2 de septiembre 2004 - 00:00

Solá cambia gabinete y endurece con Duhalde

Felipe Solá
Felipe Solá
Ni duhaldistas ni kirchneristas; ni unos, ni otros, encontraron todavía el atajo para infiltrarse -para luego actuar como caballos de Troya- en el gabinete de Felipe Solá que, desde mañana al mediodía, mostrará distintas variantes de nombres y estrategias.

Por el contrario, Solá definió un paquete de cambios que potencian el perfil felipista de su equipo y, como señal de autosuficiencia o rebeldía, mejora el rango de Florencio Randazzo, uno de los ministros que más confrontó con la cúpula duhaldista.

El retorno de Raúl Rivara a la provincia, en un rubro -Asuntos Agrarios- más afín a su currículum que Seguridad, y la rotación de Rafael Magnanini, de Gobierno a la Jefatura de Gabinete, son dos gestos que también apuntan en la misma dirección.

La ronda -que incluye el pase de Indalecio Oroquieta de Agrarios a la Autoridad del Agua- se completa con otra llegada amistosa: la del periodista Néstor Machiavelli a Prensa en reemplazo de Martín Cortés.

Cortés
es el único que, formalmente, deja el gobierno: los demás mudan de oficina y de categoría pero todos siguen como empleados de Solá.

Todo el movimiento en el gabinete se basa en la promocionada intención del gobernador de confeccionar un núcleo político propio, que se extienda más allá del PJ ortodoxo, y corone a Solá como su conductor. En algún punto, una transversalidad felipista.

• Tarea

En rigor, el paso de Randazzo de la Jefatura de Gabinete al Ministerio de Gobierno, tiene ese objetivo: que el hombre de Chivilcoy se dedique a convencer a intendentes y a legisladores de que el futuro del PJ de Buenos Aires está en La Plata, no en Lomas de Zamora.

Randazzo
es, en la zoológica categorización que se usa en los despachos oficiales, un «halcón» del felipismo que encabezó varios safaris contra el duhaldismo. El último: ante el Consejo del PJ pronosticó la ruptura del peronismo si no consultaban a Solá sobre la fecha de la interna partidaria.

El gobernador lo hizo debutar a
Randazzo en el rol de nexo con intendentes repartiendo fondos en Pehuajó.

Resultado: el cronograma no se modificó siquiera un segundo -la primaria será el 21 de noviembre próximo- y
Randazzo coleccionó varios magullones. Igual Solá, que consideró inoportuna la proclama bélica, como acostumbra pagar la fidelidad el viernes le tomará juramento como ministro de Gobierno.

Y no será todo.
Randazzo también se pondrá el traje de vocero oficial para cubrir lo que ministros como León Arslanian y Eduardo Di Rocco dicen en público -y los demás funcionarios incluso Solá, en privado- señalan como una falla en la comunicación oficial.

Esa hipótesis, para algunos demasiado ingenua, supone que si el gobierno bonaerense informara profusamente sobre las reuniones y planes de
Solá y Arslanian, el termómetro social sobre la inseguridad, y especialmente respecto de los secuestros, comenzará a enfriarse.

La premiación que ejecuta
Solá excede a Randazzo: también alcanza a Magnanini y a Rivara, dos viejos aliados del gobernador. Rivara hasta asumió, en la hora más difícil del gobernador, como ministro de Seguridad por expreso pedido de Solá, a quien conoce desde hace 25 años.

• Contribución

Magnanini también estuvo cerca de la inmolación. Se sentó sobre la caja política que más veneraba el duhaldismo: el Instituto de Loterías. En Gobierno ensayó una trama política. En el gabinete, le imputan poco ímpetu para «juntar -en términos políticos, claro- para el gobernador».

En teoría, con el secretario General de la Gobernación,
José María «Toco» González Fernández, como nexo, Randazzo y Magnanini deberán contribuir, cada cual desde su despacho, a cimentar el felipismo, colectando voluntades en el peronismo y atrayendo a transversales.

Menos urgente y desesperado, los cambios repiten la impronta que
Solá le imprimió apenas asumió cuando -tras un tironeo con el duhaldismo- nombró un gabinete poblado de fieles. Ahora, insiste con la misma ecuación.

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