24 de enero 2006 - 00:00

Reunión de Brasil clave en la región: Lula ganó lejos

El diálogo en Brasilia de Lula da Silva, Néstor Kirchner y Hugo Chávez es más importante de lo que trascendió y clave para el futuro de Sudamérica. No sólo afectó a los países representados (Brasil, la Argentina y Venezuela) sino también a Bolivia y Uruguay, deliberadamente no invitados por lo que se iba a tratar. Entre los mandatarios concurrentes y los presidentes de los dos no convocados, Evo Morales y Tabaré Vázquez, hubo quienes ganaron y quienes perdieron en Brasilia. El que tuvo más logros fue Lula por una conocida y tradicional calidad operativa de la cancillería brasileña (Itamaraty) que en décadas de continuidad persigue objetivos por encima de los presidentes de cada momento de su historia. El segundo en logros -aunque bastante lejos del brasileño- fue Néstor Kirchner. Tercer beneficiado, el ausente uruguayo Tabaré Vázquez. Cuarto, Hugo Chávez y quinto y real más perdedor que ninguno, Evo Morales, que si alguna vez se quejó del «imperialismo» norteamericano tendrá que sobrellevar el más próximo y efectivo de las economías mayores del Sur. No es novedad que haya «antiimperialismo» por ideología o tradición y «antiimperialismo» por accionar próximo perjudicial, mucho más pernicioso para las poblaciones de naciones más pobres. Para cualquier provincia argentina, por caso, el «imperialismo» más grave no es el norteamericano sino el del puerto de Buenos Aires, ni las imposiciones más duras vienen de George Bush sino de quien esté al frente del Poder Ejecutivo en la Capital Federal.

Lula da Silva
Lula da Silva
Con ese enfoque sólo particular suyo y poco identificado con lo que siente el argentino promedio, Néstor Kirchner reconoció que la Argentina es segunda de Brasil en Sudamérica, algo que no dice la tradición y es discutible en lo económico, si se mide en ingreso per cápita, proporción de reservas y exportaciones sobre población total, índices de pobreza y de esperanza de vida entre otras variables cotejables. Ser más «grande» no significa ser más desarrollado. ¿O lo es Bangladesh en relación a España? Que el presidente argentino haya admitido ser escolta puede deberse a que duda de su carisma interno y más del internacional, donde las voluntades no pueden captarse con distribucionismo de fondos de época próspera. Al aceptar así el segundo puesto nuestro país -algo que no ocurrió en absoluto en la década del '90-, Lula satisface el ansia de liderazgo que circunscribe al Sur y no a toda Latinoamérica porque jamás se lo admitiría México, con producto mayor que el brasileño y por ser un país con petróleo. Le será difícil a la Argentina, tras la claudicación de Brasilia, competir con el país vecino para un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, como hacían hasta ahora. No es fácil obtenerlo, pero hasta ahora peleábamos el que pudiera corresponder al continente.

Si se pone en marcha el gasoducto Cuenca del Orinoco, de Venezuela al Río de la Plata con un costo de 20.000 millones de dólares, Brasil se asegura, ante cualquier interrupción o demora probable, que por lo menos acontezca cuando ya el tendido ingresó en su territorio. No es poco.

Néstor Kirchner resultó en logros en Brasilia segundo -ubicación que parece gustarle para todo menos para las urnas- porque ese gasoducto -y el solo anuncio de que se ponen en marcha los estudios prácticos de la obra el 1 de julio, probablemente con asistencia del rey de España- provocó un gran desaliento en Evo Morales, que vería perder para Bolivia la calidad de principal abastecedor de sus dos poderosos vecinos. Aunque tardará años en realizarse la gigantesca obra, si se hace, tal posibilidad limitará ahora las exigencias de Bolivia sobre aumento de precio del fluido. En el sueño de Evo estaba acercarse a los 6 o 7 dólares por medida de gas que cobra Canadá. Son diferentes las distancias en el Sur entre proveedor y abastecido y los técnicos no suponen que para la Argentina pudiera llegar el nuevo precio más allá de una franja entre 3 y 5 dólares. Con lo anunciado en Brasilia sobre el gasoducto la semana anterior, la nueva cotización del gas a acordar esté probablemente más cerca de 3 que de 5 dólares. Evo Morales en la campaña decía que no le interesaba el Mercosur. En su discurso al asumir el domingo, en cambio, pidió que la Argentina, Brasil y Venezuela no dejen afuera a su país de la integración energética proyectada. Una baja enorme en las pretensiones de un Evo Morales por ahora más emotivo que pensante, dado que el miedo que introdujo en un tema tan sensible como el de la energía terminó precipitando a sus clientes principales -sus «imperialismos» verdaderos- a proyectar la faraónica obra del gasoducto. Por eso sólo el nuevo mandatario boliviano, sin asistir, perdió más que nadie en ese diálogo en Brasilia.

El tercer ganador fue el uruguayo Tabaré Vázquez, que tampoco fue llamado. De la reunión de los presidentes de las 3 economías grandes de Sudamérica podía salir un ultimátum -ya lo había insinuado Brasil- para que no intente acuerdos individuales con Estados Unidos, tipo Chile. No pasó eso. El argentino Kirchner alentó los esfuerzos del Frente Amplio uruguayo por vender más y mejorar la economíauruguaya y hasta le redujoa «problema ambiental» (es una cuestión de salud poblacional en definitiva) la disputa por las papeleras sobre el río Uruguay. Por si fuera poco, probablemente el país oriental y Paraguay, los socios menores del Mercosur, recibirán mejor trato de Brasil y la Argentina.

• Industrias bélicas

Nada es gratis, Kirchner logra frenar la crítica abierta brasileña al intento de Uruguay de resquebrajar el Mercosur con acuerdos no contemplados pero tuvo que admitirle a Lula el apoyo a las «industrias bélicas» para abastecer la región. En el tren de aterrizaje de los Jumbo hay acero brasileño; le venderá aviones de entrenamiento a Venezuela, que nunca pudo vender la Argentina a nadie aunque los producía. Fácil es pensar entonces que este auge «de las industrias bélicas», aparentemente para beneficiar a todos los países, terminará siendo gran ganancia para Brasil.

Hoy peleamos porque los pujantes industriales brasileños no nos introduzcan demasiados zapatos y electrodomésticos. El día de mañana estaremos protestando porque nos venden demasiados revólveres, balas y tanques.

Con esa habilidad se mueven siempre los congéneres de Lula, que ahora aceptaron vender menos industria a la Argentina porque la cantidad de empresas de ese país que ya están instaladas aquí pueden remitir dividendos y royalties que le darán el mismo ingreso de divisas, sin provocar fricciones aunque tengan que sacrificar un sector mínimo de productores propios de Brasil por este acuerdo.

¿Contra quién se pueden armar con fines bélicos los países sudamericanos? Prácticamente contra nadie y todo parece indicar que incrementar «industrias bélicas» es otro rápido aprovechamiento de Brasil al ver los desvaríos de Hugo Chávez, por lo cual este venezolano es de los que más perdieron en la reunión de Rio por su egolatría e insensateces sólo sustentables en el precio altísimo del petróleo que lo llena de fondos, como la soja y alimentos a la Argentina desde que China e India decidieron consumir más, acorde a su nuevo desarrollo. Las divisas engordan reservas pero no inteligencias. Chávez odia al México de Vicente Fox, pero es inimaginable un ataque si la flota norteamericana ha aislado a Taiwán de China Continental desde hace 55 años. Con su acercamiento al gobierno norteamericano el presidente Alvaro Uribe de Colombia ni teme un ataque de una Venezuela fortificada militarmente. Al contrario, EE.UU. desearía un «Saddam sudamericano» que intentara lo de Kuwait en 1992 para tener la gran excusa para eliminar al venezolano. Ni pensar en atacar Brasil, ni en Centroamérica. El único peligro de un Chávez rearmado es que suministrara armas a Evo Morales de Bolivia y eventualmente a Ollanta Humala si gana en Perú. Por eso el presidente Ricardo Lagos, en Chile, acaba de adquirir inusitada cantidad de armamento.

Brasil le sacará petrodólares al ambicioso y poco serio Chávez. Pero la Argentina también ganó en esa reunión de Brasilia que el venezolano le colabore en financiar de una vez por todas determinar la posible riqueza petrolera o no en el Golfo San Jorge. Hugo Chávez, con tal de que lo reconozcan y alimenten su ego, financia todo aunque tenga 54% de su población en la pobreza.

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