de la gestión anterior y actual anfitrión de la Peña Joaquín V. González que preside Menem), Juan Pablo Lohlé (ex embajador ante la OEA y España) y Rogelio Pfirter (ex embajador en Londres).

Estas participaciones no alcanzan a darle un tinte «menemoide» al «think tank». Sencillamente porque entre estos expertos hay diplomáticos profesionales como Ortiz de Rozas o Lanús o políticos alejados de Menem hace ya tiempo, como Lohlé. Además, Rodolfo Gil, ligado al ala izquierda del duhaldismo, impediría cualquier derivación menemista en el equipo. A estos técnicos deben agregarse dos más: Carlos Conrado Helbling y Arnaldo Musich, un liberal ultra que va a poner a prueba el don de gente de Gil.

Objetivos

Las intenciones que Giavarini adujo ante esta guardia de internacionalistas cuando compartió con ellos el primer desayuno, el miércoles de la semana pasada, fueron impecables: estimular el debate de la política exterior, elaborar «papers» para enriquecer la agenda de la burocracia, promover discusiones sobre el mediano plazo en la opinión pública, etc. Sin embargo, el canciller no debe ignorar que su experimento puede redituarle también en términos de inquietud y hasta de humor.

Por ejemplo, asistir a debates entre Lohlé y Pfirter sobre la política referida a Malvinas puede convertirse en un espectáculo para los amantes del catch. Ni qué hablar de los cruces que pueden darse por seguros entre Alconada y Musich, quien consiguió un pasaje de ida hacia la enemistad alfonsinista desde que firmó un artículo periodístico que el ex presidente entendió, a fines de los '80, como la expresión de una conspiración internacional en su contra. El canciller no debe tampoco afligirse demasiado por estas eventuales disputas: quien coordinará las reuniones es Roberto Starke, cientista político y su principal asesor en materia de comunicación.

Del grupo de análisis ideado por Giavarini habrá que observar dos efectos más, seguramente no queridos. Primero, la inquietud que puede generar en la burocracia de la Cancillería, temerosa siempre de debates o estudios que se realicen fuera de su estructura. Segundo, la manera en que Cavallo (quien ha adoptado posturas propias en materia de política exterior) perciba la presencia de estos nuevos amigos, algunos de los cuales mantuvieron con él viejos enfrentamientos durante la era Menem o los mantiene ahora, durante esta era, que todavía no tiene nombre. Como se ve, Giavarini no teme que su cóctel de internacionalistas resulte explosivo. Habrá que confiar en él: los diplomáticos son expertos en cócteles.

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