2 de enero 2002 - 00:00

Reutemann rechazó competir por presidencia en Asamblea

"¿Qué hacemos frente a la embestida de la provincia de Buenos Aires por los medios?" Para los gobernadores peronistas reunidos ayer en el hotel Conte (un reducto gastronómico legado a la UOM y que es un santuario de los delegados provinciales que se alojan allí en masa) para resolver qué harían ante la convocatoria a una Asamblea Legislativa, la instalación pública del nombre de Eduardo Duhalde como presidente, se debía solamente a una rápida e inteligente campaña de acción mediática. Ninguno admitía haber sido consultado por el hombre de Lomas de Zamora, para esas horas reunido en su casa con Carlos Ruckauf, blanco de las críticas más duras.

Debieron admitir que Duhalde se había movido en velocidad. Habló con el primer ministro de España, José María Aznar; con el presidente de Uruguay, Jorge Batlle, y con el embajador de EE.UU. en Buenos Aires, James Walsh. A todos transmitiéndoles tranquilidad. También con empresarios. Y en forma impensada, a través de secretos emisarios, con Carlos Menem, asegurando que no habrá revancha, ni venganza ni persecuciones. Y que el menemismo estará representado en el gabinete, aunque fuera en un área como la de Turismo y Deportes, que se cubrió en el interinato de Rodríguez Saá, con el porteño de buena imagen Daniel Scioli. Esta actitud de Duhalde terminó de desarmar las últimas reservas de quienes aparecían como los opositores a su proyecto. Y hasta la tozudamente menemista Martha Alarcia, de quien se dijo que estaba dispuesta «a bancar».

Ausentes

No estaban todos los convocados. Juan Carlos Romero (Salta) optó por quedarse fuera de Buenos Aires, conectado telefónicamente con sus pares del Frente Federal Solidario (FFS). Tampoco el misionero Carlos Rovira y la sanluiseña, relevo de Adolfo Rodríguez Saá, María Alicia Lemme. Ramón Puerta, coordinador del FFS también estuvo ausente, lo mismo que Carlos Díaz, reemplazante de Carlos Juárez en Santiago del Estero.

En cambio sorprendió la presencia de los gobernadores de dos provincias grandes, el santafesino Carlos Alberto Reutemann y el cordobés José Manuel de la Sota. Se sentaron junto a Eduardo Fellner (Jujuy), Rubén Marín (La Pampa), Gildo Insfrán (Formosa), Angel Maza (La Rioja), Carlos Manfredotti (Tierra del Fuego), Néstor Kirchner (Santa Cruz) y Julio Miranda (Tucumán). También Eduardo Bauzá (plenipotenciario de Carlos Menem): el vocero del ex presidente, Federico Azzarini, y el ministro de Gobierno de Tucumán, Enrique Castillo. El almuerzo en el Conte fue frugal, con bifes, pollo asado y ensaladas.

Kirchner
fue el primero en reclamar por elecciones en 60 días «porque eso es lo que se pactó cuando aprobamos designar a Rodríguez Saá». De la Sota pareció recular cuando, después de consultar con operadores bonaerenses sobre la posibilidad de bajar el proyecto Duhalde y recibir una negativa, hizo un cuestionamiento sobre «la soberbia de Buenos Aires». Para decir a continuación que « no vamos a poner palos en las ruedas si la decisión pasa por Duhalde», pareció resignarse. El repliegue fue total cuando dijeron que « hay que cortarla con el llamado a elecciones».

No faltó el exabrupto de quien afirmó: «Lo volteamos a Duhalde, ¿pero a quién proponemos?». A Ruckauf se le atribuyó haberle asegurado a Duhalde que «yo te saco las cacerolas y los bombos de la Plaza de Mayo si sos el candidato», en implícita y discutible alusión a haber sido el promotor de alguna de las algaradas ocurridas en los últimos quince días.

Fue cuando lo miraron a
Reutemann y le tiraron la posibilidad de ser él el candidato del grupo mayoritario de gobernadores. «Vos podés ser el candidato del consenso», se animó uno de ellos. Nueva consulta telefónica y renovada negación del duhaldismo de bajarse, aún ante la posibilidad del sabalero. « Sin el apoyo de todos, no soy el candidato» dijo el « Lole» con la cara de piedra que se le conoce. Y agregó tajante: « De lo contrario sería el candidato del disenso».

La reunión no terminaba de acomodar los tantos cuando se escuchó decir: «
Ojo con lo que decidimos, porque el peronismo no tendrá una tercera oportunidad», sentenció Fellner, que había mantenido una corta comunicación telefónica con Ruckauf. Y aprovecharon para subrayar los errores que no se debían reiterar. « Como la designación de un hombre como (Carlos) Grosso», devaluado ante la sociedad. Argumento que sirvió para referirse a figuras ajadas de la provincia de Buenos Aires, « para evitar el desgaste acelerado que sufrió Rodríguez Saá», que ahora perderá hasta la presidencia del CFI, por haber renunciado a la gobernación de San Luis, se comentó.

Condición

Las últimas reservas que se llevaron al Conte habían caído. Todavía hubo algún corcovo: «¿Por qué arregló primero con la oposición antes de hablar con nosotros?». No alcanzó para cuestionar más. Más allá de las divergencias que podían tener con Duhalde, « ante la gravedad de la crisis, debemos apoyar», dijo otro mientras la mayor parte asentía. « Con la condición de que los hombres que representen en el gobierno a las provincias deben cuidar que se respeten temas como el de la coparticipación». Parecían los últimos ademanes del intento de frenar la llegada de Duhalde a la Casa de Gobierno. «Espero que sea serio en lo que va a hacer», se encomendó otro mientras salían hacia el Congreso para entrevistarse con Duhalde y hacerle conocer el apoyo del peronismo del interior. Un cordobés se confesó con este diario y afirmó que «tendremos un presidente sin legitimidad popular, designado a dedo; pero vamos a acatar lo que ha dispuesto la mayoría».

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