Néstor Kirchner y Ricardo Lagos, usaron un comunicado ayer para descubrir que el espionaje realizado por miembros del ejército trasandino en el consulado argentino en Punta Arenas «contraviene normas institucionales» y que es «lamentable». Pidieron emplear sus esfuerzos en algo menos protocolar cuando el público se sigue preguntando si este incidente fue real o una novela que oculta otra cosa. El breve texto que fue distribuido a los medios por la presidencia de cada país para decir que «esta acción de personal militar chileno está reñida y contraviene normas institucionales, así como el espíritu y nivel de excelencia alcanzado en la relación bilateral de ambos países y pueblos en todos los ámbitos, particularmente en el área de Defensa».
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El documento menciona que «el alto nivel de las relaciones diplomáticas y de gobierno entre ambos países ha permitido, precisamente, dar a esta lamentable materia el tratamiento adecuado».
La torpeza de algún oficial del Ejército de Chile empañó la muy buena relación que han alcanzado la Argentina y Chile en los últimos 20 años. Que tuvo su punto más álgido en 1978 -hace 25 años atrás-, cuando el papa Juan Pablo II logró parar una guerra que ya se había lanzado desde Buenos Aires. El rechazo por parte de la Argentina de un arbitraje sobre la soberanía de tres islas -sobre las que tuvo que arbitrar el Vaticano a través del cardenal Antonio Samoré-, y que terminó en un plebiscito convocado por Raúl Alfonsín, en el que mayoritariamente los argentinos terminaron aceptando ese laudo arbitral. Con el presidente Patricio Aylwin, Alfonsín firma el Tratado de Paz y Amistad. Con su sucesor, Carlos Menem, se firman con Chile los tratados que terminan con los 24 conflictos de límites que se mantenían. El último de los cuales fue por los Hielos Continentales.
Sin embargo faltaba el acercamiento entre las Fuerzas Armadas, que aprovecharon por años y de ambos lados las hipótesis exacerbadas de conflictos para justificar enormes inversiones en armamento. Sin embargo, donde hubo que vencer mayores obstáculos fue en los ejércitos de ambos lados, donde año tras año se fueron postergando ejercitaciones conjuntas con las más diversas excusas. De ambos lados se han mantenido reservas.
• Lectura obligada
Un libro del ex general Augusto Pinochet, es lectura obligada en la Escuela Superior de Guerra de Chile y de la Argentina, y lleva por nombre «La Patagonia chilena». Los últimos episodios protagonizados por el general Roberto Bendini por su disertación en la Escuela de Guerra tampoco han ayudado. En la Patagonia es una bandera de alto contenido político la cuestión de la soberanía. Incluso rumores como el conflicto por haber una sola conexión aérea con las Islas Malvinas, partiendo precisamente de Punta Arenas, que la cancillería argentina desmintió ayer, han servido para alimentar ese nacionalismo patagónico que no es xenófobo.
El comunicado emitido ayer subraya que la voluntad de ambos gobernantes es de «continuar trabajando en la profundización de las relaciones entre los dos países que ha permitido una permanente coordinación en materias de interés regional y mundial, así como importantes logros y avances en todos los campos». El documento se dio a conocer 48 horas después de que el cónsul adjunto de la Argentina en Punta Arenas, José Andrés Basbus, sorprendió el domingo por la mañana a dos sujetos que habían forzado el ingreso al edificio y fotocopiado documentos confidenciales para llevárselos.
Claro que los esfuerzos de Basbus no bastaron, los intrusos igual lograron escapar, pero con extraña torpeza dejaron sobre un escritorio casi todo lo que pretendían llevarse: las fotocopias, una cámara con una filmación de la seguridad del consulado, un documento de identidad y un permiso de arma de fuego a nombre del ciudadano chileno Luis Alberto Robles Ricus, personal civil de inteligencia de Chile.
Mientras tanto, el ministro de Defensa, José Pampuro, afirmó que, no obstante la rápida decisión del gobierno chileno de desplazar del cargo a dos altos jefes militares por el episodio en el consulado argentino en Punta Arenas, «hay que conocer a fondo los motivos». ¿Dudas en el Estado Mayor de Pampuro? ¿Es excesivamente torpe para profesionales haber dejado señales tan evidentes? Pampuro negó que el gobierno haya resuelto enviar fuerzas adicionales a la zona sur del país fronteriza con Chile porque «la política argentina no varió y sigue con la misma voluntad de profundizar las relaciones con Chile».
El jefe de Gabinete de la Cancillería argentina, Eduardo Valdés, desestimó la posibilidad de que el incidente en el consulado argentino esté relacionado con el reclamo argentino de realizar vuelos a las Islas Malvinas, para que Punta Arenas no sea la única conexión con los kelpers.
Por su parte la canciller chilena, Soledad Alvear, brindó garantías de la relación bilateral con «países vecinos, como Bolivia o Perú», y aseguró que esas naciones «no deben sentirse preocupadas», por el episodio de espionaje verificado.
Legisladores del gobernante Partido Socialista de Chile pedirán una sesión especial de la Cámara de Diputados en Valparaíso, para analizar el episodio y solicitarle los antecedentes del caso a la ministra de Defensa de ese país, Michelle Bachelet.