23 de septiembre 2002 - 00:00

Rodríguez Saá a Santa Fe para desairar a Reutemann

«¿Para qué lo voy a ir a ver?: él es la última esperanza blanca y yo la última esperanza negra». El antagonismo lo planteó Adolfo Rodríguez Saá cuando le preguntaron si visitará a Carlos Reutemann cuando esta tarde recale en Santa Fe para cerrar una cumbre sindical organizada por Hugo Moyano.

Es obvio porque Reutemann sería un rival bravo si -como se esperanza el duhaldismo- el santafesino acepta ser candidato. Pero extraña que, al menos como gentileza, el «Adolfo» no pida un encuentro formal, descafeinado, con el jefe local.

«Reutemann es un hombre del establishment y yo no le tengo ni miedo ni respeto»
dijo el precandidato a su círculo íntimo, cuando le sugirieron pasar por Llambí Campbel, estancia que es reducto de peregrinación de más de un peronista.

De hecho no lo hizo semanas atrás cuando cerró un encuentro de mujeres adolfistas en Rosario donde despotricó contra Eduardo Duhalde y, por contagio, contra Reutemann.

Esa tarde, mujeres que fueron a escucharlo lo espetaron. «No queremos más discursos, queremos respuestas ya». A Rodríguez Saá se le borró la sonrisa y molesto respondió: «Si quieren respuestas ya vayan a verlo a Duhalde -hizo una pausa radial- y a Reutemann». La historiografía adolfista registra un estruendoso aplauso de apoyo a su líder.

Hoy, el sanluiseño cerrará en Santa Fe un mitín organizado por Moyano, donde se alistarán los gremios anudados a su proyecto: entre otros, el sindicato de vendedores ambulantes, de turf, de modelos publicitarios, quincheros, ladrilleros y de la industria del fósforo,

• Recreo

El candidato usará, para citas políticas como la de esta tarde, los pocos recreos programados que le deja «La Marcha de los Sueños» que arrancó la semana pasada en San Luis, Mendoza y San Juan y continuará desde el próximo miércoles en Jujuy, Salta y Tucumán.

En el primer circuito padeció algunos traspiés. A pesar de que Cuyo es tierra conocida,
no fue masiva la adhesión al precandidato -tuvo que soportar silbidos y desplantes- que recorre pueblos y ciudades parado en el estribo de un micro, ya bautizado «Adolfomóvil».

Tuvo que superar, incluso, dos disturbios: uno con piqueteros que cortaban una ruta y otro con policías mendocinos que generó casi un conflicto interjurisdiccional porque su custodia está formada por uniformados de San Luis.

El jueves a la mañana, en Mendoza, sobre la Ruta 15 -ex 40-, entre Ugarteche y Agrelo, el candidato se bajó del micro para retar a los efectivos al frente de la caravana. Furioso porque tuvo que cambiar algunos recorridos, les dijo.
«¿Quién guía: la Policía de Mendoza, ustedes (los organizadores), la Policía de San Luis? No pongan cara de boludos; díganme quién es el responsable»,

Y, sorprendido, preguntó:
«¿Qué le pasa a Mendoza? ¿Qué le pasa? Se volvió loca la Policía de Mendoza» porque, le contaban sus laderos, los efectivos mendocinos desviaban autos que querían acoplarse a la marcha del candidato.

El otro incidente ocurrió en Palmira, a 40 kilómetros de Mendoza capital, en el departamento de General San Martín, Cuando salió del pueblo se encontró con que un grupo de piqueteros cortaban la ruta. Aunque la policía le sugirió tomar un atajo,
Rodríguez Saá pidió hablar con los jefes del piquete y consiguió que, luego de un rato de charla y quizá alguna promesa futura, lo dejen retomar el camino.

Antes, en San Juan, con tono místico, había visitado el santuario de la Difunta Correa.

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