13 de diciembre 2002 - 00:00

Radicales para adentro y radicales para afuera

El próximo domingo los radicales van a interna para elegir candidato a presidente y vice para las elecciones del 27 de abril. Competirán las fórmulas de Leopoldo Moreau-Mario Losada y Rodolfo Tarragno-Jaime Linares, en una puja que han evitado otros dirigentes de mayor peso. Desanima más al voto radical que aparece la figura de un "radicalismo de adentro" enfrentado a un "radicalismo de afuera" por el cual compiten dirigentes con más posibilidades de pelear la presidencia como Ricardo López Murphy y Elisa Carrió. Esta puja en realidad va a ser un recuento globular de ese fenómeno de migración del partido hacia otras posibilidades. El domingo hay otra interna importante: la del PJ para decidir el candidato a gobernador del Chaco. Es el primer test-match de Menem vs. Duhalde. El primero apoya a su ex ministro Manuel García Solá; y el Presidente, a su ex jefe de Gabinete Jorge Capitanich.

Más que para saber quién será candidato, la interna radical del domingo interesa más que nada para conocer cuánto radicalismo queda dentro de la UCR y cuánto radicalismo pondrá el voto el 27 de abril en candidatos que corren por afuera. Las particularidades de esta elección la convierten en un escenario excepcional para conocer la conducta hoy del voto no peronista, ése que asumió con mucho triunfalismo el gobierno en 1999 y que hace un año se fue luego de producir un fracaso grande.

LOS CANDIDATOS


• El radicalismo de dentro de la UCR no cree que podrá pelear la Presidencia de la Nación. Eso explica que ninguno de los caciques importantes ha jugado ni como candidato ni apoyando explícitamente a candidatos. Es la principal novedad se si mira desde dentro del partido: es la primera vez, desde 1982, que un Raúl Alfonsín no influye decisivamente sobre quién será el candidato. Sea por interna, como Horacio Massaccesi 1995, sea «a dedo», como Fernando de la Rúa 1999, a quien se apuró a consagrar como hombre propio cuando se sabe que lo sentía en sus antípodas, pese a lo cual entendió que contaba con el favor de la mayoría de sus correligionarios y que además ganaría la elección ante Eduardo Duhalde.

• Tampoco los hombres más gravitantes del partido han querido competir en esta interna. Citemos a dos: Angel Rozas (presidente del Comité Nacional de la UCR y gobernador del Chaco) y Roberto Iglesias, el hombre mejor perfilado entre los gobernadores. Prefieren no aparecer en la foto de una elección decorativa, como esta interna, o en el retrato de una derrota, como creen que ocurrirá en la presidencial.

LOS QUE SE FUERON VALEN MAS


• La clave es que los dos candidatos de extracción radical con mejor chance de pelear la presidencia contra el peronismo han elegido ir por fuera de la UCR. Son Ricardo López Murphy y Elisa Carrió. El economista es el que mejores perspectivas tiene de pelear con alguna suerte el primer lugar y basa su nominación en: 1) una liga de partidos provinciales; 2) una convocatoria al radicalismo moderado del interior que no tiene candidato porque no se ve representado ni por Rodolfo Terragno (a quien no lo ven como un radical) ni por Leopoldo Moreau (para ellos, un socio del duhaldismo en la provincia de Buenos Aires). Por más que ese radicalismo moderado -que inclusive en Córdoba llega a los sectores más bajos e igualmente a los altos de la población-participara en esta interna del domingo, si lo hace, más que nada por costumbre o ritual provincial o barrial. Es mantener adhesiones parroquiales, pero saben que en una elección general es más ra cional pensar que se incline por López Murphy que por Moreau o Terragno.

Con Carrió se produce un fenómeno parecido, pero en el otro extremo del dial. Absorbe ese radicalismo más de estudiantina y echado a la izquierda que se identificó con el storanismo y hoy pretende Moreau, que odia por inmiscuida a la Carrió. Esta franja ha migrado ya en la elección de 2001 en la provincia de Buenos Aires hacia Carrió al percibir que la dupla Storani-Moreau estaba comprometida en la «alianza bonaerense» y golpe civil contra Fernando de la Rúa con el duhaldismo a la vez, vio ese sector que, mantenía, por conveniencia, posiciones de privilegio en el gobierno de De la Rúa mientras conspiraba contra él.

Moreau, hasta el final del delarruismo y después con el duhaldismo, ha tenido gente propia en organismos como la ANSeS, el grupo Bapro, Secretaría de Cultura y en entes de control de los servicios públicos. Un ejemplo del poder que tenía entonces Storani es éste: festejó el nuevo año 2001 en una fiesta en un restorán porteño con una cena a la que fueron los 400 funcionarios propios que tenía nombrados en cargos de gobierno en todo el país bajo el gobierno de De la Rúa. Todo un récord para un dirigente de nivel medio.

Carrió hace tiempo que trabaja bien la fuga de votos radicales y lo hace con una táctica que también usa López Murphy. Es decirles a los radicales que los apoyan: «No se vayan del partido. Quédense allí, apóyennos desde adentro, pero cuando haya que votar, háganlo por nosotros».

LA CAPITAL, DISTRITO VIDRIERA

Terragno es un hombre de peso en la Capital Federal, distrito que cree va a ganar fácilmente porque cuenta allí con dos elementos de apoyo decisivos. Uno, la administración de Aníbal Ibarra y de su socio político en la UCR, el presidente de la Legislatura, Cristian Caram (que sueña con acompañar a Ibarra como vice para el intento de reelección de éste). Eso implica que toda la fuerza de la administración porteña -el tercer presupuesto del país-se volcó en favor de Terragno. Otro elemento de apoyo es el poderoso Rafael Pascual, jurado enemigo de Moreau, a quien atribuye haber participado en el golpe institucional que desalojó a quien fue el jefe de Pascual, De la Rúa. Frente a esa fuerza poco puede hacer Moreau de la mano de Enrique Nosiglia, minoría dentro del partido desde hace años y que no cuenta con ninguna «caja» de la administración. Le aportó a Facundo Suárez Lastra, jefe de campaña en la Capital de la fórmula de Moreau.

• Moreau está forzado a nivelar el peso terragnista en la Capital con el resto del país, donde cuenta con más adhesiones. Un distrito clave como la provincia de Buenos Aires será escenario de la puja, por primera vez, de «Freddy» Storani (apoya a Terragno) y Moreau. Catamarca, Mendoza y Córdoba han decretado libertad de conciencia, y sólo en Mendoza, que tiene una larga tradición storanista (rama a la que perteneció históricamente el gobernador Iglesias, aunque está distanciado), puede Terragno contar con algún apoyo. En las demás provincias, los pocos votos parecen ser en su mayoría de apoyo hacia Moreau, en especial, Río Negro, Chaco y Chubut, donde hay gobernaciones radicales cuyos titulares se han pronunciado a su favor.

LOS VICES


• En esta elección, los precandidatos a vice tienen una especial gravitación por el aporte que pueden darles a los número uno de cada lista. Terragno, gracias a su asociación con Storani, tiene un vice como Jaime Linares, intendente eterno de Bahía Blanca y que es un tractor de votos en muchas comunas. Linares, además de ser un hombre respetado en la provincias por radicales y peronistas, ha estado muchos años en la conducción de la liga nacional de intendentes y también de la liga de intendentes radicales. Eso le permite alianzas como muchos intendentes que pueden movilizar a mucha gente el domingo.

• En el caso de Mario Losada, precandidato a vice de Moreau, se produce algo parecido. Este senador por Misiones es un portador sano de alfonsinismo. Es la señal a todos los radicales, que saben husmear quién es correligionario y quién no y qué fórmula cuenta con el apoyo de Raúl Alfonsín. El aparato storanista nacional enfrenta así los restos del aparato alfonsinista, basado más que nada en el carisma de este caudillo.

Muy resentido por su alianza bonaerense con el duhaldismo gobernante, el alfonsinismo ha perdido apoyos en el último año. Elegir a Losada representó la prueba de que Alfonsín había recuperado su amistad con Moreau, con quien se había peleado precisamente por apoyar a De la Rúa como candidato presidencial en 1999. Hay que reconocer que Moreau fue siempre un adversario, con la misma convicción con que fue y es un aliado del duhaldismo.

No necesariamente la interna radical del domingo va a ser huérfana en votantes, aunque el elegido tenga poca chance de ganar la elección presidencial. Por lo dicho: entre los radicales gusta la «gimnasia interna», tomar examen a los punteros zonales periódicamente, probar la gratitud de tantos jefes y empleados en las administraciones públicas.

Pero un eventual número alto de votantes no necesariamente significará un guarismo que se repita -como lo muestran las encuestas reales de «intención de voto a futuro presidente»- que luego será base firme del candidato ganador. Como ya le pasó en 1995 a Massaccesi. En la interna de acuerdo, votamos, pero en la presidencial... El rionegrino en 1995 logró apenas 16% de los votos para presidente, cuando Menem logró 48%. Claro, dicen los radicales, todo es peor si en la interna partidaria no aparece el grueso de nuestros afiliados.

Dejá tu comentario

Te puede interesar