3 de abril 2003 - 00:00

Reunión secreta

En el máximo secreto sesionó en Buenos Aires, entre el domingo y el lunes pasados, una cumbre de expertos en relaciones internacionales que acaso haya sido la más relevante que se realizó en esta ciudad durante la última década. Se trató del Primer Encuentro Hemisférico de Consejos de Relaciones Internacionales, organizado por el CARI local y el Council on Foreign Relations, es decir, el comité de especialistas más calificado de los Estados Unidos en materia de política internacional.

La inauguración se realizó en el Museo de Arte Latinoamericano; y las reuniones, en la sede del CARI, de la calle Uruguay. Hasta allí llegaron Carla Hills (fue representante comercial de los Estados Unidos entre 1989-1993); Richard Murphy (fue subsecretario de Estado para Asuntos del Cercano Oriente y del Sur de Asia del Departamento de Estado de los Estados Unidos entre 1983 y 1989, además de embajador ante Siria, Mauritania, Filipinas y Arabia Saudita); Leslie Gelb (ex Subsecretario de Estado de los Estados Unidos para Asuntos Político-Militares entre 1977 y 1979); Luiz Felipe Lampreia (ex canciller de Brasil); Roberto Teixeira da Costa (vicepresidente del Centro Brasilero de Relaciones Internacionales); Miguel Ruíz Cabañas Izquierdo (Representante Permanente de México ante la OEA); Gabriel Valdés (fue canciller de Chile y Subsecretario General de las Naciones Unidas); Andrés Rozental (fue embajador para misiones especiales y enviado presidencial del presidente de México durante 2000 y 2001) y Bárbara McDougall (ex canciller de Canadá), entre otros.

La Argentina estuvo representada por el presidente del CARI y ex canciller Carlos Muñiz, por el ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, el ex ministro de Economía y embajador ante los Estados Unidos Roberto Alemann y el secretario general del CARI, Felipe de la Balze.

• Cuestiones

La agenda que se discutió durante esos días abordó tres cuestiones principales: la seguridad global y hemisférica, que incluyó una visión de la guerra de Irak desde la perspectiva americana; las negociaciones comerciales internacionales y un panorama macroeconómico global, también ligado al conflicto del Golfo.

La temática bélica ocupó el centro de las conversaciones, como era de esperar, sobre todo por la presencia de expertos en Medio Oriente como el norteamericano Murphy. Además de evaluaciones preliminares sobre la marcha del conflicto, hubo una discusión inspirada en algunos de los delegados latinoamericanos sobre la legitimidad de una guerra que se decidió sin la cobertura de las Naciones Unidas y con carácter preventivo. Hubo alguna tensión en este punto, aunque lo más atractivo se conociera en los intervalos entre sesión y sesión. Allí se comentó un documento elaborado por el Council on Foreign Relations intitulado «The Day After», sobre la política que pretenden encarar los Estados Unidos en Irak una vez terminada la guerra. Algunos datos de ese documento, editado durante la última semana por el think tank más gravitante de Washington en materia de relaciones exteriores: i) se destinarán u$s 20.000 millones a la reconstrucción del país; ii) esa reconstrucción supondrá un aumento en la producción de petróleo de Irak, con lo que se pretende también limitar la gravitación de Arabia Saudita como proveedora de ese insumo, preocupación central de un país como los Estados Unidos, que importa 75% del crudo que consume; iii) la administración del negocio estará en manos de un ente internacional del que participarán las principales compañías petroleras, decisión con la que se apunta a abreviar la brecha atlántica abierta por la disidencia entre Estados Unidos y algunos países líderes de Europa; iv) se piensa crear una policía local inspirada en el cuerpo de carabineros italianos que intervinieron en Afganistán; v) se establecerá en Irak una docena de economistas para el establecimiento de un banco central que estabilice la moneda.

Si se confrontan las observaciones escuchadas en este encuentro, sobre todo las formuladas por expertos norteamericanos, con -por ejemplo- las impresiones que está coleccionando Carlos Corach, de visita en el Departamento de Estado en estos días, se advierten varias coincidencias. En principio, la guerra será más larga de lo previsto y sólo un éxito inicial podría haber disimulado ese pronóstico. Además, la duración vendrá impuesta por el tiempo que tarde el régimen de Saddam Hussein para desmoronarse, ya que la estrategia de Washington sigue siendo apostar al quebranto interno y no a un ataque masivo y cruento. Todos coinciden que la reticencia turca complicó enormemente la operación inicial sobre Irak ya que las fuerzas de la coalición no pudieron utilizar armamento pesado y debieron limitar el ataque a una operación de paracaidistas.

• Identidad

Entre los especialistas reunidos en Buenos Aires se pudo conocer también la identidad de las figuras claves que manejarán la «Oficina de reconstrucción y asistencia humanitaria» que actuará en el Irak de posguerra. Al frente de ese instituto estará el general retirado Jay Garner, principal nexo entre el Pentágono y la oposición de refugiados kurdos a Saddam durante la guerra de 1991. Al lado de este militar estaría Barbara Bodine, jefa de misión en Kuwait durante 1990; otro miembro del staff de Garner será Michael Mobbs, un abogado, experto en negociaciones internacionales en materia nuclear. Tal vez el personaje principal del equipo sea Zalmay Khalilzad, que estará encargado de las relaciones con la oposición iraquí.

Una opinión bastante extendida entre los expertos es que, si el control del territorio de Irak resulta más dificultoso de lo que se pensaba en un comienzo, el establecimiento de un gobierno de posguerra tendrá inconvenientes importantes. Sobre todo por el desprestigio que tiene ante buena parte de la población del país la conducción de la oposición en el exilio, vilipendiada de manera sistemática por el régimen de Bagdad.

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