Solá cambia gabinete y endurece con Duhalde
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Felipe Solá
Cortés es el único que, formalmente, deja el gobierno: los demás mudan de oficina y de categoría pero todos siguen como empleados de Solá.
En rigor, el paso de Randazzo de la Jefatura de Gabinete al Ministerio de Gobierno, tiene ese objetivo: que el hombre de Chivilcoy se dedique a convencer a intendentes y a legisladores de que el futuro del PJ de Buenos Aires está en La Plata, no en Lomas de Zamora.
Randazzo es, en la zoológica categorización que se usa en los despachos oficiales, un «halcón» del felipismo que encabezó varios safaris contra el duhaldismo. El último: ante el Consejo del PJ pronosticó la ruptura del peronismo si no consultaban a Solá sobre la fecha de la interna partidaria.
El gobernador lo hizo debutar a Randazzo en el rol de nexo con intendentes repartiendo fondos en Pehuajó.
Resultado: el cronograma no se modificó siquiera un segundo -la primaria será el 21 de noviembre próximo- y Randazzo coleccionó varios magullones. Igual Solá, que consideró inoportuna la proclama bélica, como acostumbra pagar la fidelidad el viernes le tomará juramento como ministro de Gobierno.
Y no será todo. Randazzo también se pondrá el traje de vocero oficial para cubrir lo que ministros como León Arslanian y Eduardo Di Rocco dicen en público -y los demás funcionarios incluso Solá, en privado- señalan como una falla en la comunicación oficial.
Esa hipótesis, para algunos demasiado ingenua, supone que si el gobierno bonaerense informara profusamente sobre las reuniones y planes de Solá y Arslanian, el termómetro social sobre la inseguridad, y especialmente respecto de los secuestros, comenzará a enfriarse.
La premiación que ejecuta Solá excede a Randazzo: también alcanza a Magnanini y a Rivara, dos viejos aliados del gobernador. Rivara hasta asumió, en la hora más difícil del gobernador, como ministro de Seguridad por expreso pedido de Solá, a quien conoce desde hace 25 años.
• Contribución
Magnanini también estuvo cerca de la inmolación. Se sentó sobre la caja política que más veneraba el duhaldismo: el Instituto de Loterías. En Gobierno ensayó una trama política. En el gabinete, le imputan poco ímpetu para «juntar -en términos políticos, claro- para el gobernador».
En teoría, con el secretario General de la Gobernación, José María «Toco» González Fernández, como nexo, Randazzo y Magnanini deberán contribuir, cada cual desde su despacho, a cimentar el felipismo, colectando voluntades en el peronismo y atrayendo a transversales.
Menos urgente y desesperado, los cambios repiten la impronta que Solá le imprimió apenas asumió cuando -tras un tironeo con el duhaldismo- nombró un gabinete poblado de fieles. Ahora, insiste con la misma ecuación.




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