9 de marzo 2006 - 00:00

Reaparece Macri y evalúa daños tras salida de Ibarra

Mauricio Macri volverá a caminar bajo el sol, tras el ostracismo en que se escudó los días previos y las horas siguientes al derrumbe de Aníbal Ibarra. Lejos del ruido porteño, desde Santa Fe -rodeado de tractores y gauchos- abordará, sin estridencias, el capítulo destitución.

La visita, es cierto, estaba programada desde hacía tiempo pero ayer Macri percibió que su obsesión por correrse de la escena para no alimentar el rol de «golpista» que le imputó Ibarra, podía resultar perjudicial y relegarlo del tablero de «ganadores».

Sin embargo, no habrá reacciones feroces ni palabras estruendosas (nunca las hay, en rigor, al menos con el Macri público), sino una referencia, quizá descafeinada, sobre la validez legal del juicio político que expulsó a su archienemigo Ibarra. Difícilmente, algo más.

• Análisis

Ese comportamiento es producto de uno de los tres elementos que ayer analizaban en el macrismo para diseñar el «cuadro de situación» sobre el que deberán moverse en adelante. A saber:

• No sin sorpresa los macristas detectaron que, en principio, el costo público de la caída de Ibarra fue, según sus evaluaciones iniciales, «mucho menor» al que esperaban. Estimaban que el martilleo del frentista denunciando un « golpe institucional» y señalando al líder de PRO como artífice de esa acción, dañaría a Macri. La percepción primaria es que no fue así o que, al menos, no tuvo la dimensión que temían. ¿ Motivos? Varios: el protagonismo que adquirieron personajes hasta entonces periféricos como el kirchnerista Helio Rebot y el anarquista Gerardo Romagnoli. También lo benefició el orden de votación: el «voto 10» lo aportó Guillermo Smith, leal a Elisa Carrió y, además, la tendencia posdestitución de Ibarra a castigar más al ARI y a Florencia Polimeni que a los legisladores de PRO, a quienes Macri llamó ayer -uno por uno- para felicitarlos por sus discursos. Lo ayudó otro error táctico de Ibarra y su abogado defensor, Julio César Strassera: el de repiquetear con la denuncia de « golpismo», planteo que -según una encuesta que recibieron ayer en la Casa Rosada- no comparten ni siquiera los porteños que afirman estar en desacuerdo con la destitución del frentista.

• Pero los extremos no son buenos. Ayer el macrismo se percató de que tampoco era negocio esfumarse y quedar fuera del podio de
«ganadores» que bosquejó la destitución. Por eso mismo, para no quedar fuera de la escena, ayer Gabriela Michetti y Diego Santilli -que habían estado reunidos en las últimas horas con Macri y Horacio Rodríguez Larreta- salieron a defender la postura de PRO en el juicio, donde el macrismo contó con cuatro de los quince juzgadores y aportó casi la mitad de los votos que desplazaron a Ibarra. En paralelo, oteando el horizonte político, Michetti deslizó que PRO continuará con su rol opositor en la ciudad tras la asunción de Jorge Telerman como nuevo jefe de Gobierno porteño. Es útil bucear debajo de esa capa de palabras porque allí reside una de las principales preocupaciones de Macri para el futuro: la incógnita Telerman.

• Con la caída de
Ibarra, asomó en la constelación porteña un actor que hasta hace cinco meses no contaba para casi nadie: Telerman. Nadie, todavía, se anima a pronosticar cómo será su desempeño pero en el macrismo ya sonaron alarmas advirtiendo sobre Telerman y considerando que con sólo ordenar la gestión podría convertirse en un rival serio para las pretensiones de PRO de colocar al próximo jefe de Gobierno porteño, sea Macri o, si éste decide jugar una apuesta nacional, Rodríguez Larreta.

• Volviendo al expediente Telerman, la atención de los macristas -al menos algunos- está puesta en el riesgo que podría significar que Telerman haga lo que, advierten, no supo o no quiso hacer Ibarra:
desplegar una política de consensos juntando al peronismo y a sectores progresistas, y sobre todo se ponga al frente de una gestión de gobierno que en el último tiempo estuvo paralizada a la espera de una resolución sobre el destino político de Ibarra. En definitiva, podría leerse el pensamiento de Macri, Telerman -que quedará al frente de un presupuesto de casi 8.000 millones- es peronista y ese solo hecho lo hace más «peligroso» -políticamente, claro- que Ibarra. Cerca de Macri se permite, de todos modos, detenerse en un dato: la administración porteña está en crisis y ese es el principal temporal que deberá afrontar Telerman.

• A la espera de que se despejen esas incógnitas, casi con la misma displicencia que siguió el trámite final de la destitución -el martes almorzó con un familiar, luego tuvo una audiencia durante la que siguió, cada tanto, los discursos y más tarde aprovechó para cortarse el pelo- Macri volverá hoy a sus giras de campaña informal ( estará en una feria rural en Santa Fe y luego irá a Rosario), sin modificar su plan de acción. Tiene tiempo, dice, para redefinir sus pasos y, salvo un terremoto, recién en la segunda parte de este año mostrará su carta más preciada: si competirá por la presidencia o por la Jefatura de Gobierno porteño.

Dejá tu comentario

Te puede interesar