Sentirse con menos derechos
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Mauricio Macri
Le puede suceder hasta a Horacio Verbitsky que se opuso aunque él tiene una ventaja única sobre los demás discrepantes, como es en último recurso, ante una injusticia, de recurrir a una Corte Suprema que él ayudó a conformar con mayoría adicta al gobierno.
• Alineamiento<br><br>
Los jueces laboralistas en la Argentina son mayoritariamente antiempresas. En sorprendente cantidad fueron designados y ascendidos con anuencia o por pedido del sindicalismo. Además, son monitoreados permanentemente en sus decisiones por la CGT de Hugo Moyano. ¿Qué empresa, salvo empresarios declarados «neokirchneristas», tipo Enrique Pescarmona, tiene chance de sobrellevar un juicio laboral correcto si el juez o sala que disponga eso ahora, además del monitoreo de sentencias de Hugo Moyano, podrá llamar a la Casa de Gobierno y decir que tomen nota de tal o cual magistrado para un posible juicio político tipo Tomás Inda? ¿Qué estrado se atreverá a declarar alguna inocencia en el nuevo juzgamiento de más de 200 militares? ¿O condenar a un funcionario del gobierno como Luis D'Elía por haber tomado una comisaría?
Nadie dijo en el debate de Diputados algo muy importante: toda sentencia judicial -aunque sea justa la condena o sanción- contra alguien que manifestó no comulgar con el gobierno pasará a ser sospechoso en este nuevo contexto del Poder Judicial. Esto es devastador para la credibilidad en la Justicia.
La reforma del Consejo de la Magistratura ha puesto a los jueces frente a un ábaco judicial donde anotará el oficialismo, que puede frenar designaciones que no le agraden, parar juicios políticos o iniciarlos, sumando 3 votos a los 5 que ahora tendrá permanentemente. Algún juez podrá tener la audacia de sentenciar a favor de un opositor o en contra de Hugo Moyano, si cree que es justo, pero automáticamente le correrán una bolilla negra. Deberá compensar rápido con una o más blancas o correrá riesgo su estabilidad. Ya será peligroso votar la inconstitucionalidad de esta ley, que alguno se arriesgara a hacerlo, para morir su intento en una Corte Suprema que disimula independencia en temas chicos pero alinea su mayoría en los importantes para el kirchnerismo. El gobierno tiene formas para enjuiciar magistrados y juzgarlos después.
Un juez íntegro no se enriquece sino que puede vivir sólo con dignidad con los magros haberes que se pagan en el país por una magistratura. Suena utópico esperar que arriesguen siempre el bienestar suyo y de su familia, su trayectoria si es desplazado por juicio, su resguardo de vejez, cuando gozarán de prebendas quienes lo introdujeron ahora en el brete que si juzga siempre con equidad -aún a los que discrepan o a quienes no aceptan los designios oficialesel gobierno se moleste y lo deje en la calle, porque ya tiene más medios «legales» para hacerlo. Si hasta hace unos meses sorprendió hoy es risible aquella afirmación de la miembro de la Corte Suprema Dra. Carmen Argibay cuando aconsejó públicamente desde una revista que «los jueces argentinos tengan la audacia de ser independientes».
No es para no efectivizarla en hechos que el gobierno arriesgó tanto prestigio, interna e internacionalmente, sobre todo afuera en las organizaciones de derechos humanos. Tanto es así que esta sanción fue la más resistida en un Congreso habitualmente condescendiente en casi 3 años de gestión de Néstor Kirchner.
Fue comprensible la resistencia porque ésta fue la «madre de todas las batallas» para el gobierno. De ahora en más se podrá hegemonizar el país simplemente vigilando el comportamiento de los jueces sin arriesgar imagen.




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