San Vicente: 5 razones del costo para Kirchner
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Más de 60 heridos, entre ellos un policía que está grave, fue el saldo de la batalla campal que enfrentó ayer a distintas facciones del sindicalismo peronista en San Vicente durante el traslado de los restos de Juan D. Perón.
La primera deficiencia de esa interpretación la aportó Kirchner cuando decidió concurrir al acto de San Vicente con tal de huir de otro error, el decidido apoyo a la candidatura de Carlos Rovira en su campaña misionera. Pernicioso también para Rovira, ese aval contaminó al gobierno nacional con una agenda pésima para transitar por los sectores medios de los grandes centros urbanos: la pretensión de una permanencia indefinida en el poder. Por huir de la reelección permanente y del enfrentamiento con el obispo Piña, el Presidente quedó asociado a la violencia de la quinta de Perón.
El segundo factor por el cual la Casa Rosada se contagió ayer con la barbarie suburbana es evidente: quienes organizaron el traslado del féretro son sus socios, los jerarcas actuales del movimiento obrero. ¿Cómo despegar a Kirchner de Hugo Moyano, a quien el oficialismo confía buena parte de su política de precios? ¿O el taxista Omar Viviani, mano derecha del camionero, no hizo un negocio hasta con la televisación del acto que encabezaría el Presidente? A tal punto llega el compromiso del gobierno con esos organizadores que el Presidente tuvo poder de veto sobre la lista de invitados, como publicó ayer este diario en su Tapa.
La tercera razón por la cual al gobierno le costará desentenderse del enorme costo político de las escenas de ayer tiene que ver con la falta de política de seguridad de la actual administración cuando se trata de manifestaciones callejeras. El temor de Kirchner a que la Policía reprima es más viejo que su presidencia. Ya en Santa Cruz prefería armar a presuntos «guardianes de la democracia» para enfrentar a los caceroleros antes de ver en el diario a un hombre de azul dando los mismos cachiporrazos sobre un manifestante. Este recelo se reitera ahora, agigantado por un motivo razonable: las fuerzas de seguridad fueron tan hostigadas desde el discurimpartido oficial que ahora Kirchner teme que provocar un muerto sea para ellas un objetivo y no un accidente. La prescindencia policial ayer, en San Vicente, fue la misma que se verificó en 2004 en la Legislatura porteña, en 2005 en los cortes de rutas de Entre Ríos y hace una semana en el Hospital Francés, donde se prefirió confiar el orden a los barras bravas de Chacarita y del PJ Capital.
Este último episodio agrega un cuarto motivo para que todo el espacio oficial quede ligado a la violencia. «La Tuta» Muhamad ahora es reemplazado por «Madonna» Quirós en la misma pantalla del televisor. ¿Cómo explicar a la audiencia que sólo el primero se sacaba fotos con Kirchner? Sin ir a un rasgo que el santacruceño debería revisar de inmediato: su carácter agresivo y la prepotencia de buena parte de su entorno son un imán para que la administración quede identificada con cualquier género de conflicto, aunque no sea propio en sentido estricto. Los gobiernos, aquí y en cualquier parte, terminan pagando -a veces sin justicia- por la atmósfera que crean.




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