26 de noviembre 2007 - 00:00

Scioli pelea ahora por su línea de sucesión

A quince días de jurar, Daniel Scioli transita con paso fuerte los rigores de la jungla bonaerense. El reparto de los casilleros del Parlamento desató una sorda batalla donde está en juego, además de los jugosos presupuestos legislativos que superan los 290 millones por año, la línea de sucesión del gobernador.

El pulseo se desparrama por el menú de cargos por cubrir en el Senado y Diputados, que abarca autoridades de las cámaras y de los bloques y rebota en el manejo de las comisiones, pero toma otro color en la vicepresidencia primera de la Cámara alta, tercer escalón de la sucesión.

Por mandato de la Constitución, debajo de Scioli está el vicegobernador y presidente del Senado, Alberto Balestrini, y luego aparece el vice primero. En esa butaca, Scioli quiere a Roberto Felipe Ravale, pero el matancero ha confesado su reserva mientras la Casa Rosada patrocina a Carlos Mosse.

Para algunos puede que se trate de un detalle anecdótico. Pero ubicar soldados leales en la línea de sucesión ha sido, desde siempre, una obsesión de gobernador y presidentes: una pastilla para el buen dormir. Scioli no es la excepción. Tampoco, se nota, es un elemento menor para el vice electo ni para Néstor Kirchner.

Si no prospera la alternativa Ravale y se impone la opción Mosse, Scioli quedaría «secundado» por dos dirigentes que responden, sin matices ni intermediarios, al patagónico.

Si no se tratara de mañas y vicios de negociadores diestros, la urgencia de Scioli y de Kirchner por nominar al vice primero -un cargo en cierto punto irrelevante en tiempos de bonanza-podría leerse como un factor de sospechas mutuas, subterráneas, entre los compañeros de fórmula de 2003.

  • Sondeos

    Esta semana, luego de una serie de sondeos de estudio días pasados, las negociaciones por los honores de la Legislatura entrarán en zona caliente. Entre hoy y el jueves hay tantas cumbres, minicumbres y contracumbres de « rosca» programadas que tendrán demanda extra las empresas de catering.

    En nombre del gobernador, Alberto Pérez y José Scioli trajinaron despachos y cafés para palpar ánimos y aspiraciones de cada una de las bandas en que está parcelada la Legislatura. Salvo que Balestrini presidirá el Senado nada está, por ahora, resuelto.

    Hay, sin embargo, varios dibujos tentativos que circulan de mano en mano.

    Pululan, en tanto, un colectivo de postulados con pretensiones de protagonismo. Una guía para saber cómo y entre quiénes se ordenará el Parlamento de la primera temporada Scioli:

  • Una opción global es que mientras el matancero tenga la jefatura de la Cámara alta, la de Diputados la ocupe un delegado de Scioli. El nombre que suena, aunque los sciolistas evitan mencionarlo, es el de Martín Ferré, un joven de 31 años, colaborador de Scioli en el Senado Nacional, que diseñó los programas de políticas públicas para la gestión que comienza. Esta alternativa aparece, hoy por hoy, con amplias chances aunque todavía el gobernador electo no «blanqueó» formalmente su intención de que uno de sus hombres presida Diputados. Es probable que si lo hace pocos se animen a resistirlo, pero tampoco será una concesión gratuita.

  • Ese dibujo tiene una extensión que prevé para la fórmula el control de los principales cargos institucionales: el sciolista Ravale como vice del Senado y Angel Aisa, escudero de Balestrini, como vice de Diputados. De ese modo, el dúo electo se repartiría el manejo oficial de la Cámara y dejaríalos bloques para compensar la «lógica» particular de los acomodamientos del kirchnerismo. El vice electo ha planteado alguna duda sobre Ravale -aunque promociona a Ferré para Diputados-aunque esa resistencia se licuaría si Scioli, atento, colabora para que Aisa sea proclamado vice de Diputados. Un ruido para ese uno-dos, dos-uno es que los cuatro actores son de la Tercera Sección y, se sabe, los equilibrios territoriales son palabra santa entre los bonaerenses.

  • Por esa razón, surge como contraoferta que la vice del Senado la ocupe un dirigente del interior -traje que le sienta perfecto a Mosse que corre además con el auspicio de la Casa Rosada-mientras que en la vice de Diputados podría aterrizar un dirigente de la Primera: quizá Horacio González -actualmente sentado en esa oficina-, uno de los patrocinados por la liga de intendente que opera desde la FAM. No hay que descartar, tampoco, algún rol para Juan De Jesús o para algún platense -¿Raúl Pérez?- ni, mucho menos, para algún peronista como Julián Domínguez, por Juan Garivoto, quien rechaza la posible entronización de Martín Ferré como jefe de la Cámara baja.   

  • Del formato de las autoridades de cámara surgirá, en cascada, el dibujo de los bloques que tendrán como elemento poderoso la fusión entre el Frente para la Victoria y el PJ. Pero toda masividad -tendrán unos 60 en Diputados y alrededor de 30 en Senado- esconde segmentaciones. Las tribus son varias: el PJ ex duhaldista, una versión FpV que responde a los intendentes, otra que se alineó con Solá y Florencio Randazzo, el sciolismo que llega, un puñado breve que tributa a Alberto Fernández -quien consolida su pacto con Randazzo-, los piqueteros -que alguna vez amagaron con formar bloque aparte- y un mix de sueltos que en el pasado tuvieron como factor de unidad su oposición a Solá, donde confluyen anibalistas, alakistas en retirada y escoltas de Mosse.

  • Del equilibrio de esas variables deberán surgir los jefes de bloque: de un lado, ranquean Domínguez, Pérez, De Jesús -que se anota, por las dudas, para presidir la Comisión de Salud-, Daniel Gurzi y Hugo Bilbao. En Senado, para comandar la bancada, aparecen en gateras Mosse (si no queda como vice primero), Osvaldo Goicochea, Federico Scarabino y Jorge Pirozzolo. En octubre, este último encabezó la boleta del FpV de la Tercera Sección, puesto por Balestrini, quien ahora pretende ubicarlo como jefe del bloque de senadores. El matancero tiene su escudo argumental para «ir por todo» en la Legislatura: asegura que no «puso» nada en el Ejecutivo y da como ejemplo que el subsecretario de Obras Públicas, Oscar Bronzina, un hombre de su riñón, con funciones específicas en el sensible rubro del hormigón, no seguirá en su cargo cuando aterrice Cristina Alvarez Rodríguez en el Ministerio de Infraestructura.
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