4 de enero 2006 - 00:00

UCR: Iglesias amenaza con despedir a los pro Kirchner

Roberto Iglesias y Gerardo Zamora
Roberto Iglesias y Gerardo Zamora
Todavía nadie lo dirá en voz alta. Pero en la UCR florece una amenaza dirigida a los caciques radicales que se arriman, formal o informalmente, al gobierno: aplicar el «paradigma Colazo», gobernador fueguino que fue expulsado del partido por promover la reelección de Néstor Kirchner.

Es, claro, una alternativa de última instancia; un recurso terminal.

Pero frente a los vaivenes de un puñado de dirigentes que vindican a Kirchner y, en paralelo, militan en la UCR, el ala radical que se propone como oposición al gobierno empezó a discutir esa opción.

El caso Colazo, de todos modos, tuvo sus peculiaridades: el fueguino, destituido de su cargo en noviembre pasado, había roto todos los puentes con el partido y a los gritos se había manifestado -publicó una solicitada, inclusoa favor de un nuevo mandato de Kirchner.

No se avizoran, en el horizontecercano, movimientos similares. De todos modos, más de un dirigente radical -el diputado Ricardo Colombi e intendentes bonaerenses como Mario Meoni de Junín, por ejemplo- ha planteado la posibilidad de pactar con el Presidente. Ese debate viene atormentando a la UCR desde hace meses: se agudizó cuando en tres provincias sellaron alianzas electorales con el PJ -Corrientes, Catamarca y Santiago del Estero- y eclosionó en la pulseada de diciembre, cuando se definió la nueva conducción partidaria.

La solución, emparchada, fue contener a todos: el mendocino Roberto Iglesias, un crítico mordaz del gobierno, fue designado como jefe del Comité Nacional.

En el segundo escalón de esa comandancia se instaló otra voz anti-K:
Margarita Stolbizer, que venía de forcejear con Raúl Alfonsín en Buenos Aires y de la mano de antiguos rivales del caudillo de Chascomús, trepó hasta la secretaría general.

•Convivencia

Por lo tanto, en los hechos el partido está «copado» por el sector que pretende defender la autonomía de la UCR, cuestiona al Presidente y reniega de los gobernadores e intendentes que por «temor o conveniencia» buscan un lugar bajo el sol de Olivos.

Así y todo, en la mesa de conducción fueron incluidos delegados de todas las vertientes: los opositores, los moderados y los acuerdistas. Esa convivencia, tal como se perfila 2006, tiene fecha de caducidad.

Por eso, en la UCR advierten que los devaneos no pueden ser eternos.
«No se puede estar con un pie en cada lado», dicen apuntando a aquellos que participan del armado radical pero, al mismo tiempo, sintonizan con la Casa Rosada y coquetean con sumar a un espacio kirchnerista.

En tanto, sin perder tiempo, desde Olivos agitan un llamador que hipnotiza a más de un radical:
la posibilidad de que, en 2007, en la fórmula del FpV haya un dirigente de la UCR. Forma parte, patalean los radicales, de la «tendencia hegemónica» del patagónico.

No sería un movimiento inédito:en julio pasado, el propio Kirchner le ofreció al intendente de Mar del Plata,
Daniel Katz, ser el segundo en la boleta que llevó a Cristina Fernández como candidata a senadora por Buenos Aires. El radical desechó la oferta.

Por lo pronto,
Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Eduardo Brizuela del Moral (Catamarca) y Arturo Colombi (Corrientes) tuvieron acercamientos al gobierno cuando en sus provincias compartieron espacioselectorales con el peronismoreferenciado con Kirchner. Hasta ahí los asistió un argumento: aquellas alianzas eran un mecanismo válido y aceptado para combatir los caudillismos de Carlos Juárez en Santiago, los Saadi en Catamarca y los Romero Feris en Corrientes. Esos fantasmas, a simple vista, parece que ya no existen.

•Arma

Por eso, si no definen su lado del ring, tarde o temprano se aplicará el «paradigma Colazo». En rigor, la Ley de Partidos Políticos y la carta orgánica radical es precisa al respecto, aportan: si un dirigente se alinea con otro sector, deja de pertenecer a su partido de origen.

Es un arma a la que, legalmente, podría acudir la jefatura radical como lo hizo, a mediados de 2004,
con Colazo que -casualidad o no- sin el respaldo de la UCR quedó con un solo legislador propio en el Parlamento de Tierra del Fuego y fue expulsado de su cargo.

Por lo pronto, está programada para el 9 de febrero una reunión del Comité Federal de la UCR, cita a la que están invitados los presidentes partidarios de todas las provincias, los gobernadores, los jefes legislativos y, naturalmente, la conducción nacional.

Allí, siquiera tibiamente, se retomará
el debate sobre el perfil que deberá tener el radicalismo. No es prematuro: si, como se evalúa en sectores del gobierno, las elecciones presidenciales se adelantan para marzo de 2007, la campaña presidencial estará a la vuelta de la esquina.

Y, ante eso, explican en la UCR, el partido necesitará saber cuanto antes
a quiénes puede computar como parte de su propio ejército y a quiénes, más allá de la militancia común, tendrán que anotar como soldados de las tropas enemigas.

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