"Nos puede haber ido muy mal en la elección del domingo, pero el radicalismo va a seguir siendo la primera minoría opositora al proyecto hegemónico de este gobierno", coincidieron ayer varios dirigentes de la UCR al ser consultados por este diario, comenzando por el titular del comité de la Capital, Jorge Casabé. Del mismo modo, descartaron que el resultado electoral tuviera como resultante la intervención partidaria del comité nacional. Según Jesús Rodríguez y Casabé, no sólo existe una buena relación con Angel Rozas -totalmente ocupado en la elección chaqueña, que se hace el mismo día que el ballottage porteño, el 14 de setiembre-, sino que expresamente adhirió a la decisión de incorporar como extrapartidario a Nito Artaza a la lista de candidatos a diputados nacionales, motivo de no pocos encontronazos internos.
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Sin embargo, en la UCR hay optimistas que imaginan que podría recrearse un bloque radical en la Legislatura porteña si algunos radicales alejados del partido pero electos el domingo pasado por distintas listas decidieran unirse. Son ellos Roberto Vázquez (Caram), Jorge Enriquez (Macri), María Polimeni (Macri), Fernando Cantero (Ibarra) y Carlos Araujo (Bullrich). Y aún quedarían con posibilidades de entrar, luego del recuento definitivo, Martín Hourest (Ibarra), Carlos Loguzo (Caram), Fernando Caeiro (Bullrich) y Mariano Wullischer (Macri).
Encerrados en la jaula partidaria, lamentan que muchos afiliados y diputados hayan elegido a Aníbal Ibarra en la primera vuelta. Silvana Giúdice ingresó como diputada nacional a la cabeza de una de las tres listas de Ibarra, que además hacía entrar anoche a 7 legisladores locales. Ni que decir de Jorge Vanossi que, por otro lado, ingresó como diputado nacional con Mauricio Macri.
Quizá por todo esto es que se sostiene en los cenáculos radicales que el remonte de la crisis que provocó el huracán De la Rúa va a terminar llegando desde el interior del país, donde se vive otra realidad política. Después de 20 años de una fuerte conducción política dividida entre Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa -uno muy desgastado, dicen, y el otro hoy políticamente desaparecido-, resulta muy difícil que desde ese cráter abierto puedan surgir nuevos conductores.
Sostienen que, aun admitiendo que el PJ recupere las 20 municipalidades que perdió en la provincia de Buenos Aires y que Eduardo Duhalde instó a ganarlas el 14 de setiembre, todavía tendrá la UCR más de 40 comunas en sus manos, más centenares de concejales, todo un semillero de dirigentes que hoy boyan sin jefatura nacional. Claro que esto puede implicar una larga agonía en lugar de una muerte súbita, no obstante lo cual se aferran al prestigio político que sobrevive, en comunidades más chicas que los grandes centros urbanos.
• Rencor
Los radicales creen, además, que después del 10 de diciembre en el Congreso la primera minoría parlamentaria será radical, lo mismo que 4 o 5 gobernaciones, como las de Tierra del Fuego y ahora también Catamarca. Jorge Colazo en el Sur y Eduardo Brizuela del Moral en el Norte, «los dos son radicales», subrayan con bronca porque dicen que los medios hablan del Frente Cívico y Social y no del nuevo gobernador radical.
Con cierto rencor, disparan sobre Ricardo López Murphy, Patricia Bullrich y Elisa Carrió -que no obstante sus distintos grados de responsabilidad parecieran haberse salvado del huracán de diciembre de 2001-, subrayando que de todos ellos sólo el ex ministro ha logrado meter un diputado nacional, Hugo Martini. El resto, nada. Entre quienes lograron saltar el cerco y evitar los efectos del final del gobierno de Fernando de la Rúa, recuerdan a Jorge Enriquez --reelecto legislador por la lista de Macri-y a Laura Mussa, una acompañante en el ARI de la Carrió.
Sobre el propio rol que debe jugar la dirigencia local de la UCR, creen que debe pasar por una amplia convocatoria para debatir e impulsar propuestas nítidas y creíbles, construyendo una opción «desde la pretensión hegemónica del gobierno». Y esto «debe hacerse con todos».
Mencionan, entre ésos, por ejemplo, a Facundo Suárez Lastra, que «no estaba convencido con la incorporación de Artaza». Lo mismo que Marcelo Stubrin, que apoyó a Luis Brandoni para la presidencia del comité de la Capital Federal, o Aldo Neri y Gabriela González Gass, referentes porteños de Alfonsín. No olvidaron mencionar entre quienes debían ser convocados para la refundación partidaria a Enrique Nosiglia.
Entre las cosas que hay que revisar, dicen, figura el padrón partidario, con 200.000 afiliados, que en la interna registró la presencia de magros 35.000 en las urnas. Casi la misma cantidad de votos que obtuvo Cristian Caram el domingo, que por varios días decidió tomarse un descanso. ¿Qué pasará con esos votos? «Que cada radical tomará el rumbo que quiera, tanto votando por Macri como por Ibarra», deslizó Casabé. Después de todo, se animó uno de los consultados, ni Caram, ni González Gass tenían un proyecto propio. «En todo caso, era un proyecto atado a Ibarra, reeditando lo de la Alianza en 2000 con Cecilia Felgueras», dijo -entre otros-José María García Arecha; aludiendo a otra figura femenina virtualmente evaporada, aunque siga ocupando la vicejefatura del Gobierno local.
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