Scioli mantiene candidatura porteña. Consejo de Duhalde
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Ayer, antes de renunciar, el subsecretario se comunicó con la dirigencia principal del menemismo para informar sobre su decisión. Allí no hubo demasiados comentarios sobre la decisión del secretario: «Se equivocó, va a perder» repitieron, palabras más o menos los principales interlocutores. Después Solé habló con Scioli, a quien le manifestó su disconformidad con el paso dado este fin de semana. El ex motonauta le explicó lo que dice por los diarios: «Creo que se abre un espacio renovador donde puedo aportar lo que yo sé, trabajo, trabajo y trabajo. Menem debería dar un paso al costado, como hizo Duhalde». Los argumentos no convencieron a Solé, si se tiene en cuenta que renunció igual.
Las relaciones de Scioli con el menemismo y con otros sectores de la comarca política quedaron resentidas desde el domingo, cuando se conoció su postulación. El propio Kirchner le hizo daño ayer, cuando confesó que la decisión de compartir la fórmula con el secretario de Turismo la había tomado «hace 80 o 90 días». Para Scioli fue un inconveniente esa revelación, que deja al descubierto que durante todo ese lapso estuvo por lo menos ocultando información (los más severos dicen «engañando») a quienes acordaron con él un esquema electoral en la Capital, entre los cuales se cuentan también menemistas.
• Escándalo
Nadie puede llamarse a asombro por la posición poco elegante en la que quedaron varios menemistas del distrito. Cuando Raquel Kismer de Olmos decidió acceder a un acuerdo con Miguel Angel Toma, sabía a la perfección que estaba rindiéndose a un esquema duhaldista tolerado -o promovido- también por Alberto Kohan. Si no tenía ese dato, lo tuvo cuando Antonio Cassia y Javier Mouriño armaron un escándalo reprochándole al propio Menem la condescendencia con el duhaldismo en el distrito metropolitano. Kismer de Olmos no renunció por eso a su candidatura, pero ayer se mostró escandalizada. Igual que los demás socios de Kirchner: desde Miguel Angel Toma y Cristian Ritondo hasta Diego Santilli y Alicia Pierini, formularle reproches a Scioli fue en las últimas 48 horas un principio de cohesión para gente que, en general, no consigue ponerse de acuerdo sobre si es de día o de noche. Hubo quienes, en cambio, se pusieron a disposición, como Víctor Santamaría, el hijo del jefe del sindicato de los porteros. «Hay reproches que yo los entiendo, son razonables. Pero no debe olvidarse que la pelea en la Capital es para el año que viene. Por ahora tenemos que festejar que el partido está normalizado y que puede tomar decisiones» le explicó Scioli a cada uno de sus interlocutores porteños.
• Más quejas
Otro caso es el de Kohan, a quien ayer volvían a referirse con malos términos quienes se quejan de una lógica mezquina del duhaldismo: la de asegurarse posiciones locales (el caso de Toma en Capital y de Felipe Solá en la provincia) antes de que se dirima una elección presidencial en la que los hombres de Menem se sienten vencedores.
La revelación de Kirchner, además de dejarlo mal parado a Scioli delante de sus socios porteños, produjo algún desagrado en Duhalde. El Presidente quedó gestionando la compañía de Roberto Lavagna para «Lupín» mientras el propio candidato ya tenía sellado un acuerdo gestionado por su lado. Como se ve, cada actor busca cubrir sus problemas de amor propio y orgullo herido y trata, en definitiva, de huir de la imagen de «Chirolita». Claro, en la tarea puede convertir en «Chirolita» a sus socios: así, Duhalde quedó siendo un instrumento ingenuo de Kirchner y el PJ porteño se convirtió en víctima de las intrigas de Scioli.




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