31 de octubre 2002 - 00:00

Senadores eluden puja del PJ

En el Senado, la tumultuosa interna del PJ pasó ayer bastante inadvertida y no impidió que se realizara la tradicional sesión de los miércoles. Si se votó un solo proyecto de ley, el de Salud Reproductiva (ver nota en pág. 20), en la deliberación express de la víspera, sería injusto achacárselo a los conflictos del oficialismo.

Fueron los radicales quienes pidieron en Labor Parlamentaria del mediodía que el plenario de la tarde terminara lo antes posible, de manera tal de poder conmemorar los 19 años de la consagración de Raúl Alfonsín como presidente, en el comité nacional de la calle Alsina, a 200 metros del Congreso.

Ni siquiera la presencia en el recinto de Hilda Chiche Duhalde, interesada en la sanción de la iniciativa de Juan Pablo Cafiero, provocó roces evidentes entre las bandas intestinas.

A Labor, los justicialistas enviaron una delegación similar a la que acostumbra negociar la agenda de las sesiones con los caciques de las demás bancadas, más el formoseño José Mayans. Participaron, además, el cordobés Juan Carlos Maqueda (presidente provisional), el romerista salteño Marcelo López Arias (vice del cuerpo) y José Luis Gioja (que viajó a Chile con Eduardo Duhalde).

Del cuarteto, dos responden a gobernadores que asistieron en persona al Congreso anti-Menem de Parque Norte el día anterior (Maqueda y Mayans a José Manuel de la Sota y Gildo Insfrán, respectivamente), mientras que López Arias apoya la fórmula del riojano y Juan Carlos Romero. Pero no hubo cortocircuitos ni desaires.

Es que, desde que se renovó por completo la Cámara alta, en diciembre, el bloque peronista se dividió en grupos casi de inmediato, en gran medida por influencia de los «nuevos» (el grueso) y el poderío de los «viejos», que habían conseguido la reelección (Gioja, Eduardo Menem, Angel Pardo y Carlos Verna). Al principio, pareció una guerra por el reparto de cargos y comisiones, en la que también pesaron el ahora desaparecido Frente Federal de las denominadas «provincias chicas» (Ramón Puerta, López Arias, etc.), enfrentado con el Grupo SanCor ( Oscar Lamberto y Maqueda) y los «sin techo» de provincias no administradas por el PJ, entre ellos, el sanjuanino Gioja, que se mantuvo al frente de la bancada. La situación se agravó a medida que avanzó la carrera presidencial o que se trataron leyes sensibles, pero el eje de la polémica eran los manejos de casa.

La fractura más evidente se produjo en julio, una vez que se derogó la Ley de Subversión Económica. El PJ del Senado no pudo disimular las fisuras y, sin número para aprobar esta iniciativa que reclamaba el Fondo Monetario Internacional, terminó sancionando una propuesta alternativa
-y hasta entonces testimonial-de los provinciales Ricardo Gómez Diez (Renovador-Salta) y Pablo Walter (Fuerza Republicana-Tucumán).

El episodio provocó la conformación de un heterogéneo «grupo de los 8» rebeldes, animado por los santacruceños Cristina Fernández de Kirchner y Nicolás Fernández; los entrerrianos Jorge Busti y Graciela Bar; el riojano Jorge Yoma; el chubutense Marcelo Guinle y los sanluiseños Liliana Negre de Alonso y Raúl Ochoa. Fernández de Kirchner llegó a mandar el avión de la provincia para traer un legislador que se oponía a la derogación con tal de boicotear la ley.

El alineamiento, sin proyección en la interna partidaria, cuestionaba los manejos de
Maqueda, Gioja y compañía, además de ciertas políticas duhaldistas que privilegiaban la relación con las autoridades del Senado, en detrimento de la mayoría.

En ese contexto, se inscribe parte del «show» por el supuesto pedido de coimas a banqueros que todavía agita la señora de
Kirchner en Asuntos Constitucionales contra el pampeano Verna, a quien se le adjudican lazos con el lobbysta Carlos Bercún. En este caso, hay que recordar que la delegada patagónica fue expulsada del bloque PJ en su anterior incursión en los '90, a instancias de los mandatos cumplidos Augusto Alasino y Ricardo Branda (íntimo de Verna y hoy director del Central).

Por supuesto, los que tenían candidatos propios a la presidencia -santacruceños y sanluiseños-alentaron siempre cualquier gesto diferenciador del Ejecutivo, aun cuando los intereses de aquellos también fueran contradictorios y ahora aparezcan claramente diferenciados por la distancia entre
Néstor Kirchner (hoy cercano a Duhalde en la pulseada partidaria) y Adolfo Rodríguez Saá (equidistante, pero involuntario aliado del menemismo en mate-ria de fecha de las internas partidarias).

El menemismo, también hay que anotarlo, nunca actuó como subloque en el cuerpo.
Eduardo Menem, de buena sintonía con Pardo, Ada Maza, Verna, Gioja y otros, mostró matices propios, pero no se lanzó tan abiertamente como los diputados de Anillaco contra proyectos del duhaldismo.

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