29 de septiembre 2005 - 00:00

Se une toda la oposición y gana en el Congreso contra gobierno

El gobierno sufrió ayer una derrota nunca vista en Diputados cuando el duhaldismo aliado con la oposición consiguió aprobar un proyecto de suspensión de ejecuciones hipotecarias. No llegará, con seguridad, a sancionarse en el Senado -adonde Néstor Kirchner puede controlar un poco más las votaciones con sus gobernadores aliados-, pero es un peligroso antecedente para futuras sesiones. Ayer, el Ejecutivo soportó hasta la aprobación de un pedido de informes sobre cómo gasta el excedente de recaudación. Ante el panorama que mostró el Congreso, el gobierno deberá abstenerse de intentar votar leyes clave como el Presupuesto 2006 hasta el recambio electoral del 10 de diciembre. Se arriesgará, si no, a perder otra vez en manos del duhaldismo. Demuestra también el kirchnerismo en lo político falta de aptitud para controlar el Congreso.

Eduardo Camaño y Rodolfo Frigeri
Eduardo Camaño y Rodolfo Frigeri
El kirchnerismo sufrió ayer su mayor derrota en el Congreso desde que Néstor Kirchner asumió la Presidencia. El duhaldismo, aliado con radicales, aristas, socialistas y partidos de izquierda, consiguió ayer quórum en Diputados para votar un proyecto de suspensión de ejecuciones hipotecarias que, en la práctica, será por un año. Es el proyecto que el gobierno intentó frenar por todos los medios y que la oposición no pudo votar en las dos sesiones anteriores por falta de número. Ahora el Senado deberá decidir, pero allí el Ejecutivo tiene herramientas suficientes para frenarlo.

De todas formas, el triunfo político de la oposición en la votación de ayer indica que Kirchner y el gabinete deberán tener mucho cuidado cada vez que la Cámara de Diputados sesione ya que el oficialismo, hasta el recambio del 10 de diciembre, está condenado a perder las votaciones más complicadas.

Lo de ayer demuestra claramente que el gobierno hoy no controla la Cámara de Diputados y no puede arriesgarse a someter temas como el Presupuesto Nacional 2006, ni la prórroga de impuestos que vencen o la Emergencia Pública, hasta que el 10 de diciembre asuman los nuevos legisladores, si se confirma una victoria oficial. Y que, además, sigue sin existir un manejo eficaz de la mayoría oficialista en el bloque, cometiendo errores increíbles algunos miembros de la conducción, extraños en políticos profesionales. (Ver vinculada)

• Ruptura

La sesión de ayer fue, además, el paso más claro de ruptura de los 34 peronistas bonaerenses con el gobierno, al punto que anoche analizaban retirarse definitivamente de los cargos que aún tienen en la conducción de la bancada PJ.

El martes por la noche todo parecía indicar que kirchneristas y duhaldistas habían llegado a un acuerdo para votar dos proyectos en base a algunas ideas del Ejecutivo, para solucionar la situación tanto de los deudores en mora que tomaron hipotecas por afuera del sistema financiero como quienes lo hicieron en el Banco Hipotecario y enfrentan sentencias de remate.

El duhaldismo había trabajado sobre la base de dos borradores que tenían el visto de bueno del Ministerio de Economía: uno que establecía un proceso de mediación con el
Banco Nación como agente y otro que refinanciaba a deudores del BH y a su vez saneaba la cartera morosa de esa institución con la entrega de un bono a 10 años por esas deudas irrecuperables.

Los diputados kirchneristas, de hecho, festejaban esa noche el haber solucionado un problema político complicado: el duhaldismo, junto a la oposición, le había robado una bandera de campaña como es la defensa de los deudores en vías de ejecución, algo que el gobierno no podía convalidar apoyando la suspensión de ejecuciones. Volver a involucrarse en un mercado como el hipotecario que recién está dando algún indicio de recuperación no sólo era una pésima señal para los bancos -resistida por
Roberto Lavagna- sino también para los inversores y el FMI.

Ayer a la mañana todo parecía solucionado. Empezaban a llegar a la zona del Congreso los primeros manifestantes de asociaciones de deudores que esperaban la votación de los proyectos consensuados. Pero dos horas antes del inicio de la sesión,
los diputados kirchneristas comunicaron que no bajarían al recinto. El duhaldismo -que había negociado hasta la madrugada- reaccionó enardecido, como en el caso de Rodolfo Frigeri y Marina Cassese que habían introducido modificaciones para adecuar todos los proyectos en danza.

En ese punto aparecieron dos explicaciones.
«El Presidente no aceptó que todos los diarios hoy hablaran de un acuerdo duhaldismokirchnerismo para solucionar el problema y ordenó que se frenara el proyecto», decía la oposición.

Los diputados kirchneristas, más tarde, daban otra explicación:
«No pudimos terminar de acordar el texto definitivo. Pedimos que se retardara la sesión para seguir hablando, pero ellos no quisieron», decían, contradiciendo el ambiente de festejos que tenían la noche anterior.

• Pasión

Lo cierto es que la oposición completa bajó al recinto. Después de esperar 40 minutos con 128 diputados en las bancas -algunos salían y entraban y costaba que el marcador se quedara quieto- la santafesina María del Carmen Alarcón dio el número que faltaba para el quórum y Eduardo Camaño comenzó la sesión con la misma pasión que lo hacía cuando debía votar leyes clave para el Ejecutivo. La presión del gobierno y del kirchnerismo para frenar la votación era tal que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, llamó en varias ocasiones al celular de Alarcón para pedirle que no ingresara al recinto. No sólo llegó tarde, sino que luego la propia santafesina le contó la anécdota a sus compañeros.

Horas después,
Jorge Argüello, uno de los integrantes del cuarteto conductor kirchnerista explicaba amargamente: «Obviamente no compartimos el tema para el cual fue convocada la sesión; tenemos fuertes discrepancias, se votó un viejo remedio que no tiene implicancias positivas y vulnera la división de poderes».

«Fue un acto electoral de la oposición más el duhaldismo; es un error si piensan que con esto van a sumar votos», le agregaba el cordobés Carlos Caserio.

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