19 de agosto 2003 - 00:00

Tumultuosa, desagradable y extensa visita de Chávez

Sin advertir la escasa voluntad del gobierno argentino por brindarle un escenario grande para sus extravagancias, Hugo Chávez hace hoy su jornada de visita oficial en el país, luego de tres días de encuentros con sectores políticos que buscan identificarse con él para hacer prensa local. Hoy el presidente venezolano verá a Néstor Kirchner en Casa de Gobierno, el mismo día en que los funcionarios estarán más atentos a la visita del subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de los Estados Unidos, Roger Noriega. Chávez firmará unos acuerdos que son de dudosa practicidad y por la tarde el Congreso le dará una recepción relámpago. Ayer, la Facultad de Derecho le negó el uso de la escalinata desde donde habló en mayo pasado Fidel Castro, quizá previendo las consecuencias de la creciente violencia que producen en Buenos Aires los actos chavistas. La custodia policial parece rebasada por activistas piqueteros que han asumido el control de la calle y filtran a su antojo el ingreso a actos y la circulación en lugares por donde anda Chávez. Ayer les pegaron a periodistas en un teatro porteño, como el domingo se habían adueñado del acceso a las instalaciones de "Canal 7".

Tumultuosa, desagradable y extensa visita de Chávez
Néstor Kirchner recibirá hoy en la Casa de Gobierno, a las 11.30, al presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, quien comenzará así su visita oficial a la Argentina, iniciada el sábado de manera informal aunque pública. El venezolano ya ha anticipado que la agenda se integrará con temas energéticos, del ALCA y de intercambio comercial entre Caracas y Buenos Aires. Por la tarde, lo recibirá en el Senado Daniel Scioli.

«Nuestra América tiene dos pilares: Fidel Castro y Hugo Chávez Frías»
, se escuchó por el sistema de audio, y las 400 personas reunidas en el desbordado anfiteatro del Centro Cultural del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC) estallaron en aplausos. El titular del ente cooperativo, Floreal Gorini, estaba presentando al invitado, Hugo Chávez. Sentado uno en una butaca y el otro parado, escuchaban emocionados dos connotados personajes: el banquero Carlos Heller y el comunista Patricio Echegaray, en medio de una gran mayoría de gente de arriba de 60 años.

Las palabras de presentación de Gorini estuvieran plagadas de pullas a EE.UU. y Gran Bretaña. Concluyendo la iniciación de la puesta en el escenario montado, afirmó con énfasis que «ante las exigencias del imperio de concretar el ALCA, acá Chávez nos propone algo mejor, el ALBA» (Alternativa Bolivariana para las Américas).

Sobre Corrientes al 1400, justo frente al Teatro Municipal General San Martín -donde está ubicado el Centro del IMFC-, la avenida estaba cortada por la presencia de unos 300 desocupados, incluyendo a sus mujeres e hijos pequeños. Que se habían venido desplazando desde Rivadavia entre Riobamba y Ayacucho, donde tiene su sede el Instituto, luego Callao y más tarde Corrientes. Felizmente ayer no había mucho tránsito por la Capital. En la puerta del Centro estaba el imponente Mercedes-Benz gris metalizado que condujo a Chávez, 5 combis grandes con letreros de Libre Tránsito de la Cancillería, y patrulleros y motos de la Policía Federal. Varios militares subalternos del Ejército de Venezuela de uniforme, boinas rojas y el escudo de su país acompañaban al mandatario venezolano. Además de la nube de guardaespaldas de civil interconectados entre sí, de pelo corto y trajeados, que lo rodean permanentemente.

•Vanguardia

Chávez, que amagó con hablar parado -»porque así puedo mover los brazos», dijo entre sonrisas-, terminó sentándose y presentando al embajador de su país en Buenos Aires, Freddy Balzán Morrell. «¿Que hace cuánto que estás acá?», se volvió a preguntar a su compatriota sobre su costado derecho. «Eso, una semana. El embajador Freddy, un periodista que después de ser cónsul en Brasilia le pedí que viniera a Buenos Aires con la misión de entrar en contacto con la Argentina profunda», señaló con una suave tonada venezolana.

Luego pasó directamente al meloneo de los que lo miraban con admiración desde la platea: «Ustedes resistieron el
bombardeo inclemente del neoliberalismo»,
les disparó. Y agregó mientras tomaba del brazo a Gorini: «Por eso ustedes son la vanguardia de la nueva Argentina», dijo, frase efectista que provocó otro espontáneo aplauso. Pero no fue éste el único auditorio adicto del presidente venezolano, en su virtual gira proselitista porteña. Chávez insistió en resaltar que el papel de los militares latinoamericanos es «no luchar contra el pueblo sino protegerlo», al hablar ayer al mediodía en la inauguración de la Cátedra Bolivariana en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Hebe de Bonafini, titular de una de las ramas de las Madres, frunció y se tomó la nariz como si sintiera mal olor.

El mandatario visitante fue recibido en esa sede, en la zona porteña de Congreso, por el mismo grupo de desharrapados que más tarde se trasladó al IMFC, identificados con las agrupaciones Quebracho, Venceremos, Barrios de Pie y MTD Aníbal Verón. Antes de su ingreso al auditorio, Chávez se reunió con el secretario de Derechos Humanos, el ex juez Eduardo Luis Duhalde, otrora socio en el estudio jurídico del asesinado durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, Luis Ortega Peña.

Ahí aprovechó para ratificar su apoyo a la gestión de
Néstor Kirchner y manifestar el interés de su gobierno por «establecer mecanismos de cooperación muy cercanos para un continente latinoamericano realmente unido». Y denostó al FMI al decir que era una institución «nefasta»; que había que cerrarlo.

Chávez cumple con una visita de cuatro días a la Argentina, pero la oficial comenzará recién hoy, cuando coloque una ofrenda floral en el monumento al General San Martín y luego, a las 11.30, se entreviste con
Kirchner. Respecto de ese encuentro, el mandatario venezolano anticipó que ambos gobiernos trabajan en una serie de documentos «para firmar una declaración de Buenos Aires, donde vamos a tratar temas del ALCA, la deuda externa, la cooperación energética, la cooperación agroalimentaria y el desarrollo industrial».

Afirmó que
«hoy se levanta de nuevo la Argentina. Así como sentimos que en Venezuela hay un proyecto nacionalista, aquí también lo hay», expresó en referencia a los primeros meses de gestión de Kirchner, convirtiéndose -locuaz como pocos-, en el primer traductor político extranjero del Presidente.

No obstante sus elogios a los militares latinoamericanos -de los cuáles él es parte-,
Chávez evitó referirse a la situación local generada en torno a la anulación de las leyes del perdón y el procesamiento de dirigentes de Montoneros, al señalar tajante que «este tema le corresponde a la soberanía argentina».

Concluyó afirmando que
«soy un militar antigorilista que está a favor de los derechos humanos, el respeto a la vida, la libertad. Y como soldado de este continente levanto la bandera bolivariana de que los soldados debemos existir siempre para defender los intereses de los pueblos y no atropellarlos en defensa de oligarquías», enfatizó el presidente venezolano.

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